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Jean Valjean antes de ser el Jean Valjean de 'Los Miserables': el prólogo de un héroe de la literatura universal

Abc.es 
Para algunos, la revolución tiene que llevar algún signo de violencia; para otros, comienza con un acto de misericordia. Antes de convertirse en uno de los grandes personajes de la literatura universal, Jean Valjean fue simplemente un hombre al que nadie quería acoger. 'Los Miserables: El origen' llega a los cines como una historia sobre las segundas oportunidades. Dirigida por Éric Besnard y ambientada en la Francia de 1815, la película regresa al arranque de la novela de Victor Hugo para detenerse en el instante decisivo en el que Jean Valjean , tras 19 años de condena, debe elegir entre el resentimiento o la redención. ABC ha hablado con su director sobre este origen que, más que un prólogo literario, funciona como una parábola moral sobre la mano tendida. La película aborda precisamente esa metáfora inicial, las primeras páginas de la novela, como núcleo de todo lo que vendrá después. «El origen de este proyecto es el amor que tengo respecto a Victor Hugo… siempre he pensado que era una obra demasiado monumental. Y yo lo que quería hacer es hacer una película sobre el humanismo de Victor Hugo. Las primeras 50-80 páginas de 'Los Miserables' me parecían una metáfora magnífica de la mano tendida necesaria y la segunda oportunidad que todo el mundo debería tener», respondió el director. La sinopsis es conocida, pero aquí adquiere un peso distinto: Francia, 1815. Jean Valjean sale de prisión tras casi dos décadas de trabajos forzados por robar un pan. Nadie quiere alojarlo. Nadie quiere tocarlo. Nadie quiere mirarlo. Hasta que el obispo Myriel le abre la puerta de su casa. La película aborda así la figura de un hombre marcado por la condena pública antes incluso de haber podido demostrar quién es. Besnard matiza la lectura simplista del delincuente redimido y pone el foco en la desproporción de la pena y en la violencia estructural que ha moldeado al personaje: «Yo creo que es una persona que ha sido víctima de un error judicial. Porque robar pan para alimentar a los niños y recibir esta condena es un error judicial. Durante 20 años ha sufrido la violencia, la injusticia y todo el mundo le considera un personaje peligroso. Y al final acaba dando la imagen que uno le presta. Se cierra, se convierte en un hombre difícil, se convierte en la representación que tenemos de él. La película se construye un poquito basada en la resistencia al bien, a la porosidad al bien». La película aborda de manera frontal la idea de la misericordia, encarnada en el obispo Myriel, como una fuerza más poderosa que el castigo. No es un gesto piadoso aislado, sino una cadena de consecuencias. Ese encuentro nocturno, una cena, una cama, unos candelabros, desencadena la transformación del que llegará a ser uno de los grandes personajes de la literatura. Besnard insiste en que no se trata de una lección moral abstracta, sino de una invitación a actuar, incluso cuando el contexto parece inamovible. « Vivimos en una sociedad en la que cada vez más nos dicen que no hay nada que hacer, es demasiado complejo, pero siempre podemos hacer algo. Basta con una persona para cambiar a otra. Es lo que explica la película. El obispo cambia a Jean Valjean. Es un círculo virtuoso, una cascada increíble. Esto empieza solamente a partir de dos personas que se encuentran cara a cara. Este hombre va a cambiar a Jean Valjean, que se convierte en el héroe más grande de la literatura francesa. Porque un hombre le ha tendido la mano, creamos a ese héroe. Esto es lo que me parece que es apasionante», respondió el director. La película aborda también un conflicto menos visible, pero igual de devastador: la culpa interior. Jean Valjean no solo carga con una condena legal; arrastra la identidad que otros le han impuesto y que él termina por asumir. Hay una violencia más sutil que la de los grilletes: la mirada que reduce a una persona a un único rasgo. En ese sentido, la transformación no depende únicamente del perdón externo, sino de la capacidad de romper con la imagen en la que uno ha quedado atrapado. «Pienso, en el fondo, que nos convertimos en la imagen de lo que los otros quieren de nosotros. Lo peor de todo es la mirada de los otros, que nos va penetrando progresivamente y que nos clava a una identidad; dejarse encerrar en una imagen única es totalmente catastrófico. Hoy tenemos tendencia a resumir a las personas y limitarlas a su primera apariencia. Y todos los adolescentes del mundo lo saben perfectamente. A ellos no les gusta su imagen, porque la imagen que tienen de ellos mismos o que la sociedad les da no es exactamente la que quieren ser. Hay que ayudarles a abrirse», insistió. Aunque la historia original fue escrita en el siglo XIX, la película aborda una realidad que sigue resultando incómodamente actual: el rechazo al diferente, al que viene «de atrás», al que carga con un pasado. En tiempos de polarización y discursos simplificadores, el relato dialoga con una sociedad que a menudo etiqueta antes de comprender. Besnard conecta ese humanismo de Hugo con el presente y advierte sobre la fragilidad del debate público. « Vivimos en una sociedad cada vez más pasional … en la que la misma verdad está siendo atacada. La verdad científica, la verdad. Y las opiniones son más importantes que la verdad», explicó, al tiempo que insistía en la importancia de dar un salto y reconocer que esta obra no es para unos pocos. «Se trata de un discurso para todos. Y ha empezado por aquellos que están al lado incorrecto de la barrera, encerrados en su cólera. Y se trata, por lo tanto, de superar ese enfado y tratar de encontrar una voz. Es la otra problemática actual . Es decir, estamos en un proceso de victimización. Hay muchos avances que se llevan a cabo, pero si cada uno se define por el hecho de que es una víctima, no avanzamos. Será difícil avanzar porque uno seguirá siendo siempre esa víctima. Todos tenemos traumas, pero se trata de superarlos. No se trata de negarlos. Se trata de intentar superarlos», respondió el director. La película aborda la redención no como un relámpago repentino, sino como un proceso lleno de resistencia y recaídas. El gesto del obispo no convierte automáticamente a Valjean en un hombre nuevo. Hay una lucha interior, una obstinación en rechazar la bondad recibida, hasta que un último acontecimiento, la moneda arrebatada a un niño, actúa como detonante moral. Besnard huye de la conversión milagrosa para mostrar una transformación trabajosa y dolorosa. «Lo que es seguro es que incluso si hay momentos en los que uno toma conciencia de las cosas, pues no es algo binario. No podemos decir vamos a pasar de una cosa a otra, sino que es más bien un proceso lento… Tender la mano no es suficiente, hay que tenderla varias veces. Él se ha resistido, se ha resistido, se ha resistido a la bondad de ese hombre. Y de repente, la imagen que tiene de sí mismo es totalmente insoportable. Y a partir de ahí tiene que convertirse en el mejor de los hombres», explicó. Si algo caracteriza el cine de Besnard es ese humanismo que ya estaba presente en títulos anteriores y que aquí encuentra un material literario idóneo. La película aborda el encuentro como motor narrativo y moral: el cara a cara que desarma prejuicios, la diferencia que enriquece. En un mundo de burbujas ideológicas y trincheras digitales, el director reivindica la conversación como posibilidad de cambio. «Yo intento hacer un cine que sea el cine del encuentro, la idea es siempre el otro. Es decir, no tener miedo de la diferencia. Esta diferencia nos alimenta y nos permite ir más allá de esa pequeña burbuja. Quiero recordar cuál es el ADN de Francia. Esto es una película sobre el humanismo. Se trata de los pilares de nuestra manera de pensar y son pilares que se han visto atacados por el liberalismo de la posguerra, que se ha convertido en un liberalismo acelerado. Es solamente recordar un poquito de dónde venimos y que existen otros modelos y otros valores distintos a los valores que vemos a nuestro alrededor, que nos aplastan. Y eso es lo que intento hacer, de hecho», respondió el director. 'Los Miserables: El origen' no pretende competir con las grandes adaptaciones épicas ni con el imaginario musical que ha popularizado la historia en todo el mundo. Su apuesta es más íntima: regresar al instante en el que todo podía haber tomado otro rumbo. Antes de Fantine, antes de Cosette, antes de las barricadas. Solo un hombre exhausto y otro dispuesto a creer en él. En esa noche se juega no solo el destino de Jean Valjean, sino la posibilidad de que la misericordia sea, todavía hoy, una forma de resistencia.

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