Vestir es un acto político: de Harfuch o Xóchitl, la propaganda política se pone de moda
DOMINGA.– Una lona con la imagen de Alessandra Rojo De la Vega,alcaldesa de Cuauhtémoc, cuelga a las afueras de la cantina La Castellana. Mizael Perea la observa desde la amplia ventana de su taller, en el tercer piso de la calle Ayuntamiento, en elCentro Histórico. Es diseñador de moda y, desde hace dos años, elabora bolsos y vestidos con “basura” electoral: reutiliza lonas propagandísticas –las descuelga, incluso, como acto de anarquía– y arma piezas para su marca: Pancarta.Es un joven delgado, de 35 años, de bigote y cabello rizado al hombro; viste un short de mezclilla, calcetas blancas y zapatos negros. Su taller se ubica en la segunda planta de un edificio en una zona comercial, dominada por negocios de plomería. Para entrar hay que atravesar un local de instalaciones eléctricas, donde varios focos materializan las pesadillas de los fotosensibles.Me acerco a la ventana y lanzo una provocación: –¿Qué harías con esa lona de Rojo de la Vega? –No sé. Me gustan los colores. He pensado qué podría hacer con ella, incluso quitarla, pero no sé si se van a enojar los de la cantina.Mizael abre una puerta y me muestra la bodega donde guarda su materia prima. A un costado, en la pared, se apilan una decena de lonas. Despliega una: tiene más de dos metros de largo, se instaló en el Zócalo con motivo del festejo de los siete años de la Cuarta Transformación. Dice que sólo una vez ha tenido problemas por retirar propaganda política de algún partido. –Mi mamá y yo fuimos a retirar unas lonas que habían atravesado entre los juegos infantiles de un parque, entre los columpios. ¡Imagínate! Una señora nos gritó desde una ventana: “¡Esas lonas son mías!”. Entonces una patrulla se acercó y medió. La señora no se puso violenta; solo reclamó y explicó que, si las retirábamos, no le iban a entregar el pago que le prometieron por cuidarlas.El Código Penal del Distrito Federal prohíbe a los servidores públicos apoderarse, destruir, retirar, borrar, suprimir, ocultar o distorsionar la propaganda de algún candidato, partido o planilla, pero no establece sanciones para los ciudadanos que retiren o destruyan este tipo de publicidad. Mizael me advierte que la “basura” electoral no se produce sólo durante las elecciones; también en mítines, festejos, informes de gobierno, elecciones sindicales y otros eventos políticos.Estamos en el espacio de trabajo de Pancarta, un taller textil que Mizael fundó en mayo de 2024, antes de las elecciones federales que, de acuerdo con cifras de la Fundación por el Rescate y Recuperación del Paisaje Urbano, dejó a su paso 25 mil toneladas de basura electoral sólo en la Ciudad de México.Ese dato inspiró a Mizael a reutilizar esos materiales. En su taller, el torso de un maniquí luce un vestido corto con el rostro deElba EstherGordillo; un cinturón amarillo, a la altura del pecho, combina con un bolso rectangular que trae la portada de los libros de texto antiguos, esos que ilustran hoy los memes del internet.Enseguida veo otro maniquí, de figura masculina, que porta un vestido largo, strapless, con la imagen de la presidentaClaudia Sheinbaumcon el puño en alto. Lleva una gorra blanca: en una mitad está el logo de Xóchitl y en la otra el de Sheinbaum, cosidos –como un Frankenstein textil– con agujetas fluorescentes que permiten la unión de lo que, alguna vez, fueron dos gorras con propaganda electoral. El mensaje es claro: Pancarta es apartidista; su propuesta se construye desde la ironía, el sarcasmo y el humor negro. Desde niño le llamó la atención que la propaganda electoral sea “vandalizada”: es común que las y los candidatos amanezcan, de un día para otro, sin un diente, con bigote o con una peluca. O peor: con frases, groserías o tachones bajo o sobre sus nombres.Eso lo llevó a diseñar bolsos donde los rostros de los políticos aparecen maquillados como parte de la intervención. Ahí están Sheinbaum, Omar García Harfuch, Clara Brugada con sombras cargadas, labial, rubor y los ojos delineados. Y una de las más solicitadas, la más instagrameable: el bolso con el rostro de Donald Trumpcargado de maquillaje a lo drag queen; al reverso aparece la leyenda de MAGA reelaborada: “Make America LGBT Again”. Para poner el rostro del mandatario estadounidense, Mizael manda imprimir su rostro sobre una lona. “Vestir es un acto político: con las prendas que eliges, expresas tus ideas del mundo”, sostiene.El diseñador de moda que cuestiona la lógica del ‘fast fashion’Pancarta utiliza la infraestructura de la propaganda política como materia prima para el diseño textil. Aprovecha la durabilidad de los materiales para confeccionar bolsos y vestidos que operan bajo una lógica de ironía y sátira. Esta iniciativa se contrapone a la saturación de desechos plásticos que dejan los comicios y otros eventos políticos. Mizael Perea convierte un residuo en un objeto de consumo personal, que lo llevó a exponer su obra en la recién Semana del Arte en Salón Acme.Mizael encontró su vocación gracias a su padre, restaurador de murales, que trabajó durante décadas en el INBA y hoy está jubilado. Creció entre pinturas, esculturas y libros de arte. A veces acompañó a su padre a restaurar murales de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o José Clemente Orozco. De niño, su madre lo llevaba a clases de pintura y cerámica: de ahí su veta artística. A los 15 años, su hermana mayor le regaló una revista de moda y ahí leyó, por primera vez, los nombres: Dior, Galeano, Chanel. Luego, en internet, encontró videos de desfiles de moda y los consumió como obseso. Antes de cursar estudios profesionales, asistió a su primer Fashion Week. Mizael estudió en la Ibero Mexicana de Diseño y en la Universidad Jannette Klein.Al egresar, en 2015, se asoció con un amigo para abrir un taller textil en la cochera de la casa de sus padres. Con ese emprendimiento obtuvieron un apoyo para emprendedores, otorgado por la Secretaría de Trabajo y Previsión Social a fondo perdido, para comprar maquinaria. Ese impulso les consiguió a sus primeros clientes.En paralelo, desarrolló su primera marca: AMPC (sus iniciales cambiadas de lugar). “Con ese proyecto quería hablar de ropa sin género a través del streetwaer”, explica. Poco después llegó el primer gran proyecto: ensamblar 100 sudaderas para la exposición “A Pot for Latch”, de Pía Camil, artista mexicana, exhibida en el New Museum de Nueva York en 2016. La obra consistía en una instalación que asemejaba un puesto de tianguis: rejas exhibidoras de las que colgaban objetos “donados” por 100 personas, quienes a cambio recibían una sudadera.A pesar de eso, se separó de su socio en buenos términos: el taller dejó de ser viable. Mizael, entonces, empezó a trabajar para marcas de ropa, como Forever 21, Sexy Jeans y Dockers. Su trabajo consistía en montar las nuevas colecciones en la tienda. Era trabajo de exhibición. En 2023 llegó un punto de inflexión: se sentía agotado de la vida laboral y quería volver a dedicarse al 100% a sus proyectos. Además, otro factor, también importante, chocaba con lo que hacía todos los días.En una ocasión, sus padres, después de retapizar una sala, le obsequiaron la piel sobrante para que Mizael la reutilizara. Con ella elaboró un bolso que, a la fecha, sigue usando. Eso lo metió de lleno en el reciclaje de materiales y lo llevó a investigar sobre fast fashion: un reportaje lo llevó a una página web; esa página, a un documental; el documental, a otras noticias, y así, en bucle.–En el día me la pasaba ayudándole a vender más a Inditex y, en las noches, veía documentales. Estaba muy consciente de lo que pasaba, al punto de que, en juntas, les hacía preguntas incómodas sobre el tiempo que pasaba entre la fabricación y la llegada de la prenda al punto de venta.Luego se encontró con un reportaje que relataba la tragedia de Rana Plaza,ocurrida en 2013, en Bangladesh, donde murieron más de mil 134 trabajadores, lo que puso en el ojo del huracán a las grandes firmas textiles por las malas condiciones laborales. Y, por último, un documental de la Deutsche Welle le mostró algo que ya sabía, pero que nunca había visto en video: toneladas de ropa usada amontonadas en el desierto de Atacama, en Chile. Esa escena, símbolo de los excesos, lo concientizó. Nada volvió a ser igual.Lonas, volantes y anuncios que nadie retira persisten meses, incluso añosViridiana Lázaro, campañista de Océanos sin Plásticos de Greenpeace, sostiene que la propaganda electoral tiene un gran impacto ambiental: formación de microplásticos, riesgo de incineración y contaminación de ecosistemas. Los pendones usados están fabricados de polietileno, el mismo plástico que se usa en las bolsas de mercado. Hay datos de que una bolsa tarda hasta 150 años en degradarse.En el caso de las lonas electorales, explica, pueden ser de dos materiales: policloruro de vinilo (PVC) o polietileno; este último es el mismo que se usa en los pendones. El PVC se usa para lonas de alta resistencia, impermeables y duraderas, mientras que el polietileno es común en lonas más ligeras y económicas.“Las lonas fabricadas con PVC, además, presentan riesgos ambientales y a la salud principalmente asociados a su composición química. El PVC es difícil de reciclar debido a la presencia de aditivos como plastificantes y estabilizantes, y su eliminación por incineración puede generar dioxinas y furanos, sustancias altamente tóxicas y persistentes en el ambiente”, dice Viridiana Lázaro.–Cuando termina una campaña o un evento masivo, ¿cómo funciona en la práctica la cadena operativa: quién retira, en qué tiempos, con qué criterios y a dónde se supone que va el material? ¿Eso lo sabemos? ¿Ustedes qué han identificado?–No hay información sobre si se recolectan estos residuos ni sobre si se les da tratamiento. Tampoco existe información pública –ni de los partidos políticos ni de las instituciones de gobierno– sobre qué acciones llevan a cabo para evitar el uso de residuos contaminantes o mitigar su impacto –dice el diseñador.La legislación electoral en México obliga a los partidos políticos y candidatos a retirar su propaganda de la vía pública durante los siete días siguientes a la jornada para su reciclaje, según el Código Electoral. La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, artículo 209, numeral 2, establece que la propaganda impresa deberá ser reciclable y fabricada con materiales biodegradables que no contengan sustancias tóxicas o nocivas para la salud o el medio ambiente. Los partidos políticos y los candidatos independientes deberán presentar un plan de reciclaje de la propaganda que utilizarán durante su campaña.El Reglamento de elecciones del Instituto Nacional Electoral, artículo 295, numeral 2, precisa: “Los partidos políticos y coaliciones, tanto nacionales como locales, deberán presentar un informe sobre los materiales utilizados en la producción de la propaganda electoral para las precampañas y campañas electorales, una semana antes de su inicio, según corresponda”. Aun así, lonas, volantes y anuncios que nadie retira persisten meses, incluso años, después de concluida la contienda.–La elección de 2024, en comparación con la de 2018, contaminó más: aumentaron las toneladas de basura electoral, de 10 mil a 25 mil. Y no sólo eso: esa misma propaganda también se genera en otros eventos no oficiales, ¿qué regulación o prácticas faltan para esos procesos que también dejan huella ecológica? –pregunto.–La legislación electoral se enfoca sólo en el reciclaje de la basura electoral, cuando deberían enfocarse en reducir su generación y en promover formas alternativas de hacer campaña, que no impliquen la generación de basura. La reducción de estos elementos debe manifestarse en todos los eventos que se realicen: los eventos no oficiales, celebraciones de gobierno, mítines e informes hasta la propia propaganda de la campaña electoral oficial, para que no resulte en la contaminación del planeta ni la saturación del espacio público.El problema es que la actual prohibición de plásticos, de un solo uso en la Ciudad de México, no se enfoca en los plásticos de la propaganda electoral, pero al ser plásticos desechables también debería estar regulada. Los pendones usados están hechos de polietileno, el mismo plástico que se usa en las bolsas de supermercado, ¿por qué no están prohibidos entonces como las bolsas de compra?Las lonas de Santiago Taboada dieron pie a los bolsos de PancartaLa relación de Mizael con marcas de fast fashionya no fue igual. Empezó a elaborar prendas con piezas usadas. Un día, en la paca, encontró un short talla 64: “Estaba nuevo, así que le hice unas pinzas, largué el tiro y quedó con una bermuda oversize”. Mizael incursionó en el suprareciclaje: el proceso creativo de transformar materiales de desecho o productos viejos en objetos de mayor calidad, valor (ecológico, económico o estético) y utilidad. Renunció a su empleo en la industria textil masiva y empezó a colaborar con el escultor Héctor García. “Iba a montar una exposición en San Francisco, así que lo ayudé durante algunos meses”, recuerda.En la campaña electoral de 2024, Mizael notó que la Ciudad de México estaba tapizada de propaganda como nunca antes. Le indignó el destino de esos materiales que, tras los comicios, se convierten en basura destinada a vertederos, lagos o ríos. Un día, mientras comía en Tlatelolco con amigos, surgió el tema. “¿Saben qué? Voy a hacer bolsas con esas lonas”, soltó. Lo animaron. Ahí mismo descolgó tres piezas con el rostro deSantiago Taboada, candidato de la coalición “Va X la CDMX”, y cosió los primeros bolsos de Pancarta.–¿Qué ha sido lo más difícil?–El material, sin duda. Si bien la lona se asemeja a la piel, es difícil moldearla: aprendí del ensayo y el error. Busqué tutoriales y encontré a un hombre japonés que hace conservación de bolsos de lujo; a él le aprendí la técnica de suavizar el material.Hasta ahora, de entre sus creaciones, su pieza favorita es la reelaboración del Saddle Bag. “Es un bolso que diseñó John Gallianoen 1999 y redefinió la moda de los 2000. Cuesta más de 160 mil pesos”, explica. Creó esta versión para que otros puedan poseer un diseño similar sin ese gasto: “Mi moda habla de la desigualdad y de la acumulación de la riqueza. Eso también es político”.Tras fundar Pancarta, Mizael acudió al tianguis de La Lagunilla con Héctor García. Al recorrer la calle Jaime Nunó, se sorprendió al encontrar a otros diseñadores promoviendo sus marcas en el tianguis, un espacio que funciona tanto como epicentro comercial como escaparate de propuestas emergentes.“Investigué los trámites para poner mi puesto y, 15 días antes de la elección, ya estaba instalado”, cuenta. En ese inicio, elaboró bolsos de todos los candidatos para subrayar que Pancarta era un proyecto apartidista. Como ejemplo, intervino una gorra promocional: “La mitad mostraba a [Mauricio] Tabe y la otra a [Miguel] Torruco, candidatos de la Miguel Hidalgo. Mitad vino, mitad azul; se veía increíble”.Mizael es consciente de que su propuesta es arriesgada y subversiva. Su enfoque ha llevado materiales de la calle a galerías, desfiles y exposiciones, espacios que suelen ser elitistas y excluyentes. Uno de sus bolsos, inspirado en el modelo Birkin, se exhibió en el Salón Acme,en la pasada Semana de Arte.Bolsos de lujo en exhibición de arte Mizael entra al predio General Prim 30, en la colonia Juárez, sede de Salón Acme. Es viernes 6 de febrero. Un guardia detiene su paso para revisar la pulsera de acceso; tras unos segundos, lo deja avanzar. Es una de las ferias más importantes de la Semana del Arte y una de sus bolsas se exhibe –y vende– en la sección Programa Público, bajo el título “Encuentro de ediciones, múltiples y objetos”.El lugar está abarrotado. En el segundo nivel de esta construcción ruinosa, Mizael saluda a los galeristas y busca su pieza. La han colocado al fondo de la sala, pero él pide permiso para moverla al frente, sobre una mesa con libros y una lámpara.En esta feria nada es casual: todo parece medido, calculado, predigerido.Aquí está exponiendo un bolso inspirado en el Birkin, dice. Según la leyenda urbana, en 1984, Jean–Louis Dumas, entonces director de Hermès, habría coincidido en un vuelo con la actriz Jane Birkin, que recién había sido madre. Ella viajaba con una cesta y, en algún momento, algo se le cayó. Se quejó de que no existiesen bolsas prácticas para las madres. Él la escuchó y le propuso diseñarle una. Esa es la historia.–La bolsa está hecha por un solo artesano. Todas las puntadas están hechas a mano. Cuesta entre 120 mil y un millón de pesos. Es algo tan único que hay una lista de espera. Si tú vas a una tienda, ni siquiera te la venden –detalla. Mizael eligió homenajear ese modelo de la alta costura para hacerlo accesible y, al mismo tiempo, sustentable. El Birkin de Mizael está elaborado con una lona con el rostro sonriente de Sheinbaum. Y ahora forma parte de una exhibición de arte.Los asistentes de Salón Acme, incluidos los mexicanos, hablan más inglés que español. Mizael se aleja para saludar a unos amigos y acordamos encontrarnos después. Me quedo en el sitio; quiero observar las reacciones ante un bolso elaborado con una lona que en La Lagunilla vende a 3 mil pesos, ahora convertido en objeto artístico. En una tela traslúcida que atraviesa el patio central aparece la lista de marcas participantes; ahí se lee Pancarta. Una pareja se detiene ante el bolso.–Ahí está el creador, por si desean conocerlo –les digo.Voltean a ver a Mizael. –Wow, so cool!Pienso en la diferencia de cuando vas a La Lagunilla y ahí encuentras a Mizael Perea vendiendo su ropa. Entre otros puestos, en los que ofertan prendas con valor de 7 mil pesos –¡es original, joven! ¡importada!–, una playera estampada con el rostro de Taylor Swiftsobre la figura de Jesucristo, espejos de mano, de todos los tamaños, colores, materiales y texturas, que devuelven el reflejo de gente acalorada que cargan sus micheladas para apaciguar un poco el calor en pleno, donde el humo a veces huele a mariguana y otras a carne roja bajo las brasas. Ahí está: Pancarta. Dos filas de bolsas flanquean el espacio, ilustradas con los rostros de Trump y Sheinbaum. Los extranjeros, sobre todo norteamericanos, gringos, se acercan al puesto y, con sonrisas amplias, alzan los bolsos y los escudriñan. A diferencia de Salón Acme, aquí los norteamericanos reaccionan distinto: la imagen de su presidente les hace gracia. Una de ellas dice: “Me la quiero llevar ¡pero me da miedo que ICE me detenga!”. Se carcajean.Pancarta crece, paradójicamente, gracias a una materia prima que provoca molestia, indignación. Mizael sabe que es el rastro de un sistema de partidos que no está comprometido con el medio ambiente. Por eso, aunque hoy vive de transformar el rostro de los candidatos en objetos de consumo, mantiene una postura tajante.–¿Qué sigue? –le pregunto antes de irme.–Que prohíban este tipo de propaganda –responde–. Mi mejor escenario es que, un día, mi materia prima deje de existir.GSC / MMM