El Claustro de Sor Juana rinde homenaje a Carmen Romano, impulsora del DIF y la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México
La pianista y gestora cultural mexicana Carmen Romano (1926-2000) tocó las fibras más profundas del alma nacional, tras fundar en 1977 el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), que el próximo año cumplirá cinco décadas de existencia; así como la implementación de la Cartilla Nacional de Vacunación. Creando además el Centro Cultural Tijuana (CECUT), la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México y el Centro Cultural Ollin Yoliztli.Por sus aportaciones y legado cultural y social, Carmen Romano, esposa del expresidente José López Portillo (1976-1982), fue evocada este 10 de febrero en el centenario de su natalicio, con un emotivo homenaje en el Claustro de Sor Juana.Su hija, Carmen Beatriz López Portillo Romano, la recuerda con cariño y una gran admiración: fue una mujer muy sensible que soñó con ser concertista, tocó el Concierto No. 1 de Mendelssohn en Bellas Artes a los 23 años y participó en la película Siempre Tuya, pero una grave enfermedad la apartó del piano profesional, transformando su pasión en la promoción de la cultura y en la ayuda humanitaria.A ella, como “primera dama” se le debe la creación del Fondo Nacional para Actividades Sociales (Fonapas) en 1977 para promover la cultura en el país, con la apertura en 26 estados, de bibliotecas, parques infantiles y becas. Dicha institución es el antecedente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, hoy Secretaría de Cultura, asegura López-Portillo Romano.En entrevista con MILENIO, subraya que, su mamá redefinió el bienestar no como caridad, sino como “responsabilidad social, un elemento estructural del Estado, uniendo nutrición, salud y cultura en toda su dimensión”Madre de tres hijos: José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina, Carmen Romano acompañó a su esposo desde sus inicios cuando era secretario de Hacienda, impulsando voluntariados familiares que germinaron en instituciones eternas, siempre con esa vibración musical que su hija Carmen Beatriz López-Portillo Romano, recuerda.Elevó el Festival Internacional Cervantino, lo posicionó como uno de los mejores del mundo, al invitar a las grandes figuras a este encuentro cultural, al tiempo que, buscó su democratización, al llevar de manera gratuita, los espectáculos a las calles y a las plazas de la ciudad minera. La señora Carmen Romano, tocó el piano en la Casa Blanca, a sugerencia del presidente Jimmy Carter y de su esposa, Rosalynn Carter, de ese momento hay fotografías que así lo constatan: “fue una gran embajadora de un México vibrante”.Su hija, Beatriz López- Portillo, comparte con emoción una vida dedicada a tejer el bienestar social con los hilos de la cultura, recordándonos que“ser humano es un ser complejo que tiene que pensar de manera integral, no solamente como individuos, sino en el contexto de la familia, en el contexto de la comunidad y de la sociedad”. A través de sus palabras, revive el hecho de que su carrera como concertista se truncó por una cirugía que la dejó “entre la vida y la muerte, pesando apenas 48 kilos cuando ella medía 1.71 metros de altura. Pero ella nunca se rindió, siguió estudiando y participó en la película Siempre Tuya, que filmó Emilio, ‘El Indio Fernández’, en 1952, cuando ella tenía 25 años”. Por esa razón durante el homenaje en el Claustro de Sor Juana, se proyectó al extracto de su aparición como concertista”.Su matrimonio con José López Portillo la llevó a la esfera pública, pero fue su sensibilidad artística la que iluminó su trayectoria. “Cuando llegábamos del colegio encontrábamos a mi mamá tocando el piano y a mi abuela cantando, me gustaba sentir la vibración de la música en el plexo solar”.Esta vibración no se quedó en el hogar; se expandió al país. “El verdadero clímax de su vida pública surgió en la campaña presidencial, cuando las mujeres de las comunidades le suplicaban que, querían educación, le pedían apoyo para las bandas musicales en las distintas comunidades, y les pedían escuelas con clases de danza tradicional”.De ahí nació su visión integral del ser humano: “Mi mamá entendió que el ser humano, requiere además del sustento, la salud y bienestar físico, el deporte, la educación y la cultura que le permiten que su espíritu descubra el universo”.Carmen Beatriz López-Portillo Romano lamenta que en estos casi 50 años nunca ha habido un reconocimiento a Carmen Romano por la fundación del DIF, que integró a niños y a familias.Sin embargo, los creadores, artistas y organizadores del Festival Internacional Cervantino, la recuerdan porque ella impulsó la restauración del Teatro Juárez y presidió el patronato, a través del cual, logró, como “embajadora cultural” que las estrellas de la danza, la música y el teatro pisaran los escenarios de Guanajuato, posicionando como el encuentro artístico y cultural más importante de México y de América Latina.“Su filosofía educativa resuena en el Claustro de Sor Juana, ella me decía: ‘Mira mi hijita, tú cómo vas a elegir si te gusta el piano o el violín si nunca lo has escuchado, tienes que conocer y ver las cosas para saber para valorar, valorar para elegir’, y ese es el lema de esta institución educativa, herencia viva, impregna su legado en instituciones perdurables que aún persisten hasta nuestros días”, concluyó Carmen Beatriz López-Portillo Romano.PCL