World News in Spanish

El mundo en el 2030 y el lugar de México

¿Cuál será el peso relativo de las grandes economías del mundo cuando termine esta década y qué relevancia puede tener ese hecho para México?

Las proyecciones de mediano plazo del FMI permiten trazar una línea clara para cuatro grandes polos: Estados Unidos, China, la Unión Europea e India.

El primer dato relevante es que en este lapso el crecimiento global no se acelera. Para el periodo 2026-2030, el FMI perfila un crecimiento promedio del PIB global de 3.2% anual en promedio.

No es recesión, pero tampoco una década “fácil”: es un entorno donde el avance va a depender más de productividad, tecnología, demografía y estabilidad institucional que de ciclos benignos.

En ese marco, Estados Unidos se mantiene como el motor de referencia… pero ya no como el único que marca el ritmo.

La actualización del FMI de enero de 2026 revisó al alza su estimado de crecimiento para este año a 2.4%, impulsado por estímulo fiscal y tecnología, pero la trayectoria 2026-2030 converge hacia 2.0% promedio, con una economía que seguirá innovando y atrayendo capital, aunque con restricciones estructurales: envejecimiento, deuda pública creciente y un entorno político que ha convertido la política comercial en herramienta política. Su liderazgo en inteligencia artificial, sin embargo, le otorga ventajas difíciles de replicar.

China aparece en una transición profunda: de la era del crecimiento explosivo a la del crecimiento alto pero decreciente. Tras la revisión al alza a 4.5% para 2026, el FMI la coloca cerca de 3.9% promedio entre 2026 y 2030, con una pendiente a la baja hacia el final del periodo. Es un cambio de modelo: menos impulso inmobiliario, más competencia tecnológica, más fricciones comerciales y una demografía que ya no ayuda.

La Unión Europea, en conjunto, es el caso de la inercia: 1.4% promedio para 2026-2030. Eso significa que Europa seguirá siendo un bloque enorme, sofisticado y regulatoriamente influyente, pero con menor dinamismo relativo por envejecimiento, menor crecimiento potencial y el reto de financiar simultáneamente transición energética, rearme y competitividad industrial frente a China.

Y luego está India, el gran diferenciador: 6.4% promedio en 2026-2030, con una inercia notable. El mundo tendrá un nuevo polo de demanda y manufactura, apoyado en demografía, urbanización y digitalización, aunque con el desafío clásico: convertir crecimiento agregado en prosperidad per cápita y empleos de alta productividad.

Estas velocidades distintas se traducen en cambios de peso en la economía global. En PIB nominal (dólares corrientes), el FMI sugiere que entre 2026 y 2030 Estados Unidos baja su participación de alrededor de 26.6% a 25.7%, apenas nueve centésimas de punto porcentual.

La UE retrocede de 17.5% a 16.6%, mientras China sube de 17.1% a 17.9% e India avanza de 3.9% a 4.7%.

¿Implicaciones? Tres. Primera: la disputa económica será menos por “quién crece” y más por quién fija estándares (tecnología, datos, carbono, subsidios, seguridad económica).

Segunda: el capital se moverá buscando productividad y certidumbre; el costo de la inconsistencia institucional será mayor.

Tercera: la política comercial seguirá siendo un instrumento de poder, no solo una variable económica—y eso eleva la prima de riesgo para países altamente integrados a una sola economía.

Para México, la lectura es directa. Si Estados Unidos crece a un paso moderado pero sigue concentrando inversión y demanda, nuestra oportunidad sigue siendo la misma: ser el socio confiable y competitivo del mercado norteamericano.

Pero esa oportunidad ya no se captura solo con geografía: se captura con energía suficiente y barata, logística, Estado de derecho, capacitación laboral y reglas estables para invertir.

Al mismo tiempo, el ascenso de India implica un doble reto: es mercado potencial, sí, pero también competidor en manufactura y servicios globales.

Y una Europa más lenta refuerza la idea de que la diversificación comercial es necesaria, aunque el gran “ancla” seguirá siendo Norteamérica.

En pocas palabras: el mundo 2026-2030 será de crecimiento razonable y competencia dura.

México puede ganar si reduce su propia incertidumbre —la que sí controla—, la interna, y convierte el nearshoring en productividad real, no solo en narrativa.

Al final de esta década, Estados Unidos seguirá siendo el polo del poder mundial.

Si logramos entendernos para atraer inversiones que aprovechen esa circunstancia, el crecimiento económico del país podría sorprender a muchos.

Читайте на сайте