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La Cruzada nos trae a Liborio

El próximo 7 de febrero en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes a las siete de la noche tendremos la posibilidad de conocer Las crónicas de Liborio de la mano de La Cruzada, una banda que, al decir de su líder, Gustavo González, ha mantenido la intención de acercarse desde el punto de vista sonoro a lo que escuchan los jóvenes, defendiendo un discurso respetuoso, abierto y enalteciendo valores humanos. «No somos solo comunicadores que usan la música como un pretexto, sino que tenemos necesidades estéticas y pretendemos conquistar a los públicos».

Hagan sus apuestas, Más de mí, Pedazo de cielo y El velorio de la bobería son discos que le anteceden, y este work in progress, en el que el mítico personaje popular cubano Liborio asume el protagonismo simbólico, propiciará una nueva mirada a la banda que, afortunadamente, ha vivido experiencias enriquecedoras y emocionantes en los últimos tiempos. 

«La pandemia nos obligó a repensarnos, y pensaba yo entonces que nunca más sería igual, por eso nos enfocamos en internacionalizar la banda. Dicho así, parece una cosa loca, porque el contexto era económicamente cada vez más adverso en esa época y carecemos de amigos empresarios en otras latitudes, así que lo primero fue conectarnos con una convocatoria en internet de la que alguien me habló sin muchos detalles», cuenta Gustavo.

Confiesa que fue un proceso agotador, terrible, porque se requerían muchas cosas que no poseían, pero clasificaron como parte de los 162 elegidos de más de mil que se presentaron.

«No era un festival, era un mercado de la música en la ciudad colombiana de Medellín, que nosotros ni idea teníamos de cómo se desarrollaba y es algo para lo que los músicos y los artistas en general debemos prepararnos.  Es un tipo de evento donde presentas tu propuesta, te lo tienes que pagar absolutamente todo sale si algo bueno, perfecto, y si no, pues te arriesgaste.

«Eran muchas mesas con diferentes empresarios y programadores de festivales de diferentes países del mundo y solo tenías 15 minutos en cada una para «vender» tu producto, y tres minutos de cambio entre una y otra mesa. De las 22 citas que tuvimos, al menos una deseábamos que se concretara, y fue asistir como banda invitada al Festival Folclórico Colombiano. Fuimos y, además, estuvimos en la Ciudad Creativa de la Música Ibagué, en otro festival, y en otro evento en Bogotá».

Al mismo tiempo, acá en Cuba, trabajaron por diversificar las propuestas de La Cruzada, para presentarse en distintos formatos, y ofrecer su música con la misma calidad, aunque con menos personas en algunos casos. 

«A veces los artistas solo hablan de lo bueno que les sucede, pero prefiero decir las cosas tal cual son. Ese fue un viaje de muchísimos sacrificios donde logramos tocar puertas de numerosas personas. No olvidemos que en Cuba podíamos haber participado en varios festivales y programas televisivos, pero en ese contexto nadie sabía quiénes éramos ni cuál era nuestro discurso musical. 

«Florecieron varios proyectos de colaboración en Colombia y a ese país hemos regresado para participar en otros eventos. De hecho, esa nación nos permitió conocer a una persona súperespecial, quien nos ofreció la dicha inmensa de tocar en el gran escenario de El Zócalo, en Ciudad México, durante La verbena navideña. Fue muy emocionante, algo impensable para nosotros».

—Háblame de Liborio y sus historias…

—Liborio y sus crónicas eso es lo que presentaremos. Deseábamos, mi esposa y manager de la banda, la musicóloga Nerys González Bello, que este álbum narrara la realidad de los últimos cinco años, que cuando pudiéramos volver el rostro hacia atrás, encontráramos que en las canciones de La Cruzada también estaba narrada la historia del cubano común, el de a pie, y recordé el nombre de ese personaje que mis padres y abuelos siempre mencionaban y que tal vez los más jóvenes no hayan oído nombrar.

«Las crónicas de Liborio no son más que tus historias, las mías, la de nuestros amigos… Es el primer disco donde pongo la banda al servicio de contar historias de la gente que me rodea y no solamente las que yo quiero contar. El gran reto fue tratar de separar mi voz personal de esa voz de Liborio dentro del disco y que la gente lo pueda identificar.

«Es, definitivamente, el disco que dice lo que la gente piensa. Son 12 canciones de las cuales cuatro son del disco anterior con nuevos arreglos. En el concierto no interpretaremos las que grabamos con invitados foráneos, mejor esperaremos que puedan acompañarnos en una próxima presentación. Pero la intención es ir generando comunidad, presentar a Liborio, ver las reacciones de la gente ante sus crónicas, que pueden ser las de cualquiera en cualquier parte del mundo.

«Musicalmente es el disco donde logramos condensar toda esta experiencia que hemos tenido en el periplo internacional. Hay sonoridades que hemos absorbido de los lugares por los que hemos andado. Además, tenemos invitados internacionales como Jacobo Vélez, líder de La Mambanegra, una agrupación muy importante en el contexto colombiano. Tenemos también a un coterráneo suyo, el rapero Alexis Play, quien desarrolla un interesante trabajo desde la música urbana, pero con la conexión de la identidad nacional y la sonoridad de la música del Pacífico.

«Grabamos también con Esteban Copete, que es nieto de Petronio Álvarez, cuyo nombre denomina a un festival musical importante en esa zona del mundo, y usamos la marimba de chonta, un instrumento revelador para nosotros».

—Después del concierto….

—Tendremos una pausa musical, digámoslo así, porque necesito terminar mi maestría en Gestión del Patrimonio Histórico Documental de la Música con el equipo del gabinete Esteban Salas, dirigido por Miriam Escudero. Luego, posiblemente volvamos a Colombia y a México, y continuaremos trabajando con Liborio, y en otros proyectos musicales después.

—Consejos para los que vienen...

—¿Consejos? Número uno: intentarlo todo hasta el cansancio. Número dos: estar listo siempre para cualquier oportunidad que se presente. Porque nadie va a venir a tocar tu puerta, tú mismo tienes que hacerlo y cuando te digan «batea» tienes que hacer un jonrón.

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