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Sujeto fractal o fragmentado

En los últimos años, el declive del espacio público y del hombre como sujeto de lo público se ha hecho evidente en diversas ciudades del mundo, especialmente en aquellas consideradas más desarrolladas.

No cabe duda de que la historia de la vida urbana ha experimentado profundas transformaciones, y que la mutación de los espacios públicos en las grandes metrópolis constituye hoy una realidad irrefutable.
Sin embargo, la necesidad de concebir la ciudad como un espacio vivo y apasionante se ve tensionada por teorías que, ya desde la modernidad, advertían que las formas de socialización cultural estaban siendo modificadas. En aquellos momentos se afirmaba que la esfera pública se transformaba debido a los nuevos e importantes dispositivos de socialización.

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En el presente, las metrópolis buscan dotar a la ciudad de un carácter emancipado en su conceptualización.

Si se retrocede la mirada a la década de los años cincuenta del siglo XX, se observa que la creciente mecanización del trabajo produjo cambios significativos en la cotidianidad de la ciudadanía. Mientras que hoy el gran salto tecnológico parece haber logrado una suerte de estatización o inmovilización de la vida urbana y una evidente degradación en el relacionamiento directo entre las personas. Una realidad tan palpable que los antiguos y emblemáticos espacios públicos han sido abandonados progresivamente por la gente.

No obstante, cuando se trata de expresiones ciudadanas como concentraciones políticas o espectáculos de gran magnitud, la población asiste de manera masiva. Ello evidencia una reapropiación temporal de las expresiones populares, culturales y políticas de la ciudad en momentos específicos.

En Bolivia, este fenómeno se manifiesta, por ejemplo, durante el Carnaval, cuando ciertos sectores de la ciudad son invadidos por danzas y expresiones populares. Las entradas folclóricas otorgan nuevos significados al espacio más relevante de la ciudad: la calle.

Así, la metáfora construida desde lo popular logra suspender el tiempo estático impuesto por el uso constante del teléfono celular. Los sitios que parecían relegados al pasado reviven una ciudad vital y dinámica, en la que la ciudadanía, vuelve a apropiarse del espacio público.

Estudiosos de la ciudad del pasado aspiraban a identificar los valores más significativos de la vida urbana, especialmente aquellos relacionados con las expresiones populares de cada urbe, un ejemplo es el caso de la ciudad de La Paz.

Debe recordarse que los rostros de alteridad presentes en una urbe pueden enriquecerla, no solo por la diversidad de expresiones de su población, sino también por la intensidad de su vida urbana, particularmente en momentos de algarabía y celebración cultural.

Un motivo, por el que las medianas y grandes ciudades, aún luchan por no perder la esencia de sus expresiones culturales. Éstas últimas, largamente añoradas por la población, que reconoce en ellas un recurso fundamental para la revitalización urbana.

Finalmente, aunque por un breve lapso de tiempo, la ciudad logra dislocar la rutina de los centros urbanos y revitalizar la vida colectiva, también deja en evidencia que, una vez concluidas las festividades, el habitante -esencialmente de ciudades desarrolladas-, retorna a su condición de sujeto fractal o fragmentado, propio de los tiempos contemporáneos

(*) Patricia Vargas Aramayo es arquitecta

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