World News in Spanish

El milagro del quiosco

Abc.es 
Hay en Madrid un quiosco en auge cuyos jóvenes dueños dan empleo a personas en riesgo de exclusión social. La noticia es hermosa, alcalde, y me trae a este sitio, además, el ejemplo del quiosco, que en la ciudad casi malvive en la extremaunción. Hay ciudades que se reconocen por sus monumentos y otras por sus costumbres. Madrid, que reúne ambas cosas, debería empezar a preocuparse cuando uno de sus hábitos más silenciosos empieza a desvanecerse: el quiosco, sí, el quiosco de prensa. La Puerta del Sol puede soportar reformas, andamios y turismos, pero no debería tolerar la ausencia de sus quiosqueros, que son doctores del pulso ciudadano. El quiosco no es un mueble urbano sino una respiración de la ciudad. El quiosquero amanece antes que el vecindario, inventado el día con el golpe sólido de los fajos de periódicos cayendo sobre el mostrador. Ese golpe es casi litúrgico. Así la ciudad recibe su ración de mundo. El quiosquero es parte del periódico, aunque no firma en la contraportada ni fuera en el staff. Pero difunde y escucha las informaciones y las opiniones que el papel provoca. Vive en un umbral, entre la primicia y el lector. Hubo una época, no tan remota, en la que comprar el periódico era tan necesario como comprar el pan. El primero alimentaba el criterio. El segundo, el cuerpo. Se madrugaba para ambos con idéntica pasión urgente. El periódico, todavía tibio de imprenta, era una promesa, esa promesa de entender algo más el mundo antes de que el mundo empezara a exigirnos explicaciones. Madrid no debería permitir que esta modesta y magnífica institución civil, el quiosco, se marchite por abandono. El quiosquero no es un vestigio romántico sino un eslabón vivo y emocionado entre la redacción y la calle, entre el acontecimiento y el juicio. Cuando desaparece un quiosco, no se pierde solo un punto de venta. Estamos perdiendo un lugar de encuentro, una rutina de diálogo. El quiosco, por tanto, no vende solo papelería revuelta sino pausa, criterio y conversación. Madrid, que tanto presume de memoria, haría muy bien si recuerda que la democracia también se construye a primera hora de la mañana, en una esquina cualquiera, cuando alguien despliega un periódico y empieza a leer el día.

Читайте на сайте