La ruta con puentes colgantes que no hay que perderse en Sierra Nevada
A unos ocho kilómetros de Granada , en la vertiente noroeste del Parque Natural de Sierra Nevada, se encuentra el municipio de Monachil, tierra de nieves con mucho encanto. El casco urbano de su pueblo se distribuye en terrazas fluviales a ambas laderas del río, cuenta con un amplio patrimonio histórico y artístico del que destacan la iglesia de la Encarnación, templo del siglo XVI de estilo mudéjar, la Casa de los Señores de Aragón, la única vivienda señorial que se conserva, y el Convento-seminario Nuestra Señora del Buen Consejo de los Padres Agustino Recoletos, que construido a principios del siglo XX funcionó inicialmente como una fábrica de telas. Pero, es su gran valor natural y paisajístico, a descubrir con diferentes rutas senderistas, lo que más destaca en este rincón andaluz, pues bajo su término están lugares tan señalados como el pico Veleta o la estación de esquí granadina. Uno de los itinerarios más interesantes de municipio a apuntar es la Ruta de Los Cahorros. A lo largo de los siglos, el río Monachil ha excavado en la roca caliza de su tramo final –antes de llegar al pueblo– una cerrada, espectacular e hipnótico paisaje conocido como Los Cahorros que ha dado pie a una de las rutas más bonitas de toda Granada. Este itinerario permite caminar por el fondo de la misma en un recorrido que incluye puentes colgantes, cuevas y estrechos pasos abrigados por gigantes muros de roca. Existen varias opciones para realizar esta aventura, como la que va por sus eras y regresa por el Camino de la Solana, desde donde se obtienen unas maravillosas vistas del cañón y su entorno. El pueblo es el punto de salida de esta ruta en la que se comienza caminando junto al río. Tras una breve subida se llega a la primera de las eras, la de Portachuelos, vestigio de un pasado de cultivos de secano, trigo, centeno, espelta, avena e incluso cebada. El itinerario prosigue descendiendo entre huertas y cortijos con numerosos frutales dirección Cahorros Altos y subiendo una gran pendiente hasta las eras de los Renegrales. Desde este punto ya se pueden obtener panorámicas realmente buenas del cañón donde es común ver gente practicando escalada. Una vez adentrados en el desfiladero y habiendo pasado las ruinas de la casa del guarda de la antigua central eléctrica llega el primer puente colgante con 63 metros de longitud que salva el río y que lleva al inicio de la parte más angosta. En algunos tramos se pueden ver como cornisas que acercan aún más las imponentes paredes que pudieron estar unidas tiempo atrás formando un gran y claustrofóbico túnel horadado por el agua y que se puede ver al llegar al túnel de las Palomas. Las Azuelas esperan a la salida del cañón, un paraje más abierto donde se encuentra un segundo puente más pequeño. Aquí, se puede realizar una parada para descansar y reponer fuerzas o, para los que prefieran un poco más de tranquilidad pueden acercarse a la Fuente las chorreras, a la que se sube por un sendero paralelamente a la derecha del canal. La vuelta se realiza por un camino que discurre tras pasar el río por el Puente de Las Chorreras, por su margen derecho, y conduce hasta el punto más alto desde donde se obtiene la mejor vista de Los Cahorros. Con la galería del móvil llena, es momento de continuar por una zona agreste, dejar atrás el Cortijo del Cerrillo para acabar dando con el camino de la Solana que desciende hasta Monachil. Esta excursión es perfecta para realizar en una mañana y aprovechar la tarde para descubrir otros tesoros de la zona y probar su exquisita gastronomía.