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Puerto Rico, los otros sabores de la Isla del encanto: su gastronomía y mixología

Puerto Rico no sólo es sinónimo de playas turquesa, ritmo y color, la isla ha vivido en los últimos años una transformación que la convirtieron en uno de los destinos gastronómicos más vibrantes del Caribe, una meca culinaria donde conviven la herencia taína, africana y española con la creatividad de una nueva generación de chefs y mixólogos que reinterpretan su identidad desde la cocina y la barra. Hoy, San Juan y sus alrededores se han convertido en un punto de encuentro para viajeros en busca de sabor, historia y experiencias auténticas.La escena gastronómica puertorriqueña ha alcanzado un nuevo esplendor, sin perder la esencia. En la capital, restaurantes como el legendario Choco Bar, en el corazón del Viejo San Juan, sigue siendo referente y la opción perfecta para comenzar el día: un espacio que combina ingredientes locales (como el Chocolate Cortés) que han trascendido fronteras y que siempre harán sentir como en casa al visitante, con deliciosas opciones y un servicio amable en un edificio histórico que hace homenaje a su historia y su legado.Otro nombre que se ha vuelto referencia en la Isla del encanto es Maro, un restaurante de comida fusión que sorprende por su audacia. Allí, el chef Mario Pagán propone una experiencia de degustación que rinde homenaje a los productos de la isla —del plátano a la yuca, del pescado fresco al cerdo criollo— reinterpretados con un toque de alta cocina y una presentación impecable. Maro representa esa nueva ola gastronómica puertorriqueña que celebra su tierra sin temor a reinventarla.Comer y dormir en el Viejo San JuanPuerto Rico no sólo se degusta en los restaurantes de gran renombre. Las calles del Viejo San Juan son un festín sensorial, con sus balcones coloridos, música callejera y aroma a café recién molido. En cada esquina se asoma una pequeña joya: bares acogedores, panaderías artesanales y cafeterías que cuentan historias a través de cada platillo. Birras & Empanadas, por ejemplo, es un lugar donde los locales se mezclan con los visitantes para compartir cervezas artesanales y bocados inspirados en la cocina latinoamericana. Muy cerca, Café El Bosque se ha convertido en un punto obligado para desayunar, almorzar un cerdo con arroz mamposteao —un preferido del local— o simplemente tomar un café puertorriqueño de altura, mientras se observa el ir y venir de las calles empedradas. Juanes es otro lugar consentido, ideal para pasar la tarde, mientras degustas un plato del típico mofongo (plátanos verdes machacados y fritos) acompañado de una refrescante piña colada.En el Viejo San Juan, además, están algunas de las opciones de hospedaje con más encanto del Caribe. El Hotel El Convento, un edificio del siglo XVII que alguna vez fue un convento carmelita, es un refugio que combina historia y elegancia, con balcones que miran al mar y una gastronomía a la altura de su legado. A pocos pasos, el Palacio Provincial ofrece una experiencia boutique contemporánea sin perder el sabor clásico del barrio, con una terraza desde la que se contemplan los tejados coloniales mientras se disfruta de un cóctel al atardecer. Ambos hoteles son ejemplo de cómo Puerto Rico ha sabido integrar la hospitalidad, la gastronomía y la cultura en un mismo gesto.Más allá de San Juan, nuevos horizontesLoíza, cuna de la cultura afroboricua, conserva el espíritu más auténtico de la isla, con sus ritmos de bomba, sus tradiciones artesanales y su cocina popular que cautiva con cada plato de bacalaítos o de alcapurrias (croquetas elaboradas con masa de plátano verde y yautía rallados, rellena con carne sazonada de res o cerdo). A una hora de camino, el Yunque, único bosque tropical lluvioso del sistema nacional estadunidense, ofrece una experiencia totalmente distinta: senderos cubiertos de vegetación exuberante, cascadas naturales y un aire que huele a tierra húmeda y a eternidad.La gastronomía en Puerto Rico es una carta abierta al mundo; desde los food trucks que recorren los barrios modernos de Santurce hasta los menús de degustación que experimentan con técnicas de fermentación o cocina de autor, todo respira autenticidad. La influencia de chefs que han regresado a la isla tras formarse en el extranjero ha revitalizado la oferta, mientras que los bartenders y mixólogos locales disputan —con orgullo y argumentos sólidos— el título de creadores originales de la piña colada, un ícono caribeño nacido, según muchos, en el corazón de San Juan en los años 50.La mixología puertorriqueña también vive un momento dorado. En los bares de la capital, las bebidas se convierten en homenajes líquidos al alma boricua: cocteles con ron local, frutas tropicales, infusiones de hierbas del Yunque y presentaciones que mezclan tradición con vanguardia. Las rutas de coctelería, que conectan espacios clásicos con nuevas barras de autor, son una de las mejores formas de descubrir la noche sanjuanera, donde cada trago cuenta una historia.Recorrer Puerto Rico es dejarse llevar por sus contrastes: el eco de los tambores en Loíza, el murmullo del mar en Condado, el aroma a sofrito en cada esquina del Viejo San Juan. Es una isla que se saborea y se siente, que seduce tanto a los amantes de la buena mesa como a quienes buscan experiencias con alma.Y ahora, llegar será más fácil que nunca. Aeroméxico abrió un vuelo directo desde Ciudad de México a San Juan, un puente que acorta distancias y promete acercar a los viajeros mexicanos a un destino que vibra con sabor, historia y calidez.Puerto Rico está listo para recibir a todos aquellos que quieran descubrirlo más allá de los clichés: con los pies descalzos, una copa en la mano y el corazón abierto a los sabores del Caribe.hc

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