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Siempre hay tiempo para no caer

Sensibilizar a adolescentes y jóvenes sobre los riesgos del consumo de drogas a través del arte y la participación comunitaria, es el objetivo principal de la campaña nacional contra las drogas Para no caer, una iniciativa promovida por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y la Egrem, e iniciada este jueves en el preuniversitario Manolito Aguiar, de Marianao.

El lanzamiento tuvo un momento simbólico con la presentación del videoclip del tema homónimo del dúo Buena Fe, cuya letra se convierte en himno de esta cruzada preventiva, a cuyo comienzo asistió Meyvis Estévez Echevarría, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC.

La doctora Elizabeth Céspedes Lantigua guio el franco intercambio, donde decenas de estudiantes del preuniversitario escuchaban en silencio cada una de las historias. «Está semana plantó la enfermedad adictiva su bandera de derrota sobre el cadáver de uno de los pacientes. Las adicciones tienen tres finales, la muerte, la prisión o la locura», advirtió.

«También está el lado opuesto, la alfombra roja, que es un alta de excelencia, es un alta que reconoce a un guerrero porque se ha batido y ha superado grandes retos». La especialista introdujo a un grupo de jóvenes del Centro de Deshabituación de Adolescentes (CDA). Los muchachos contaron su verdad, sin filtros, para que otros no repitan su historia.

Xavier Delgado Rojas terminó el 12mo. grado en ese mismo instituto. Luego la enfermedad le interrumpió los estudios. «Tengo 22 años y he perdido cuatro de mi vida por culpa de las drogas. Me estanqué sin poder progresar por culpa del consumo», expresó al ponerse de pie frente a los presentes. Xavier habló de lo que perdió y de lo que ahora intenta recuperar.

Por su parte, Deniel Echavarría Montero, líder positivo del centro de rehabilitación, también estudió en el Manolito Aguiar. Hace un año y ocho meses que empezó su lucha contra las adicciones. No solo contra las drogas, también contra el juego.

Había sido expulsado de la escuela, su conducta era la de un adicto activo. Pero logró reinsertarse, hizo sus pruebas de ingreso y en septiembre de 2026 comenzará la carrera de Medicina. «Recuperé la confianza de mi familia», dijo. «Ahora a mi casa no van a tocar la puerta para decir que debo dinero o tengo el teléfono empeñado. Ahora voy a mis terapias, salgo con amigos verdaderos y no bebo».

La doctora explicó que esta semana se incorporaron seis nuevos guerreros al tratamiento. Entre ellos, Jesús Ernesto Piedra Lobaina, quien lleva seis días de abstinencia. Su cuerpo tiembla, no duerme, pero está allí, dando la batalla. Otro de los participantes en el intercambio fue Leandro Noa Molina, quien llegó al CDA con 15 primaveras. Este año cumplió 16. «Soy un adicto, de los niños de mamá y papá que lo tienen todo. Llegó un momento que lo material para mí no valía nada, dejó de importarme todo, incluso mi familia».

Detrás de las palabras de estos muchachos está el dolor de los suyos, la oscuridad de la adicción y, al mismo tiempo, la luz de quienes eligen renunciar a todo por recuperar su vida. En el público se vieron rostros sinceros, miradas tristes y ojos llorosos. Hubo jóvenes que se sintieron identificados. Y allí mismo, en ese auditorio, se abrió una puerta para pedir ayuda. Porque si algo dejó claro este encuentro es que ningún adicto activo tiene buena conducta, pero también que la rehabilitación es posible. Es un esfuerzo, una valentía, una renuncia dolorosa. Pero es, en definitiva, posible.

Cuba no se detiene. En medio de las adversidades, sigue apostando por su juventud, por su educación y por su formación. La valentía de esos muchachos habla de un sistema de salud que no abandona y de profesionales que confían hasta la última batalla. Para no caer no es solo una canción. Es un grito de guerra, una mano tendida y la certeza de que siempre hay tiempo para volver a empezar.

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