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Cuba no es una amenaza

Hace unos días, México envió a Cuba dos embarcaciones con unas 800 toneladas de artículos de primera necesidad. En una de ellas iban 277 toneladas de leche en polvo, lo que nos da una idea de quiénes son los afectados por el bloqueo de Estados Unidos.

Al enviar víveres a una pequeña nación que vive bajo asedio, México honra una tradición histórica, de país solidario, y expresa la hermandad que nos une con la isla.

Galletas, productos cárnicos, frijol, atún, aceite y productos de higiene personal completaron el envío, a cargo de la Secretaría de Marina.

Hay ahí una respuesta a la decisión del gobierno de EU, una nación poderosa hoy gobernada por una pandilla para la cual el derecho internacional existe para violarlo, de apretar tuercas contra un pequeño país que sólo ha cometido el pecado de rechazar el dominio neocolonial que sintetiza la llamada doctrina Donroe, el manifiesto intervencionista que ha sido renovado por Donald Trump.

Cuba no representa ninguna amenaza para Estados Unidos. La renovada agresión contra la isla busca solo satisfacer a algunos de los sectores más radicales de la base de MAGA, el movimiento supremacista que respalda a Trump.

La “amenaza” es una mentira insostenible, pues, en realidad, las decisiones recientes de Trump en el escenario internacional están marcadas por su imperiosa necesidad de desviar la atención respecto de los archivos Epstein y otros escándalos que involucran su presidencia, en un afán de no seguir perdiendo el respaldo de los electores ante la proximidad de las elecciones de noviembre.

Trump aprieta las tuercas de una maquinaria que agrede a Cuba desde hace más de seis décadas, y ha colocado a esa pequeña nación hermana en una situación cercana a una catástrofe humanitaria.

En el más reciente episodio, Washington ha amenazado con imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba. Se busca con ello propiciar la caída del gobierno cubano y, al mismo tiempo, enviar un mensaje al resto del continente: quien se salga de las líneas dictadas por el imperio será castigado.

El poderoso vecino del norte es gobernado por una cúpula que ha hecho de la crueldad un negocio, como lo muestran las cárceles y vuelos para migrantes, que manejan empresas privadas con recursos de los contribuyentes.

Año con año, Estados Unidos y unos cuantos de sus aliados votan contra el fin del embargo en la Organización de Naciones Unidas, donde una sólida mayoría apoya a la isla. Desde hace décadas, nuestro país y EU mantienen diferencias respecto a Cuba, pero estas nunca habían afectado la relación bilateral.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha afrontado la nueva circunstancia con la entereza y prudencia con la que ha conducido el trato con el volátil vecino, y ha insistido en que mantendremos el apoyo a la isla.

Frente a la renovada agresión imperial, es preciso que se multipliquen las acciones de solidaridad desde todas las trincheras posibles, como hemos hecho siempre cuando las hermanas y hermanos de otros países lo requieren.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que, por la vía diplomática, se buscará reanudar los envíos de petróleo, vitales para un país que depende de ellos para generar energía eléctrica, para que sus escuelas y hospitales funcionen.

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