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El fin no justifica los medios, por Oscar Vidarte Arévalo

Hace más de medio siglo, Raúl Porras Barrenechea defendió en la OEA la soberanía de Cuba frente a la injerencia estadounidense. Era consciente de que no podía seguir admitiéndose la violación permanente por parte de EE.UU. del principio de no intervención en América Latina.

Luego de la invasión militar a Panamá (1989), la región parecía superar décadas de intervencionismo que, salvo alguna excepción, casi siempre tuvo consecuencias negativas para nuestros países. Lamentablemente, el llamado Corolario Trump a la Doctrina Monroe es un regreso al pasado. Supone una presencia política y militar mucho más activa en América Latina para hacer frente a los intereses de EE.UU., especialmente aquellos relacionados con la competencia hegemónica con China.

Lo sucedido en Venezuela es ejemplo de ello. Una acción que busca evitar que China siga beneficiándose del petróleo del país caribeño. Ni la lucha contra el narcotráfico ni la promoción de la democracia parecen haber guiado la intervención militar.

Pero esto no solo ocurre con países cuyos gobiernos se han mostrado críticos de EE.UU. Las amenazas por recuperar el Canal de Panamá, violando el Tratado Torrijos-Carter, demuestran que no importa si eres aliado o no de la potencia mundial, si es que supuestamente sirves a los intereses de China en la región.

Ahora nos enfrentamos a un nuevo dilema. EE.UU. busca asfixiar al gobierno cubano impidiendo que acceda a petróleo, fundamental como fuente de energía para la isla. En la práctica implementa un bloqueo, sancionando económicamente a cualquier país que le permita a Cuba acceder a petróleo. Para Trump es su forma de negociar; para Cuba puede tener un impacto humanitario terrible. Durante la Guerra Fría, la alianza de Cuba con la Unión Soviética representó una afrenta a los EE.UU.; hoy su cercanía a China también puede serlo.

Intereses chinos existen en toda la región. ¿La reciente adhesión de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta podría implicar una acción contra dicho país, justificándola bajo la lucha contra el narcotráfico? ¿La consolidación del puerto de Chancay como hub regional podría implicar una acción contra el Perú por cuestiones de seguridad?

No se trata de sostener al régimen venezolano o al cubano; es una posición principista sobre un accionar no solo al margen del derecho internacional, sino también que se construye sobre intereses ajenos y que nos puede afectar en el futuro cercano.

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