Del milagro olímpico al sainete político
Después de las victorias olímpicas de Estados Unidos en hockey, un chiste machista de Trump y una celebración inapropiada del director del FBI acabaron eclipsando el protagonismo de las y los jugadores. Cuando Donald Trump llamó para invitarles a la Casa Blanca, comentó en tono de burla que tendría que invitar al equipo femenino si no quería enfrentarse a un nuevo 'impeachment'. La selección femenina declinó más tarde la invitación del presidente. Hacía 46 años del último oro olímpico masculino de Estados Unidos en esta disciplina y lo que podía haber sido una celebración histórica se ha convertido en otro esperpento político con la firma de Trump.
Coincidiendo con este episodio, quizá resulte oportuno retroceder 46 años gracias al documental ‘Milagro olímpico. El equipo de hockey sobre hielo de 1980’, una producción de Netflix que rememora aquella primera medalla de oro de hockey en los Juegos de Invierno de Lake Placid. Entonces, por normativa, los profesionales de la NHL no podían participar en los JJ.OO. y la selección estadounidense estaba formada por jugadores universitarios que no cobraban por jugar. En semifinales se enfrentaron a la selección soviética. Políticamente, el contexto era tenso: en plena Guerra Fría, aquel partido era mucho más que hockey. Simbolizaba, en palabras de algunos de los protagonistas, una forma de vida contra la otra. Cuarenta y cinco años después, esos jugadores regresan a Lake Placid invitados por el documental y rememoran aquellos días. La producción, de casi dos horas, es un relato demasiado plano, cronológico y sin intrahistoria que lo singularice. El propio título resulta engañoso porque insinúa un enfoque heroico, excepcional y diferente que la narración nunca llega a asumir. Desde el punto de vista narrativo, el resultado es algo decepcionante. Los momentos más emotivos llegan cuando los jugadores se observan a sí mismos de jóvenes, celebrando el oro junto a sus padres y hermanos.
Además, el documental solo recoge el testimonio de los jugadores estadounidenses y homogeniza el recuerdo. No incorpora la voz de los soviéticos ni de los finlandeses, a quienes vencieron en la final. El resultado es un relato patriótico previsible e insustancial. Quizá por eso, es muy comprensible que quien quiera celebrar por todo lo alto una gesta del hockey, se entregue sin complejos al maratón de la sexy-serie ‘Heated Rivalry’.]]>