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Si pudiera regalarle una flor a Costa Rica este 14 de febrero, ¿cuál sería y por qué? La florista Mariangela Castro nos da su respuesta

A las seis de la mañana del 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, mientras muchos se alistan para iniciar el día en Alajuela, Mariangela Castro ya tiene las manos ocupadas entre tallos, cintas y el aroma inconfundible de las rosas frescas. Cada pedido que sale de su floristería ‘Renacer’ lleva consigo una historia: una disculpa, un secreto, un amor que florece.

Hace más de 20 años la vida cambió para esta alajuelense vecina de la comunidad de La Trinidad de Alajuela. Mariangela Castro dejó de contabilizar para otros negocios para administrar el propio.

Todo inició cuando la pastoral de la iglesia a la que asistía en el barrio San José de Alajuela impartió cursos de floristería y decidió asistir.

“A mí siempre me han gustado las flores. No era mi profesión al inicio; yo era contadora, pero las flores siempre me han gustado y, como mis hijas ya estaban grandes, decidí que ya podía dedicarme a lo que más me gustaba. Así fue como puse la floristería junto con mi mentora, Lilian Quesada”, narró Mariangela para La Nación.

Aunque su primer local abrió junto con su maestra, en la actualidad es un emprendimiento familiar, ya que le ayudan sus sobrinas y sus dos hijas cuando la demanda crece.

El Día de San Valentín es, para cualquier floristería, la prueba de fuego del año. Entre expectativas, nervios y una avalancha de pedidos, cada detalle puede marcar la diferencia entre el éxito y el caos. Para Mariangela Castro, su primer 14 de febrero al frente del negocio no solo fue una jornada de ventas, sino una experiencia que la marcó para siempre y le dejó una lección inolvidable.

¿Recuerda el primer 14 de febrero que trabajó?

—Fue bonito, con muchas expectativas, pero también fue un caos total. Recuerdo que los pedidos llegaban, pero lo que no llegaban eran las flores (risas). No calculamos bien y tampoco pensábamos que íbamos a tener tanta demanda; se nos acabaron. Gracias a Dios, por ahí pasaban los proveedores y así solucionamos, pero nos quedó de experiencia.

Su primer local fue un éxito en la ciudad de los mangos, específicamente en el barrio Sagrado Corazón de Jesús. Sin embargo, la enfermedad llegó de pronto, obligándola a cerrar su amado negocio.

“Yo cerré la floristería como por casi 10 años porque me enfermé de la columna; tenía hernias y estas no me permitían estar trabajando. Debía estar en mucho reposo. El amor por las flores y el arte que se puede hacer con ellas fue un motivo de esperanza para que no se muriera aquel sueño, y así fue. Aunque fue un golpe duro cerrar la floristería, me permitió compartir más con mi familia y ver a mis nietos crecer. Pero hace unos 10 años decidí que podía trabajar desde la casa y sin hacer tanto esfuerzo”, añadió.

‘Renacer’ surgió desde la idea de doña Mariangela de seguir manteniéndose activa haciendo lo que más le gusta y, tal como lo dice su nombre, fue volver a nacer en el mundo de las flores en otra época, pues los gustos y tendencias habían cambiado.

¿Qué ha cambiado en el oficio desde que comenzó hasta hoy?

—La manera de hacer los arreglos. Antes todo era muy lineal y definido; ahora no. Aunque, la verdad, se aprende mucho de los clientes, porque hay que trabajar conforme a lo que ellos pidan. A veces piden unos arreglos como si estuvieran hechos por inteligencia artificial. Lo que yo les digo es que voy a tratar de hacérsela lo más parecida y lo mejor que pueda, y la verdad es que siempre sale bien hecha la tarea.

¿Cómo se vive un 14 de febrero desde una floristería?

—Con mucho trabajo y amor. Uno siente una felicidad de saber que desde mi trabajo salen tantas nuevas historias de amor y reconciliaciones también. Es muy bonito; es cuando uno nota que el amor sí existe.

No todos los ramos que salen de una floristería celebran comienzos; algunos intentan reparar finales. En fechas como San Valentín, además de propuestas y declaraciones de amor, también llegan pedidos cargados de arrepentimiento y esperanza. Pero no siempre las flores logran su cometido.

¿Le ha tocado preparar arreglos para reconciliaciones?

—Sí, aunque no son tan diferentes: traen rosas y una cinta ofreciendo disculpas. Aunque vieras que una vez hice uno y la muchacha no lo quiso y no lo perdonó; quién sabe qué hizo ese condenado. Llegó y tiró el ramo en la basura. Fue triste porque se fueron horas de trabajo ahí.

¿Cuál ha sido el día más caótico o más bonito que recuerda?

—Bueno, lo más triste fue una vez que estaba preparando un ramo y tuve que atender a un cliente, y este llegó pidiéndome uno fúnebre. Ahí me di cuenta de que no todos pasamos las fechas iguales, porque mientras unos disfrutan con las personas que aman, a otros les toca despedirlas. Y el más feliz fue el día que me eligieron para armar un ramo para una boda, pero esta era especial porque fue de una pareja a la que les había hecho uno de reconciliación meses antes (risas).

Aunque muchos creen que el trabajo fuerte se concentra únicamente el 14 de febrero, detrás de cada ramo hay días —e incluso semanas— de preparación intensa. Para las floristerías, San Valentín no es solo una fecha en el calendario, sino toda una temporada que pone a prueba la organización, la logística y la resistencia.

¿Cuándo empieza realmente la temporada fuerte?

—La temporada para nosotros inicia desde febrero y dura todo el mes, pero los días más fuertes comienzan del 10 al 14.

¿Cuántas horas trabaja ese día?

—Prácticamente se trabajan 20 horas al día porque llegan pedidos a cada hora; entonces hay que estar anotando, creando y entregando.

¿Cuál es la flor que nunca falla en San Valentín?

—Definitivamente, la que no falla es la rosa.

¿Qué piden más: rosas rojas, arreglos mixtos, girasoles?

—Es variado, pero lo más pedido son las rosas rojas, aunque también depende de qué generación sea, porque es curioso: los jóvenes piden mucho los girasoles y los tulipanes. Siento que es más cuestión de gustos.

¿Ha notado cambios en las nuevas generaciones?

—Sí, me emociona ver que los tiempos en que solo los hombres regalaban flores ya terminaron; ahora las mujeres lo hacen. Justamente ayer una muchacha me encargó uno para proponerle matrimonio a su pareja.

¿La gente sabe realmente qué significan las flores que regala?

—(Risas) No siempre, pero si no saben, preguntan y uno les contesta. Un ejemplo es el caso de las gerberas: esas son muy utilizadas y son un símbolo de amistad. Aunque también se pueden usar para enamorados, es más común para amigos.

¿Qué representa el 14 de febrero para el negocio?

—Significa mucha alegría porque es lindo ver las caritas que llegan a comprar llenas de amor. Representa mucho trabajo, gracias a Dios.

¿La gente compra menos o más que antes?

—Ahora la gente compra más, como que le da menos pena mostrar sus sentimientos.

¿Hay más compras de último momento?

—Sí, como buenos ticos, uno ve como comerciante, incluso si uno sale, ve a la gente corriendo para ver qué compra.

¿Qué tan importante es esta fecha para sostener el negocio el resto del año?

—Muy importante, porque son días que incrementan las ventas. Entonces ayuda a guardar para los días que bajan y para esperar nuevos movimientos con festividades como el Día del Padre, el Día de la Madre y ahora con el famoso Día de las flores amarillas (21 de marzo).

Después de tantos años rodeada de flores, ¿qué significa para usted el amor?

Es lo mejor que existe en el mundo. Aunque voy a decir acá que yo estoy enamorada, pero cuando me casé no hice mi propio ramo de flores. Tampoco me regalan flores porque dicen que yo tengo demasiadas (risas). Y para mí mejor, porque luego me pongo a criticar cómo las arreglaron (risas).

Y si pudiera regalarle una flor a Costa Rica este 14 de febrero, ¿cuál sería y por qué?

—Una rosa, porque siento que a Costa Rica se le ha perdido el amor, la amistad y la convivencia. Siento que nos hemos perdido un poco de esos valores, y la rosa representa todo ese amor.

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