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El teletrabajo llegó para quedarse

Uno de los principios fundamentales en el trabajo es, precisamente, la progresividad. Como seres humanos, apostamos a la mejora, no solo en el ámbito laboral; esta es una máxima de la humanidad. A nadie le gusta el retroceso en ninguna etapa de su vida.

La pandemia de covid-19 enseñó que, gracias al desarrollo tecnológico y a la implementación del teletrabajo –una nueva forma de desempeñar las labores, incluso de manera más efectiva y económica para todas las partes de la relación laboral–, era posible mantener el empleo realizándolo de forma remota.

Ello llevó, en el empleo público y con invitación para el privado, a una política de empleo muy acertada y visionaria de primer mundo. Don Rodrigo Chaves Robles, en su condición de presidente de la República, junto con sus entonces ministras de Trabajo y Planificación, Marta Esquivel Rodríguez (hoy diputada electa) y Laura Fernández Delgado (presidenta electa del país), posicionó el teletrabajo como “modalidad ordinaria” mediante la directriz N.° 002-MTSS-MIDEPLAN, el 14 de junio de 2022.

Entre los aportes que ha obtenido la ciudadanía, en aquellos casos en que es dable esta modalidad –bajo el resguardo de la continuidad del servicio público–, se tienen: l) La Comisión Institucional de Teletrabajo (CITT) creada por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social desde 2020, concluyó que el 92,8% de las personas funcionarias tenían un grado de satisfacción por esta modalidad y una mejora en la comunicación con sus jefaturas, junto con un aumento de productividad cercana al 30%. ll) Se ha demostrado que hubo una disminución de 50% en el abandono y el desgaste laboral. lll) Evidencia de ahorro en gastos de transporte, alimentación y hospedaje; por ende, un mejor aprovechamiento de los recursos económicos y de la gestión pública. lV) Mejora para el medio ambiente por la reducción de las emisiones de dióxido de carbono. V) Beneficio directo en la calidad de vida personal de la ciudadanía incorporada al mercado laboral, pues puede dedicar más tiempo a asuntos familiares, de salud, deporte, cultura y educación.

A partir de las consideraciones expuestas, resulta jurídicamente innegable que el teletrabajo ha dejado de ser una medida coyuntural para consolidarse como una práctica laboral que genera beneficios objetivos y verificables tanto para las organizaciones como para las personas trabajadoras y los usuarios de los servicios públicos.

La evidencia demuestra ahorros significativos en costos operativos y laborales, una reducción sustancial en los tiempos de traslado, mejoras palpables en la calidad de vida de quienes teletrabajan y un impacto positivo en la disminución del tránsito vehicular y la huella ambiental.

Mantener esta política pública como modalidad ordinaria en las instituciones públicas no solo es razonable sino necesario. También es vital irla posicionando en el sector privado, dándole a estos mayores incentivos para su desarrollo, tales como exoneraciones, sellos laborales de reconocimiento y otros beneficios.

Ciudad Gobierno

Estas consideraciones deben servir también a la hora de crear Ciudad Gobierno, pues la construcción de las instalaciones debe contemplar esta modalidad laboral (el teletrabajo). Bajo esta idea, ya no solo se concibe la creación de moles de cemento para albergar a miles de personas en espacios hacinados, como sucedía antes. Por el contrario, se debe pensar en oficinas de trabajo compartidas y flexibles, en espacios inteligentes con suficiente tecnología (Internet, impresoras comunes, etc.) y zonas verdes, en pro de la salud ocupacional y el fomento de la colaboración, el networking y el ahorro de costos en comparación con las oficinas tradicionales del siglo pasado.

La continuidad del teletrabajo como modalidad ordinaria y la creación de ciudades inteligentes como complejos arquitectónicos que concentren los servicios públicos para facilitarle la vida a la población y ahorrar en alquileres, vienen a constituir una política pública coherente con los principios de eficiencia administrativa, modernización del empleo público, resguardo de las finanzas públicas y, por supuesto, la tutela del derecho al trabajo en condiciones dignas.

El país se ve así obligado a abandonar los esquemas rígidos y presenciales que ya no responden a las necesidades y demandas de las nuevas generaciones de trabajadores, ni a las realidades sociales, tecnológicas y laborales del presente siglo.

Es que al trabajo no necesariamente se debe ir. Lo vital es hacerlo de la manera más eficiente, digna y con responsabilidad social.

erickbriones18@gmail.com

Eric Briones Briones es doctor en Derecho Laboral y docente.

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