¿El final de un fracaso?
Cuando la sociedad ya ha dado cumplimiento al primer cuarto del siglo XXI, en Sevilla, como en otras ciudad españolas, aunque son verdades que se ocultan, sigue en pie una estampa que duele, que avergüenza, sencillamente porque no pueden conjugar en el mismo enunciado progreso y analfabetismo, futuro y chabolas, nuevas tecnologías y subdesarrollo. Quizás sea marca de la Denominación de Origen Protegida que vende esta urbe sobre la dualidad. Es lo que tiene vivir en el olvido, que nadie se acuerda del Vacie hasta que la vida, o la muerte, obliga al sevillano a pisar el tanatorio de la SE-30. Está entre los buenos propósitos de este gobierno municipal la culminación de una labor silenciosa de los trabajadores de... Ver Más