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Mushu y Keisy, los perros que trabajan para mejorar la salud mental en el Hospital Universitario de Bellvitge en Barcelona

Desde el complejo, buscan reforzar el bienestar emocional de los pacientes y complementar las intervenciones clínicas que forman parte del tratamiento

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Los pacientes ingresados en Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge cuentan con una nueva herramienta terapéutica: sesiones semanales de terapia asistida con perros integradas dentro del tratamiento que reciben en el centro. Con esta iniciativa que se ha puesto en marcha recientemente se busca reforzar el bienestar emocional de los pacientes y complementar las intervenciones clínicas que se hacen habitualmente como parte del tratamiento.

El programa se desarrolla en colaboración directa con el Centro de Terapias Asistidas con Canes (CTAC) y con el apoyo de Nestlé Purina España. Cada semana, perros especialmente adiestrados visitan el hospital para participar en sesiones terapéuticas con pacientes que padecen distintas patologías mentales, siempre acompañados por profesionales sanitarios.

Las sesiones se organizan en dos formatos: sesiones grupales de aproximadamente 60 minutos y sesiones individuales de unos veinte minutos. En ellas, los pacientes interactúan con los peludos dentro de un entorno terapéutico supervisado que busca fomentar su participación, mejorar su estado emocional y facilitar su implicación en el proceso de recuperación.

Mushu y Keisy, los primeros en participar

Entre los primeros perros que participan en este programa se encuentran Mushu, un samoyedo de seis años, y Keisy, una cavalier king Charles spaniel de tres años. Ambos han sido los pioneros en estas primeras sesiones que se han llevado a cabo, y forman parte de un grupo de doce perros con los que cuenta el CTAC para llevar a cabo intervenciones terapéuticas en distintos centros sanitarios.

La selección de los animales es un aspecto clave del programa. Según explican Montse Godoy, técnica especialista del CTAC que conduce las sesiones junto a las enfermeras del hospital, y el director del centro, Francesc Ristol, los perros se eligen inicialmente por su carácter y capacidad de adaptación al entorno hospitalario. “Nosotros no venimos a hacer tratamiento, sino que aportamos un recurso añadido para el abordaje terapéutico que hacen los y las profesionales sanitarios del hospital, y por eso es fundamental que los perros acepten situaciones con un posible estrés ambiental sin que les afecte de forma negativa. Por eso deben ser seleccionados y entrenados de forma adecuada”, señala Ristol.

La iniciativa forma parte de la estrategia del hospital para impulsar un cambio de paradigma en el modelo asistencial de salud mental. Según Lia Tamar Sánchez, jefa enfermera del Área de Neurociencias del Hospital de Bellvitge, la terapia asistida con perros se integra “con una intervención terapéutica complementaria estructurada y guiada social, además de optimizar la experiencia del paciente durante el proceso terapéutico”.

Sánchez destaca además que esta herramienta abre nuevas posibilidades para el trabajo del personal de enfermería. En concreto, permite “abordar la ansiedad, el estrés, el malestar emocional, facilitar la socialización y contribuir a reducir el aislamiento que conllevan muchas enfermedades mentales como la depresión, la esquizofrenia o los trastornos graves de ansiedad”.

El objetivo es mejorar el estado emocional de los pacientes

El programa, impulsado desde Enfermería del Hospital Universitario de Bellvitge, tiene un objetivo claro: mejorar el estado emocional de los pacientes y fomentar su socialización. También pretende que puedan experimentar cómo la interacción con animales de compañía puede ayudarles a mejorar su salud emocional y física cuando vuelvan a sus domicilios. Además, las sesiones, que son de carácter participativo, fortalecen el vínculo entre pacientes y profesionales sanitarios e incrementan la motivación para implicarse en actividades de autocuidado.

Diversas investigaciones apuntan que la terapia asistida con animales puede favorecer la activación conductual de las personas con trastornos mentales, incrementar la socialización y el establecimiento de relaciones interpersonales, reducir el malestar emocional y la sensación de soledad no deseada, así como una aceptación mejor de los programas terapéuticos.

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