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Farmacias: el nuevo frente de la salud en América Latina

El sector farmacéutico en América Latina atraviesa una transformación silenciosa, empujada por cambios demográficos, presión sobre los costos y nuevas expectativas de los consumidores. Un análisis de McKinsey plantea que las farmacias podrían ocupar un rol más amplio en la atención primaria. El desafío es convertir cercanía en valor sostenible.
Por qué importa. Las farmacias dejaron de ser solo puntos de venta de medicamentos y empiezan a perfilarse como nodos de atención de baja complejidad. En una región con sistemas de salud fragmentados y costos elevados, su evolución tiene implicaciones directas sobre acceso, precios y libertad de elección del paciente.
  • McKinsey advierte que América Latina enfrenta costos de atención médica más altos que otras regiones, limitando el acceso. En ese contexto, la capilaridad de las farmacias ofrece una ventaja frente a modelos hospitalarios más rígidos.
  • Según la encuesta regional de McKinsey, 62% de consumidores postergó atención médica por barreras de acceso, costos o desinformación. La cercanía física y operativa de las farmacias reduce fricción y tiempos de espera.
  • Para el socio de McKinsey, Juan Pérez, Partner Healthcare, el potencial está en “servicios simples, escalables y confiables”, sin sustituir al sistema formal, pero complementándolo con eficiencia y foco en el paciente.
Datos clave. La transformación del sector no es teórica: está respaldada por cambios medibles en hábitos de consumo, sensibilidad al precio y adopción digital. Guatemala aparece como un caso ilustrativo dentro de la región, con patrones claros de conveniencia y preferencia por genéricos.
  • El 79% de guatemaltecos elige su farmacia por cercanía y el 63% la tiene a menos de diez minutos. La ubicación sigue siendo el principal factor de lealtad, incluso por encima de marca o promociones.
  • La digitalización avanza: 25% de consumidores regionales compra medicamentos en línea con frecuencia. Estos canales permiten datos, personalización y programas de adherencia que antes no existían en el sector.
  • La sensibilidad al precio es estructural. Cerca del 40% cambió de farmacia en cinco años por costos. En Guatemala, 76% gasta más de Q80 por compra y prioriza medicamentos genéricos.
Punto de fricción. La oportunidad no está exenta de tensiones. Expandir servicios implica inversión, regulación, talento clínico y gestión de riesgos. El reto es crecer sin replicar ineficiencias del sistema público ni caer en esquemas sobrerregulados que limiten la innovación.
  • El 40% de consumidores que no obtuvo su medicamento señaló quiebres de stock. Algunas cadenas ya usan inteligencia artificial para prever demanda y optimizar inventarios críticos en tiempo real.
  • Pacientes crónicos son los más sensibles a variaciones de precios. McKinsey sugiere modelos de paquetes, educación y precios combinados para sostener lealtad sin sacrificar márgenes.
  • “La confianza se construye con calidad clínica y transparencia”, señala María López, Directora de Operaciones Farmacéuticas, al advertir que servicios mal diseñados pueden erosionar reputación y valor.
Lo que sigue. El siguiente paso apunta a modelos híbridos: servicios clínicos básicos, suscripciones preventivas y alianzas con actores tecnológicos. El éxito dependerá menos del tamaño y más de la ejecución disciplinada, con foco en el consumidor y eficiencia operativa.
  • Más de la mitad de los encuestados quiere servicios adicionales y pagaría membresías. En Guatemala, 36% aceptaría cuotas mensuales superiores a Q115 por planes preventivos integrados.
  • Áreas como nutrición, salud mental o diagnósticos dermatológicos siguen desatendidas. Las farmacias pueden cubrir estos vacíos mediante alianzas, licencias o desarrollo interno gradual.
  • McKinsey plantea cinco preguntas estratégicas, entre ellas si las farmacias están listas para un ecosistema digital de salud, más allá del comercio electrónico y con cadenas de suministro resilientes.

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