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Casi 2.000 diagnósticos de cáncer infantil por año, pero solo existen 27 especialistas en oncología pediátrica en Perú

En el país se detectan entre 1.800 y 2.000 casos nuevos de cáncer infantil cada año y cerca de 400 niños fallecen, según cifras oficiales del Ministerio de Salud. Aunque la medicina moderna permite tasas de supervivencia superiores al 80 % en sistemas eficientes, en el Perú el pronóstico puede depender del lugar donde se vive, del hospital al que se accede y de la capacidad económica de la familia.

Isabel Olivo lo sabe bien. Su hijo fue diagnosticado con leucemia tras presentar sangrados nasales y palidez. “No estás preparada. Tienes que dejar todo, incluso a tus otros hijos, porque la prioridad es el niño enfermo”, relata. Aunque logró superar su mal, el proceso estuvo lleno de obstáculos. “Nos retrasaban quimioterapias porque no llegaban medicamentos. Esta condición no puede tener tanta espera”, afirma.

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El tiempo perdido

Expertos coinciden en que el mayor problema es el diagnóstico tardío. Karina Pujay, presidenta del Colectivo de Cáncer Infantil Perú, sostiene que muchos pacientes tardan entre 3 y 6 meses en recibir una evaluación y en zonas alejadas hasta 9 meses. “No se muere por la enfermedad, se muere porque se llega tarde”, afirma.

El doctor Rolig Abad Aliaga Chávez, director del centro editorial del Colegio Médico del Perú, explica que el retraso suele iniciarse en el primer nivel de atención. “Muchos síntomas se confunden con otros males. Un mes puede cambiar el pronóstico”, advierte. Señales como bultos, dolor óseo persistente, sangrados o pupila blanquecina deberían motivar derivación inmediata.

Centralización y déficit crítico

El país enfrenta además una escasez severa de especialistas. El director de la Liga Contra el Cáncer y director médico del Centro Detector del Cáncer, Mauricio León, estima que se necesitarían más de un centenar de oncólogos pediátricos, pero el número real es 27 y la mayoría (25) trabaja en Lima. ''Los restantes están en La Libertad y Arequipa. Hay muchísimos casos que están en provincia y no tienen dónde ir'', denuncia el experto. La situación obliga a trasladar pacientes de regiones a hospitales capitalinos, con costos económicos y emocionales adicionales.

Las familias deben cubrir transporte, alimentación y alojamiento durante meses. Sabina Vicente, madre de una niña con leucemia, viaja constantemente desde San Juan de Miraflores hasta el Hospital Nacional Alberto Sabogal Sologuren en el Callao. “Mi esposo gana S/ 1.500. No alcanza. He tenido que pedir ayuda económica para poder continuar”, cuenta. Aun teniendo cobertura en EsSalud, los gastos indirectos son inevitables.

Desde organizaciones sin fines de lucro, Magia-Asociación de Voluntarias por los Niños con Cáncer da acogida a decenas de familias que llegan a la capital para buscar tratamiento. ''Más que un albergue, Casa Magia es un hogar temporal'', indican. Sin embargo, esta debería ser responsabilidad del Estado, como afirma León: ''En todo estamos 'jalados', cada vez hay mayor recorte de presupuesto del FISAL, que es el organismo del SIS que ve el cáncer en el país. Hay solo S/ 57 por persona al año... Con eso no se hace nada''.

Según Pujay, la líder del colectivo, otras naciones han instado a Perú a tomar acción: ''El ministerio de Salud de España ya envió varios reportes y denuncias, se ha comunicado con nuestro gobierno para decirles que ya no pueden recibir más a sus niños, que los deben cuidar y ser responsables por ellos''.

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Falta de medicinas y equipos

El problema no se limita al número de médicos. También existe un déficit de centros especializados y pruebas diagnósticas avanzadas. Desde el CMP, el Dr. Aliaga explica que muchos hospitales carecen de resonadores, estudios genéticos o reactivos de inmunohistoquímica necesarios para clasificar tumores con precisión. ''Sin esas pruebas, no es posible determinar pronóstico ni elegir terapias específicas'', explica. ''Incluso tratamientos innovadores como terapias celulares aún no están disponibles aquí'', cuenta.

Asimismo, padres denuncian el desabastecimiento de fármacos, reactivos y equipos. “Si el hospital no tiene tomógrafo, debemos pagar afuera. Hemos visto padres gastar más de S/ 2.000 soles en un solo examen”, dice Olivo. Aun en remisión, las dificultades continúan. Su hijo desarrolló complicaciones oculares y la referencia para derivación tardó ocho meses. Finalmente fue operado en el Hospital Rebagliati. “Lloré de impotencia porque podía perder la vista”, recuerda.

Las familias también señalan trato burocrático y hostil. Sabina afirma que si falta a una cita médica, recibe advertencias. “Nos dicen que pueden reportarnos a la Fiscalía o al Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. En vez de apoyo, sentimos presión”, señala.

Un Estado indolente

Desde la sociedad civil también se cuestiona la gestión pública. La presidenta sostiene que los recursos destinados al cáncer han aumentado —unos S/600 millones adicionales en 2024 y más de S/1.000 millones en 2025— pero una parte se devuelve al tesoro público por baja ejecución. La dirigente afirma que organizaciones han denunciado reiteradamente que áreas encargadas de prevención no utilizan la totalidad del presupuesto asignado, lo que evidencia fallas administrativas más que financieras.

El colectivo exige que se implemente plenamente la Ley de Cáncer Infantil, especialmente el subsidio oncológico y licencias laborales para cuidadores, medidas que consideran clave para sostener la continuidad terapéutica. ''Hay una falta de ejecución de estas normas, una falta de voluntad política y una falta de sanciones a las entidades que no están cumpliendo con las leyes que tenemos'', manifiesta Pujay.

En el marco del Día Internacional del Cáncer Infantil, el ministro de Salud, Luis Quiroz, afirmó: ''Hoy celebramos la vida''. Sin embargo, Sabina ha sentido el roce de la muerte. Ella narró como, en el Sabogal, un niño con síndrome de Down y diagnóstico de leucemia está en estado convaleciente: ''Ya se convertirá en un angelito más en el cielo''.

Las familias coinciden en un pedido concreto: garantizar fármacos, equipamiento y atención rápida en todo el país. “No pedimos lujos. Pedimos que haya medicina y tratamiento a tiempo para que nuestros hijos no mueran esperando”, resumen. El consenso entre médicos y organizaciones es claro: sin inversión sostenida, descentralización y formación de especialistas, el cáncer infantil seguirá siendo no solo una enfermedad médica, sino también un reflejo de las brechas estructurales del sistema de salud peruano.

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