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La Luna se encoge y el nuevo mapa revela más zonas con riesgo de sismos

La Luna se encoge desde hace millones de años. No es una metáfora. Es un proceso geofísico real que los astrónomos siguen con atención. En los últimos 200 millones de años, el satélite perdió cerca de 50 metros en su radio. Esto ocurrió porque su interior se enfrió y se contrajo.

Ahora, un nuevo estudio amplió la lista de zonas que podrían registrar sismos lunares. La investigación analizó cientos de estructuras tectónicas jóvenes distribuidas en las planicies basálticas conocidas como mares lunares.

El hallazgo surge del primer mapa detallado de pequeñas crestas tectónicas en los mares lunares. El trabajo lo desarrollaron especialistas del Centro de Estudios de la Tierra y los Planetas del Museo Nacional del Aire y el Espacio (CEPS). El estudio se publicó en diciembre en la revista The Planetary Science Journal.

Los científicos ya sabían desde hace al menos 15 años que la Luna se contrae lentamente. En 2010, un equipo liderado por Tom Watters demostró que el satélite se encogía a partir del análisis de escarpas conocidas como fallas de presión.

Estas estructuras se forman cuando la corteza rígida se fractura y se comprime por la pérdida de calor interno.

La Luna no tiene placas, pero sí tiembla

A diferencia de la Tierra, la Luna no posee placas tectónicas móviles. Sin embargo, eso no impide que su superficie tiemble. Desde las misiones Apollo se conoce que el satélite experimenta lunamotos.

El motor de esos temblores es el enfriamiento progresivo del interior lunar. A medida que el calor se disipa, el volumen total disminuye. La corteza responde con fracturas y compresiones.

Las fallas de presión aparecen sobre todo en las tierras altas claras. Se consideran estructuras jóvenes. Muchas se formaron en los últimos millones de años.

El nuevo estudio se enfocó en otro tipo de estructura. Se trata de las small mare ridges (SMRs). Son pequeñas crestas ubicadas exclusivamente en los mares lunares, como el Mar de la Tranquilidad.

El catálogo identificó 1.114 segmentos de SMRs en la cara visible de la Luna. Con esta cifra, el total conocido ascendió a 2.634.

Los investigadores estimaron que estas crestas tienen una edad promedio de 124 millones de años. Las fallas de presión presentan una media de 105 millones de años. Ambas se ubican entre las estructuras geológicas más jóvenes del satélite.

Un mismo origen estructural

El análisis indicó que las SMRs se forman por el mismo tipo de falla que origina las escarpas en las tierras altas. En varias regiones se observó una transición directa. Las escarpas se prolongan y se transforman en crestas al llegar a los mares basálticos.

Según el investigador Cole Nypaver, el hallazgo representó un avance conceptual. Señaló que, desde la era Apollo, se conocían las fallas en tierras altas. Sin embargo, esta fue la primera documentación amplia de estructuras similares en los mares lunares.

Agregó que el trabajo permitió una perspectiva global del tectonismo lunar reciente. También indicó que el estudio aporta información sobre el interior, la historia térmica y sísmica del satélite, así como sobre el potencial de futuros lunamotos.

Más zonas bajo tensión

Investigaciones previas establecieron una relación entre la actividad tectónica y los sismos lunares. Si las SMRs comparten el mismo origen estructural, los mares lunares también podrían concentrar fuentes de temblores.

El portal Live Science destacó que la contracción lunar continúa y produce deformaciones recientes. Esto implica que la actividad sísmica podría persistir.

La ampliación del inventario de fuentes sísmicas abre oportunidades científicas. También obliga a actuar con cautela.

La posibilidad de instalar bases humanas en la superficie lunar exige conocer qué zonas presentan mayor estrés tectónico. Esta información resulta clave para la planificación.

El momento es estratégico. Programas como Artemis proyectan llevar astronautas a la Luna en esta década.

Nypaver indicó que los próximos programas de exploración aportarán una gran cantidad de datos. Señaló que una mejor comprensión de la tectónica y de la actividad sísmica beneficiará la seguridad y el éxito científico de futuras misiones.

*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.

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