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Lecciones de Aragón a derecha e izquierda

Si Aragón es un termómetro de la política nacional, estas elecciones apuntan a una derecha aún en disputa y una izquierda atrapada entre fragmentación, desmovilización y fuga hacia opciones autonómicas.

Hace dos semanas Lluís Orriols publicaba un post aquí sobre cómo las elecciones de Aragón nos podrían ser útiles para entender el escenario nacional y cuáles son las dinámicas electorales en las que estamos mientras nos acercamos a unas próximas elecciones generales. En realidad, el argumento sobre la utilidad de Aragón para extrapolar conclusiones nacionales ya lo planteamos en un libro hace tiempo y ha sido muy usado en los últimos años. Aragón es un buen termómetro de la política española. Contiene en una única región muchos de los elementos diversos del escenario político español, como la combinación urbano/rural o la presencia de regionalismo que nos proporciona una España en pequeñito con claves de por dónde va la política nacional.

Por eso, conviene echar un vistazo en profundidad a lo que ha estado ocurriendo en Aragón en la campaña y en las elecciones para comprender algo más sobre lo que está ocurriendo en España y las lecciones que se pueden extraer a derecha e izquierda.

Lecciones para la derecha

El momento político de la derecha sigue siendo de gran volatilidad. La subida de Vox en Aragón no es casualidad ni se puede interpretar como un simple voto protesta en las autonómicas que volverá al redil del PP en una elecciones generales. De hecho, en la preelectoral del CIS se mostraba que hay más gente en Aragón declarando que votaría a Vox en unas generales que en las autonómicas. Es decir, el resultado de Vox en Aragón podría estar subestimando el resultado de ese partido en unas generales.

Esta brecha entre PP y Vox podría seguir reduciéndose. Las transferencias de voto entre PP y Vox siguen abiertas. Hay más votantes del PP que consideran a Vox como su segunda opción que al revés. Y, de nuevo con datos del CIS de la pre-electoral en Aragón, por cada votante que se ha ido de Vox al PP, más de 3 se irían del PP a Vox. Esta proporción de 3 a 1 es fundamental para entender el clima en la derecha.

Mientras esta batalla en la derecha siga abierta, es difícil pensar que los gobiernos autonómicos que se están negociando ahora (Extremadura y Aragón) y los que probablemente se negociarán en los próximos meses (Castilla y León y, tal vez, Andalucía) sean exitosos. Aún más en un clima en que Vox sabe que los votantes de la derecha no les culpabiliza por los adelantos de las elecciones autonómicas. En las divisiones entre ambos partidos, Vox tiene la mano ganadora.

En estas circunstancias, parece difícil esperar ningún entendimiento estable entre ambos partidos si cualquier negociación se hace observando por el retrovisor el ascenso de Vox a escala nacional. Ahora mismo solo parece que unas elecciones generales que confirmen cuál es el reparto de roles entre PP y Vox y su correlación de fuerzas pueden dar algo de estabilidad al espacio. Probablemente, cuando esto ocurra, más si conlleva un gobierno de coalición de la derecha, se producirá un efecto cascada hacia las autonomías que permitirá gobiernos más estables.

Lecciones para la izquierda

Las elecciones de Aragón no da un escenario muy halagüeño para la izquierda. En primer lugar, se nos plantea, una vez más, cuáles son los riesgos de su fragmentación. Con los resultados obtenidos por IU-Sumar y Podemos es difícil pensar que conseguirían representación en unas elecciones generales más allá de Madrid y Barcelona. Solemos incidir en que la fragmentación es penalizada por el sistema electoral, pero en estas circunstancias la fragmentación tiene también un efecto emocional más allá del mecánico. Las pocas opciones de ese espacio, aumentadas por la barrera del sistema electoral, no contribuyen a generar movilización. Por poner un ejemplo, y aunque es difícil de estimar bien la movilización con estas encuestas (dado que los ciudadanos suelen sobreestimar su voluntad de ir a votar), hay un 50% más de personas en la izquierda declarando que votarían en blanco, nulo o se abstendrían que en la derecha. Si nos vamos a posiciones más en el extremo, la desmovilización entre los votantes que se sitúan en el 1 y 2 es mucho mayor que la de los votantes en el 8, 9 o 10 en una escala ideológica izquierda-derecha de 1 a 10.

En segundo lugar, el PSOE obtiene unos resultados históricamente muy negativos. La estrategia de tener líderes autonómicos sentados en el Consejo de Ministros hasta casi el día antes de las elecciones es efectiva para mantener el partido dentro de la línea oficial, pero no es útil para competir en elecciones autonómicas, sobre todo en la situación actual del gobierno. El desgaste en el capital político del partido es evidente. Llama la atención que entre las razones citadas por sus votantes aragoneses para votar por su partido, el “intentar evitar que puedan ganar partidos o candidatos/as de derechas” es la más citada. La mencionan como primera razón un 33,4% de sus votantes, frente a un 19,2% que citan “las ideas y propuestas del partido”. Por poner un ejemplo, en Vox, que podríamos pensar que es un partido con un voto muy a la contra, el 20,9% lo hacen para evitar gobiernos de izquierdas, mientras que un 37,8% mencionan las ideas y propuestas del partido. El PSOE es el partido donde la brecha entre los que lo votan para evitar un gobierno de signo contrario y los que lo votan por sus ideas es más favorable para la primera razón. Esto nos indica la crisis de capital político que el partido tiene y las dificultades que enfrentará para sostenerse si la razón más poderosa para su voto es únicamente evitar un resultado que desagrada a sus votantes.

Por último, Aragón se apunta a un fenómeno que estamos viendo en otras autonomías. La alternativa para los votantes de la izquierda “estatal” es la izquierda “regional”. El resultado del CHA. Esto confirma que ahora mismo el escenario nacional ha transitado de tres bloques de derecha, izquierda y regionalismo/independentismo a dos bloques donde los dos últimos se han fusionado. No son solo alianzas parlamentarias sino un bloque poroso de electores.

Esto es un arma de doble filo. Por un lado, permite que muchos de los votos de la izquierda desanimada no se vayan a la abstención. Esto mantiene vivas las esperanzas del bloque. Por otro lado, complica la dinámica parlamentaria, de la que esta legislatura está siendo un ejemplo constante. Las posibilidades de la izquierda pasan únicamente por un entendimiento con los partidos de ámbito autonómico.

Coda

Este ejercicio se hace con todas las salvedades posibles. Primero, extrapolar desde elecciones autonómicas a generales tiene riesgos, siendo las primeras unas elecciones de las que llamamos de “segundo orden”. Segundo, porque el carácter de oráculo de Aragón se ve más limitado cuando estamos en un escenario fragmentado y más multipartidista. Aragón, por ejemplo, tal vez siga siendo capaz de predecir quién es el partido más votado, pero eso tiene menos valor si formar gobierno ya no pasa por ser la fuerza que salga primera de las urnas. Aun así, y con todas estas cautelas, el ejercicio sigue mereciendo la pena como termómetro para intuir hacia dónde se mueven las corrientes de fondo de la política nacional.

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