Harald de Noruega celebra su 89º cumpleaños sin rastro de Mette-Marit
El rey Harald de Noruega cumple este sábado, 20 de febrero, 89 años. Lo hace en un momento especialmente convulso para la monarquía de su país, acosada por los escándalos de la princesa Mette-Marit y con el juicio de su nieto Marius Borg en plena ebullición. Pero a pesar de eso -o quizá por ello- mantiene viva su agenda institucional y los viajes, todo un mérito teniendo en cuenta sus problemas de movilidad y la debilidad de su corazón. La Corona noruega no suele tener muchos motivos de celebración últimamente, por lo que el aniversario del rey Harald se presenta como una buena oportunidad de distraerse con algo cordial, y un cumpleaños así lo es. Para celebrarlo, la Casa Real publicó un mensaje en sus redes con un texto de felicitación y una fotografía en la que una cosa llamó poderosamente la atención. Por omisión. «¡Feliz cumpleaños a Su Majestad el Rey Harald!», comenzaba el texto. Hoy el Rey cumple 89 años - te felicitamos y deseamos una gran celebración», añadía junto a una imagen en la que aparecía el rey Harald junto a su hijo Haakon y su nieta Ingrid, una fotografía que fue tomada a principios de este invierno con moitivo de la celebración del cumpleaños de la princesa. Ni rastro de Mette-Marit. Tampoco de Marius Borg, obviamente. Efectivamente, Harald de Noruega cumple este sábado 89 años. Es el monarca europeo de mayor edad y se mantiene completamente activo a pesar de su longevidad, sus dificultades para desplazarse -hace tiempo que usa muletas-, sus operaciones cardíacas, un cáncer de vejiga y más. A estas alturas, no parece que por su cabeza pase la idea de abdicar en favor de su hijo Haakon. Y eso que no puede haber un momento más propicio que este, cuando quitarse de en medio podría ser la perspectiva más sencilla. Lo que es seguro es que no será el cumpleaños más feliz, pues ha tenido tiempos mejores. Más allá de su salud, lo que tiene a su alrededor es todo un cuadro de dolor. El juicio de Marius Borg ha comenzado y cada detalle que aparece es más escabroso que el anterior. Lo esperado, no obstante, si se tienen en cuenta que su nieto está siendo juzgado por más de 30 delitos, incluyendo el de presunta violación. Pero es que, para rematar, en las últimas semanas ha tenido que pasar la vergüenza de ver cómo Mette-Marit, la mujer de su hijo y heredera al trono, ha sido relacionada con Jeffrey Epstein tras aparecer en sus papeles. Ella ha reconocido la «vergüenza» del hecho. Mientras tanto, Harald y su mujer, Sonia de Noruega, han mantenido activa la actividad institucional, aunque en el más absoluto de los silencios. Como si nada estuviera pasando. «Que hable la justicia», es el mensaje de la Corona. Harald fue el primer príncipe nacido en Noruega en 567 años y a su nacimiento se aseguró la línea de sucesión en la nueva monarquía noruega. Con tan solo tres años se vio obligado a abandonar su país natal debido a la invasión nazi de 1940 y estuvo exiliado junto a su familia en Estados Unidos durante cinco años. El regreso de la Familia Real noruega fue triunfal y se festejó por todo lo alto. Después se convirtió en príncipe heredero y desde 1991 se convirtió en una especie de ‹padre de todos los noruegos', una figura que infundía respeto y orgullo. Siempre ha permanecido al pie del cañón, por más que el paso del tiempo haya erosionado su salud. En 2003 superó un cáncer de vejiga, dos años después fue operado del corazón y le implantaron una válvula artificial, y en 2024 le pusieron un marcapasos permanente después de sufrir una infección mientras estaba de vacaciones en Malasia. Mala cosa para su débil corazón es tener que leer cada día algún escándalo relacionado con su familia y los comentarios sobre el eventual valor de una monarquía socavada por las críticas. Quizá por eso mantiene un plan vital e institucional tan activo, con frecuentes viajes de representación y ocio, Por ejemplo, estuvo recientemente en Milán para dar apoyo y ánimos a los deportistas noruegos en los Juegos Olímpicos de Invierno. Aunque no parece tener ganas de dejarse ver junto a Mette-Marit. Por lo que sea.