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Gilberto Aranda y relación de EE.UU. con América Latina: “Hay un retorno a una lógica claramente intervencionista”

“Esta reunión fue gestionada por el entorno del presidente Gustavo Petro y muestra un giro hacia una moderación retórica. Dos personalidades ubicadas en puntos políticos muy distantes lograron mínimos comunes, aunque probablemente con concesiones de parte de Colombia”, explicó el académico del Instituto de Estudios Internacionales, Gilberto Aranda, a propósito de la reunión que sostuvieron esta semana los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Colombia, Gustavo Petro.

En conversación con la primera edición de Radioanálisis, el analista internacional sostuvo que “el encuentro refleja una moderación estratégica impulsada desde Bogotá, pero también confirma una nueva etapa de la política estadounidense hacia la región”.

A juicio del académico, uno de los ejes centrales del acercamiento estaría en los acuerdos vinculados a la lucha contra el narcotráfico, lo que, según advirtió, podría tensionar aún más la ya debilitada política de “Paz Total” impulsada por el mandatario colombiano frente a las guerrillas aún activas en el país.

Aranda sostuvo que, desde comienzos de enero, Estados Unidos ha explicitado una doctrina de seguridad que puede leerse sin ambigüedades como intervencionista. “Los documentos del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa hablan de la recuperación del ‘hemisferio occidental’, una narrativa que va desde Alaska hasta Tierra del Fuego y que supone una mirada de control estratégico del territorio”, señaló.

El presidente colombiano Gustavo Petro y el mandatario estadounidense Donald Trump en la Casa Blanca. Foto: Presidencia (Colombia).

En ese marco, el académico subrayó que Washington ha demostrado capacidad de actuar con rapidez y contundencia, pero también flexibilidad táctica. “Estados Unidos puede trabajar con sectores ideológicamente adversos si resultan funcionales a su estrategia. Lo vemos en Colombia, pero también en Venezuela”, afirmó.

Respecto del escenario venezolano, Aranda describió un complejo ejercicio de equilibrio por parte del Chavismo. “El gobierno necesita satisfacer a sus bases internas, especialmente a los sectores más radicales, pero al mismo tiempo responder a las exigencias de Estados Unidos. En materia petrolera, es evidente que Washington está al mando”, sostuvo.

En esa línea, mencionó que decisiones como la nueva legislación en hidrocarburos o anuncios de amnistía se alinean con demandas estadounidenses, mientras el Ejecutivo venezolano intenta preservar una narrativa de soberanía. A ello se suma, dijo, la detención de Alex Saab, que interpretó como una señal de reacomodo interno entre sectores chavistas no maduristas y un gesto relevante en el diálogo con Estados Unidos.

Consultado por las diferencias entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado, Aranda identificó matices relevantes entre Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio. “Rubio mantiene una postura más dura en lo político, especialmente en relación con Venezuela y Cuba, mientras que la presidencia parece priorizar el plano económico, particularmente el petróleo”, explicó.

El presidente colombiano Gustavo Petro y el mandatario estadounidense Donald Trump en la Casa Blanca. Foto: Presidencia (Colombia).

En ese contexto, situó también el rol de María Corina Machado, cuyas declaraciones, a su juicio, dialogan más con la visión de Rubio que con la de Trump. “El plan parece apuntar a una estabilización, luego una reconstrucción y finalmente una transición, pero no es algo inmediato”, precisó.

Aranda también abordó el rol de Cuba, señalando que Estados Unidos ha optado por una estrategia de asfixia económica para provocar movimientos internos, pese al alto costo social que ello implica. “Cuba sigue siendo estratégica, no por sus recursos, sino por su posición geopolítica y su carga simbólica histórica”, afirmó.

En cuanto a México y Brasil, el académico los definió como potencias medias obligadas a maniobrar con cautela. México, condicionado por su vecindad con Estados Unidos y su dependencia comercial, y Brasil, con mayor margen de autonomía, pero tensionado por la crisis venezolana y su rol en los BRICS.

Finalmente, Aranda advirtió sobre el impacto global de la expiración del tratado Nuevo START, que regulaba la proliferación de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia. “Este era el último marco vinculante que quedaba. Su desaparición nos empuja a un escenario de mayor incertidumbre y a una posible bipolarización armada sin contenciones claras”, alertó.

“Estamos entrando a un mundo aún más incierto, con menos reglas y más riesgos”, concluyó.

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