Cuando el móvil «desaparece» para que aparezca la concentración
En miles de hogares se repite la misma escena cada tarde: libros abiertos, deberes a medias… y un móvil que vibra, se ilumina y reclama atención constante. ¿La buena noticia? La tecnología que distrae también puede ayudar a poner límites sin gritos ni castigos. Bien usadas, las funciones de concentración y control parental permiten que el móvil «desaparezca» durante el estudio y, con el tiempo, enseñan a los menores a autorregularse. Para niños y adolescentes, el móvil no es un simple aparato: es su espacio social, su entretenimiento y su forma de desconectar. Por eso, cuando un adulto lo retira de golpe, no sienten que les ayuden a concentrarse, sino que les están quitando una parte de su mundo. Sin embargo, los expertos en educación digital coinciden en una idea clave: no se trata de prohibir, sino de diseñar el entorno para que estudiar sea más fácil que distraerse. Ahí entran en juego dos herramientas que ya están integradas en la mayoría de los dispositivos . Los llamados Focus (en iPhone) o Modos de concentración (en Android) permiten crear un perfil específico para las horas de estudio. Durante ese tiempo se silencian notificaciones, se ocultan avisos de redes sociales y juegos, solo pueden entrar llamadas o mensajes importantes y se permiten únicamente apps elegidas (diccionario, calculadora, plataforma educativa, música tranquila) El cambio es enorme: el móvil deja de «llamar» constantemente la atención. No vibra, no se enciende, no interrumpe cada cinco minutos. Muchos adolescentes reconocen que, cuando el bombardeo de notificaciones desaparece, concentrarse resulta mucho menos difícil de lo que imaginaban. Las funciones de control parental —Tiempo de uso en iPhone y Family Link en Android— permiten ir un paso más allá. Con ellas se pueden fijar franjas horarias en las que determinadas aplicaciones no funcionan , aunque el menor quiera abrirlas. Hay otro factor igual de importante que los ajustes digitales: el lugar físico del móvil. Diversos estudios sobre atención muestran que, incluso en silencio, tener el teléfono encima de la mesa reduce la concentración. Por eso, una medida sencilla y muy eficaz es dejarlo en una estantería, en la entrada de casa o en otra habitación durante los bloques de estudio. No se trata de esconderlo, sino de sacarlo del campo visual. Para muchos menores, la idea de «dos horas sin móvil» resulta inasumible . En cambio, trabajar por periodos cortos cambia la percepción. El método Pomodoro —25 minutos de estudio seguidos de 5 de descanso— encaja muy bien con estas herramientas. Durante el bloque de trabajo, el modo concentración está activo. En los descansos, pueden consultar el móvil brevemente. Así, el teléfono no desaparece del todo, pero deja de fragmentar la atención cada pocos minutos.