Antonio Carmona: «La heroína la regalaban con el hachís, fue una pandemia que me pasó muy cerca»
Ojo al disco que nos tiene preparado Antonio Carmona . Se titula 'Baró Drom (Éxodo)' y sin duda va a ser uno de los mejores de una carrera en solitario que ahora cumple veinte años, efeméride que el artista madrileño celebrará a partir del 10 de abril con una gira que recorrerá España hasta el 15 de diciembre, con cierre por todo lo alto en su Madrid natal. El álbum saldrá a finales de marzo pero ya tenemos un adelanto, 'Más de lo que te quiero', una luminosa oda a la alegría, la diversidad y el amor que estará acompañada por un repertorio lleno de sorpresas y giros inesperados, que dan buena cuenta del formidable momento de ambición creativa que vive 'el Ajillo' de los Habichuela. 'Más de lo que te quiero' trae muy buena onda en tiempos revueltos. Cuando me levanto en un día nublado y feo como hoy, me pongo Steve Wonder o Earth, Wind & Fire, algo que me diga «venga vamos, que no pasa ná» y me ponga las pilas. Esta canción tiene retales de todo eso, con una letra sencilla y un encuentro musical que te saca la sonrisa y te llena de buena energía. La gira celebra los veinte años que lleva sobre los escenarios tras el final de Ketama. Con el cambio, ¿sintió la soledad del solista? ¿La presión se lleva mejor al compartirla en un grupo? Cuando se acabó Ketama estuve un año de luto absoluto. Era separarme de mi grupo, de mi vida, de mi aprendizaje, de mi familia. El golpe fue duro, porque de alguna manera, nos hacíamos daño. Pero entonces me di cuenta de que no existía solo el sonido Ketama, y con 'Vengo venenoso' (su debut) le quité las arrugas al flamenco. Me costó mucho, porque fue como tirarme en paracaídas y el paracaídas no se abría (risas). Ese momento, y cuando me quedé en coma, son los dos más duros que he pasado en mi vida. En el disco hay un punto de crítica social, que ya descubrirán tus fans. Es que hay que decir las cosas. Como Bad Bunny, me encanta lo que ha hecho, su discurso en defensa de lo latino. Hay que decir las verdades, hay que denunciar el racismo, el clasismo. En Estados Unidos hay unos matones que se meten en las casas, se llevan a los niños, eso es una barbaridad que hay que denunciar. Eso no puede ser, hombre. Imagínate que ahora alguien van y dice, «pues ahora, los gitanos fuera de España». Yo veo ahora más racismo del que viví cuando era pequeño. ¿Cuáles son los recuerdos más bonitos de su carrera? Trabajar con genios como Gustavo Santaolalla o David Campbell, ser el primer gitano que caminó por el pasillo de Capitol Records entre los retratos de las mayores estrellas, como Frank Sinatra o Donna Summer, actuar en el Madison Square Garden, tocar con Willie Nelson… ¡Me lo he pasado que te cagas! (risas). Ha sido y es uno de los gitanos flamencos más heterodoxos, ¿cómo está ahora la pelea con los puristas? Con Ketama no tocábamos de Despeñaperros para abajo, y si algún día llegábamos, nos hacían unas críticas que nos hundían. El flamenco se puede mantener puro y también evolucionar, y una cosa no está reñida con la otra. Ahora la música urbana se está empapando de flamenco a lo bestia, con artistas que hacen unas mezclas buenísimas. La música urbana ha refrescado el flamenco. Antes decía que cuando entró en coma fue uno de los peores momentos de su vida, lógicamente. ¿Sigue sintiendo esa sensación de segunda oportunidad, ese agradecimiento a la vida? Yo vivo con ese susto en el cuerpo. Vino mi familia desde todos lados de España, pensaban que la palmaba. Y si vivía, a lo mejor no podía volver a cantar. Me acojoné mucho. Hace ya ocho años de aquello, pero recuerdo esa sensación de «¿qué hago yo con esto? ¡Pero si soy joven!». Cada día que me despierto lo tengo en cuenta, y hago mi deporte y mis cositas. Aunque tampoco soy un santo (risas), me tomo mis cañitas con mis amigos los fines de semana y luego al llegar a casa con el puntito me pongo a componer con la guitarra (risas). Otra vez que salvó la vida, fue cuando consiguió esquivar el zarpazo de la heroína en los ochenta. La regalaban con el hachís. Yo viví una pandemia con eso, perdí muchísimos amigos con apenas veinte años. Cuando vuelvo al barrio me sigo encontrando madres que me hablan de sus hijos y me piden que no los olvide. Fue una pandemia que con Ketama nos pasó muy cerquita, pero como bien dices, supimos esquivarla. Antes de despedirnos, y ya que la gira la hace en colaboración con Citroën, marca de la que es embajador desde hace bastantes años, quería preguntarle: ¿Es cierto que durante una época trabajó como chófer de Camarón? Sí. Yo iba a hacer percusiones en el disco 'Te lo dice Camarón', pero de repente yo no tenía nombre, peso, y lo hizo Pepe Ébano. Claro, yo me quedé en plan «¿y ahora qué hago yo?». Y me dice el Tomate: «¿Tú quieres ir a recoger a Camarón todos los días?». Yo llegaba, llamaba a su timbre, y siempre abría la puerta en calzoncillos y despeinado (risas). Yo siempre le decía «te espero fuera», y él, «no, no, entra, entra», y ahí estaba yo, viendo a la leyenda más grande de la vida peinarse y vestirse todos los días. Todo lo que me pagaban me lo gastaba en catering, pero él no comía ná (risas). Prefería pasar el rato desmontando radios y volviéndolas a montar, tenía ahí una alma de ingeniero oculta (risas).