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El reto de crear un paseo entre copas de árboles sin inundar ni cortar el punto más conflictivo de la M-30

Abc.es 
Hace apenas unos días que las fuertes rachas de viento y las incesantes lluvias dan paso a los cielos despejados. El sol se impone en esta mañana de mediados de febrero, dejando así trabajar en mejores condiciones al personal de la obra. En realidad ni siquiera el temporal en Madrid ha frenado el avance del que promete ser uno de los proyectos de la capital más importantes de este mandato: el futuro parque de Ventas, que cubrirá un tramo de la M-30 para unir el distrito Salamanca con el de Ciudad Lineal creando paseos entre las copas de los árboles. Sobre el terreno, el equipo de obra explica a ABC los entresijos del proyecto, su peculiaridad por situarse en el punto «más conflictivo de toda España» a nivel de tráfico y el rompecabezas que supone avanzar sin cortar el paso a los 350.000 vehículos que circulan al día. Y sobre todo cómo se lidia con las pequeñas inundaciones del río que fluye bajo la vía, cómo se sortean los cientos de árboles con un siglo de vida para salvarlos o cómo se solventan otros imprevistos que en todo caso, con mucho «sudor» y esfuerzo, los máximos responsables logran superar sin que el madrileño se percate. Una de las soluciones a estos desafíos pasa por centrar el grueso de las obras en horario nocturno. Si de día los trabajadores no alcanzan el medio centenar, por la noche se triplican, sobre todo entre las 23.00 horas y hasta poco antes de las 6.00 de la mañana. «El trabajo diurno es una caricatura al lado del de la noche», señala el Jefe de Servicio de Estructuras del área de Obras y Equipamientos, Javier Nájera, en referencia al puñado de personal que desde este mes trabaja en otro hito importante, que es el de hormigonar la estructura sobre la que descansará el futuro parque «flotante», de 197 metros y que pesará unas 110.000 toneladas. Sin embargo, como la casa no se empieza por el tejado, hasta llegar a este hito primero se ha tenido que trabajar en la estructura y, con ello, enfrentarse a los primeros obstáculos. Tuvieron que solventar pequeñas inundaciones que se ocasionaron al cavar 20 metros bajo el suelo, condiciendo con el paso del arroyo Abroñigal, para poder instalar las vigas sobre las que reposará el parque: las más grandes tienen 40 metros de longitud y 2,40 de ancho y pesan unas 200 toneladas. De ser otra zona, el contratiempo no habría sido tan grave. Pero precisamente por tratarse de la M-30, la orden siempre ha sido la de que la circulación debe funcionar con normalidad a partir de las 6.00 horas de la mañana. «El río nos ha generado quebraderos de cabeza, pero día a día se han ido resolviendo», señala Nájera con el apoyo del equipo que le acompaña durante la visita y que narra cómo 60 minutos antes de que llegara la hora indicada debían comenzar a limpiar la zona, entre muchas presiones de diferentes mandos. Una vez superados los primeros cuatro meses de obras, en los que se llegó a ocupar parte de la calzada de la M-30 para avanzar durante el día en la instalación de pilotes y pilas, han ido surgiendo retos nuevos. Como es el tratar de salvar los numerosos árboles centenarios que ocupan las laderas a ambos lados de la vía. El objetivo del ayuntamiento es el de evitar a toda costa su tala. Por ello, el proyecto se ha ido adecuando al recorrido de los ejemplares ya existentes. De este modo, las ocho pasarelas —cuatro a cada lado— que ya se están levantando para unir ambos distritos a través del parque toman formas irregulares para ir sorteando los ejemplares. «Es como dar un paseo entre las copas de los árboles único en Madrid», comenta el equipo mientras cruza una de las estructuras, aún por concluir. Ello concede a este proyecto otra peculiaridad. A diferencia de otras obras en marcha como la de Castellana , aquí no se trasplantan para salvarlos sino que se dejan en su sitio. También, en contraste a otros proyectos como la de la A-5 , el parque de Ventas no supone un soterramiento de la vía sino una cubrición. Esta diferencia hará que el ruido del tráfico rodado de la M-30 no vaya a eliminarse, aunque sí reducirse. Para mitigarlo, se instalarán pantallas acústicas y vegetales. Los propios expertos sostienen que esta fórmula no se puede igualar al efecto de un túnel y ven «difícil» calcular cuánto ruido quitarán las pantallas. Eso sí, apuntan a un componente psicológico: «El hecho de estar viendo un parque y las zonas verdes ayuda a no escuchar el tráfico». No solo el parque servirá de pulmón verde. También lo harán las dos laderas laterales en cuya mejora ya se trabaja. El parque Sáncho Dávila, servirá para dar continuidad al distrito de Salamanca. En este lado, el Ayuntamiento de Madrid también ha acometido obras en las calles adyacentes, ampliando aceras, mejorando la iluminación y las plazas, a petición de los vecinos. Incluso, incorporando nuevos bancos que sirvan de mirador al futuro parque de Ventas. En el lado contrario, el parque Antonio Pirala dará continuidad a Ciudad Lineal y, de paso, adecentará los equipamientos deportivos al aire libre. Si bien se ha tratado de no talar árboles, en esta zona se han visto obligados a eliminar una alineación de chopos que estaban «podridos». En definitiva, ambas laderas están siendo adecentadas y culminarán en las pantallas acústicas mientras que las pasarelas flotarán sobre ellas para conectarse con el parque. Una vez se finalice con el trabajo actual de hormigonar la cubierta, los operarios pasarán a urbanizar el futuro. A partir de abril, se echará tierra sobre el bloque de metro y medio de hormigón. Sobre ella se habilitarán zonas peatonales, ajardinadas y estanciales en las que se plantarán 960 nuevos árboles y más de 48.800 arbustos. Además, habrá más de 2.150 metros cuadrados de praderas y se instalarán juegos infantiles, equipamientos de calistenia, una pequeña zona de actuaciones al aire libre con un graderío de poca altura y un auditorio, dos quioscos, fuentes, bancos y papeleras. Asimismo, se dotará al nuevo espacio de alumbrado tipo led de alta eficiencia energética. El futuro parque de Ventas no responde a otros modelos de la capital. No tendrá el tráfico bajo túnel, como en Madrid Río o Plaza de España; no habrá árboles 'voladores' como el de la Castellana ni se corta su circulación durante meses provocando las quejas de los vecinos, como en la A-5. Este proyecto busca replicar «a lo grande» el primer puente que se construyó hace dos décadas para unir a los vecinos de ambos distritos. Se trata, por tanto, de romper una histórica brecha urbana y, de paso, revalorizar una zona presidida por la mayor plaza de toros de España.

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