Hilario Galguera: “Entrar en una galería es lo más democrático que existe”
Hace 20 años, Hilario Galguera estaba desilusionado y dispuesto a abandonar todo lo relacionado con el arte, pero entonces conoció a Damien Hirst. Después de que Galguera lo llevó hasta a las luchas, le dijo: “¿Por qué no abres una galería y hago mi primera exposición en México?”Así se montó La muerte de Dios. Hacia un mejor entendimiento de la Vida sin Dios a bordo de la Nave de los Locos, una exhibición que tuvo un gran éxito y sacudió al mundo del arte en nuestro país desde la Galería Hilario Galguera.En entrevista con MILENIO, el galerista dice estar contento con estas dos décadas de trabajo en las que pudo construir el espacio que siempre soñó.Para Galguera, la trascendencia de su labor se resume en una convicción profunda: “El arte salva y participa de alguna manera en la resurrección, no solamente de los individuos, sino de las ideas, de construir nuevas formas de ver el mundo. Pienso que todos los artistas con los que me he involucrado a lo largo de estos años tienen siempre algo en común. De tal forma que pude lograr la construcción de una idea, de acuerdo con mis intereses y mis gustos”.Propuesta intelectual“Si yo fuera coleccionista, esta sería mi colección, para que en el momento en que funcionemos como galería, es decir, el intermediario entre la producción artística, el artista y el destinatario final, esta ofrezca algo perfectamente bien estructurado. Si alguien llegara en este momento y comprara las piezas que ahorita estamos viendo aquí, así, de un jalón, tendría una colección absolutamente coherente”, comenta Galguera, vestido de negro, con sus inconfundibles lentes y anillos en las manos.Su galería festeja dos décadas con Índex VII: XX. La exposición revisa, desde el presente, algunas de las líneas que han definido su programa a lo largo de estos años en el contexto de la Semana del Arte 2026.“La galería es de una gran riqueza, no en el sentido de las grandes galerías multimillonarias, que obviamente son de una gran riqueza por el dinero que han amasado. En este caso es más por la calidad de la propuesta intelectual y del trabajo de cada uno de los artistas, y es un trabajo que he tejido con la paciencia de un editor de libros, con un cuerpo de obra coherente”, afirma.Hilario Galguera recuerda que el México de principios de siglo seguía, en gran medida, atrapado en el legado de los grandes maestros como Rivera o Siqueiros. El Estado y el mercado habían relegado incluso movimientos como La Ruptura, dejando un vacío para las propuestas internacionales de vanguardia. En ese contexto, la llegada de Hirst en 2006 fue un “punto de inflexión” absoluto para el país: “Uno de los ingredientes de ese cambio, de ese movimiento, fue precisamente la presencia de Damien. Era la primera gran exposición de un artista internacional en un México que hasta ese momento estaba como ensimismado, y la exposición tuvo más de 100 mil visitantes”.El galerista recuerda que la muestra de Hirst fue tan poderosa que incluso atrajo la atención de la Iglesia, generando un debate que trascendió las páginas de cultura para instalarse en la opinión pública nacional.“Ante las amenazas de grupos conservadores, invité al padre Ruiz, de la Comisión de Arte Sacro. Salió fascinado. Entendió el discurso teológico y organizó seminarios. Fue el momento en que el mundo volteó a ver a México. Por esta puerta entraron los coleccionistas más importantes de Corea, Japón y Europa. No venían de turistas, venían a ver la potencia cultural que antes no sabíamos difundir”.Un tema muy importante para Hilario Galguera es la naturaleza democrática de su galería frente a las políticas de los gobiernos que las tachan de espacios elitistas, lo cual tiene consecuencias graves, considera.“Entrar a mi galería o a la de mis colegas no cuesta nada. Es la actividad más democrática que existe. Las personas que acceden a estos lugares obtienen algo, otro punto de vista sobre el mundo, educación, se establecen diálogos con el creador o con el grupo que creó las ideas que están ahí, expuestas, y esa es la labor del galerista. El momento elitista, si acaso, es cuando un coleccionista compra, debido a las leyes de oferta y demanda. Pero ese coleccionista tiene una responsabilidad: compartir la obra, llevarla a instituciones, permitir que se democratice nuevamente. Decir que somos elitistas es un error. La ópera, por ejemplo, cuesta 500 pesos el boleto; entrar aquí es gratis”. View this post on Instagram
Además, comenta que una cosa es el mercado del arte y otra es el mundo del arte, una distinción que considera vital para la salud cultural de cualquier nación.“Yo estoy interesado en el mundo del arte, que es la creación artística, la labor de los creadores, de los promotores, de los que la difunden, de los que escriben la historia y de los que dejan una marca. Ese es el mundo del arte, los estudios de los artistas, exposiciones, publicaciones, las propuestas filosóficas, poéticas que cada uno de ellos tiene”.Y agrega con firmeza: “El mercado del arte es un mercado, como el de San Cosme, como la bolsa de valores. Lo único que tienen en común con el mundo del arte es el producto que se comercia. Creo que en el momento en que se entienda esa diferencia, se podrá poner más atención en el trabajo que están haciendo las galerías en México”.Hilario Galguera dice que no solo se trata de vender arte, hay que hacer un trabajo más consensuado con las instituciones y los coleccionistas.“Si hablamos de una feria, estamos hablando del mercado del arte donde se exponen obras, las ven y se las llevan. Creo que el contacto con el coleccionista tiene que ser mucho más directo, la transmisión tiene que ser otra. Es llegar con alguien y decirle: ‘Mira, esta pieza es el resultado de esta forma de pensar, y lo que quiere hacer es esto’ y no solo vender arte como en un supermercado”.Explica que hay galerías cuyo único interés es precisamente ese intercambio comercial, pero que el camino de él ha sido distinto.“Lo que a mí me interesa es el descubrimiento de esas nuevas formas de pensamiento, de esas nuevas formas de ver el mundo y, en el momento en que soy capaz de exponerlo en la galería al público en general, estoy haciendo una labor importante, no solamente de difusión del trabajo del artista, sino de difusión de un proyecto, de una forma de pensamiento específico”.La Galería Hilario Galguera opera tanto en Ciudad de México como en Madrid. Representa a artistas como David Bailey, Peter Buggenhout, Daniel Buren, Stijn Cole, John Copeland, Damien Hirst, Jannis Kounelis y Daniel Lezama, entre muchos otros.A 20 años de distancia, los retos han cambiado. Galguera observa con preocupación una “distopía tecnológica” donde la cantidad aplasta a la calidad y el ruido digital confunde al espectador.“Ahora cualquier persona que pinta bien un caballo es llamada ‘artista’. Hay un problema semántico. Puede ser un buen pintor, pero el verdadero artista es el que tiene la capacidad de provocar un asombro, al principio casi irracional porque te estás enfrentando a algo nuevo y te está aportando algo nuevo al gran edificio del conocimiento. El que construye un edificio nuevo, como Goya, Borges o Bach”, finaliza Hilario Galguera.DATOSInauguración: Martes 3 de febrero.Francisco Pimentel 3, Col. San Rafael. De 14:00 a 21:00 hrs. www.galeriahilariogalguera.com