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Es peculiar la forma que tenemos de ejercitar la memoria en el presente. Es una gimnasia tan fullera como ridícula, pues tiende a rescatar fragmentos deslavazados de distintos episodios. Cada uno se acuerda de lo que le interesa y pone el foco y el acento donde le da la gana. Pide luz y taquígrafos donde piensa que van a brillar sus sesgos y cruza los dedos para que las tinieblas fundan los haces que pueden arrebatarle con pruebas la razón. Nos hemos convertido en torturadores de la verdad, la retorcemos hasta que cante lo que queremos que cante, la desafinamos y la desafiamos a placer, la pensamos como un cachito de plastilina que se puede moldear y no como una... Ver Más