Un puñetazo y 13 veces «hijo de puta»: la pelea más barriobajera de la historia
«Yo he venido aquí exclusivamente a ver si le rompo la cabeza». Y Jesús Gil, autor de la frase, casi lo consigue. El fútbol español vivió hace 30 años, 8 de marzo de 1996, un episodio tan inaudito como bochornoso. El sonrojo se resume en la entradilla de la información publicada al día siguiente en ABC : «El presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella, Jesús Gil y Gil, y el del Compostela, José María Caneda, protagonizaron ayer un digno espectáculo de un bar del oeste americano de hace un siglo. Ellos son el mejor ejemplo de las diferencias que existen hoy en el fútbol español entre los clubes grandes y pequeños. Las resolvieron por la vía del diálogo: 'Eres un chorizo'; 'Tú, un hijo de puta'; 'Eres un ladrón'. No faltó algo de boxeo, con un golpe de derecha de Gil y Gil al rostro de un protagonista secundario, el gerente del Compostela, José González Fidalgo». La secuencia resultó impactante, en la peor de las acepciones, por todas las circunstancias que la rodearon. Porque los protagonistas fueron los máximos dirigentes de dos clubes que militaban en la élite del fútbol español, ocurrió en la sede oficial de la entonces llamada Liga de Fútbol Profesional (LFP) —actualmente LaLiga— y la extrema violencia desatada se transmitió a toda España y al mundo a través de las vergonzosas imágenes y sonidos grabados por las cámaras de televisión. La violencia física se limitó al puñetazo que le propinó Gil al gerente del Compostela, José González Fidalgo, que no es baladí ni, por supuesto, admisible en modo alguno. Pero es que la violencia verbal proferida por boca de los tres protagonistas durante casi 5 interminables minutos de barbarie es un triste manual de exabruptos barriobajeros. En la edición de ABC del 9 de marzo se publicó una transcripción íntegra de la discusión. Un texto ruborizante en el que abundan los insultos y las faltas de respeto : «hijo de puta (13 veces)», «chorizo (10)», «payaso (2)», «montón de mierda», «ladrón (2)», «desgraciado», «mamarracho»... Una sarta de despropósitos que no precisa ni merece más explicación y comentarios. - Gil y Gil, a Caneda : «Hombre, ahí está el chorizo que se ha metido con mis votantes de Marbella, que se ha metido con mi club. Tú robas en el Compostela y yo dirijo al Atlético de Madrid». - Fidalgo : «Tú eres un hijo de puta». - Gil y Gil : «Hijo de puta lo serás tú». - Fidalgo : «El único hijo de puta lo serás tú, que eres un payaso, hostia». - Gil y Gil a Caneda : «Como vuelvas a mencionar Marbella te arranco la cabeza». - Caneda : «Pues digo lo mismo. Cuando quieras». - Gil y Gil : «¿Quieres que empecemos ya?» - Fidalgo a Gil y Gil : «No vuelvas a molestar a Caneda». - Gil y Gil a Caneda : «Olvídate de Marbella. Eres un chorizo». - Fidalgo a Gil y Gil : «Y tú, un hijo de puta». En ese momento, Gil y Gil se abalanza sobre Fidalgo y le alcanza con su puño derecho en el rostro. Sigue el cambio de ‘impresiones’ entre todos. - Gil y Gil : «Toma, toma, eres un hijo de puta y un ladrón». - Caneda : «Tú sí que eres un hijo de puta. Cuando vienes con guardaespaldas es cuando nos insultas». - Gil y Gil : «Y el nombre de Marbella no lo vuelves a utilizar en tu puta vida. Has faltado a los votantes de Marbella». En este momento, el presidente del Compostela se revuelve y hace ademán de lanzarse contra Gil y Gil, aunque el gerente del club gallego consigue controlarle al interponerse entre ambos. - Fidalgo a Caneda : «¡Quieto, presi, quieto! ¿Es que no ves que es un hijo de puta el que está aquí, hostia? ¡Que es un hijo de puta! - Caneda a Gil y Gil : «¡No me toques los cojones, mamón!». - Fidalgo a Gil y Gil : «Eres un hijo de puta, cabrón. Me cago en tu puta madre». - Gil y Gil : «Ha insultado a toda Marbella el hijo de puta éste, que es un ladrón y viene aquí mintiendo». Y a continuación, a Fidalgo: ¿Quién eres tú para dirigirte a mí? Desgraciado. Sois unos chorizos». - Fidalgo : «El chorizo eres tú». En ese momento, tanto el presidente del Compostela como su gerente entran en la sede de la Liga de Fútbol Profesional. Cierran la puerta y Gil y Gil permanece en el exterior. - Caneda : «Los guardaespaldas... Vienen siempre con los malditos guardaespaldas, si no iba a saber lo que es bueno este hijo de puta. - Gil y Gil : «Abre, abre que a este lo voy a poner bien». - Fidalgo : «A mí, ¿por qué me vas a poner bien a mí, hombre? En ese momento se abre la puerta y Gil y Gil entra en el interior de la Liga Profesional. - Gil y Gil : «¿Tú quién eres para hablarme a mí?, ¿tú quién eres para dirigirte a mí?. Desgraciado, habéis faltado a Marbella, habéis faltado a todos, habéis insultado y estáis siendo unos chorizos». - Fildago : «El chorizo lo eres tú». - Gil y Gil : «Te lo voy a decir ahí y aquí». - Fidalgo : «Aquí... tú... Ahí tenías que decirlo, pero no en la calle». - Gil y Gil : «Vosotros cobráis del Compostela y yo pongo dinero». - Fidalgo : «Tú, tú... Eso lo dices ahí arriba». - Gil y Gil : «¡Hala!. Tú -dirigiéndose al gerente-, tú fuera, que a ti ni te conozco. Tú -a Caneda-, si quieres algo conmigo, a solas ahí (en la calle). - Fidalgo : «Vamos, presi, vamos presi, joder». - Caneda : «¡Cómo hablas cuando estás acompañado!». - Gil y Gil : «No, no...». - Fidalgo : «Deja de empujarme, joder -hablando al guardaespaldas-». - Caneda : «Por favor, usted -al guardaespaldas-, dígale a su jefe que no insulte cuando viene con ustedes». - Gil y Gil a Caneda : «Eres un chorizo». - Caneda a Gil y Gil : «Un chorizo eres tú». - Gil y Gil : «Tú te lo llevas y yo lo pago. Has insultado a la gente de Marbella. Has insultado a mis votantes». - Fidalgo : «¿Quién es este señor que viene empujándome?». - Gil y Gil : «El que viene conmigo, que es igual». - Caneda : «Que viene contigo, ¿de qué?». - Gil y Gil : «Si queréis, solos ahora». - Caneda : «Ya te dije que cuando quieras, pero cuando vengas sin gente». - Gil y Gil : «¡Que no me nombres más!». - Caneda : «... cuando vengas sin gente. Que eres un maldito calamidad. Tú vas a saber un día lo que es bueno». - Gil y Gil : «Venga, hombre, sal aquí solo conmigo". - Caneda : «Si vienes con tres guardaespaldas, hombre. No vuelvas a tocar a mi gerente». - Fidalgo : «Eres un montón de mierda». - Gil y Gil : «¿Quieres que te pegue otra igual?». - Fidalgo : «A ver si te crees que no te la voy a devolver. Te la devolveré algún día». - Gil y Gil a Fidalgo : «Eres un desgraciado». - Fidalgo : «Y tú un hijo de puta. La madre que te parió». - Gil y Gil : «Baja, desgraciado, payaso. No vuelvas a utilizar el nombre de Marbella». - Caneda : «Calamidad». - Gil y Gil : «Eres un hijo de puta. Eres un ladrón». - Caneda : «¿Por qué pegas a mi gerente, mamarracho?». - Gil y Gil : «Tira, tira -dirigiéndose a la gente que se interpone en su camino-, que hay que romperle la cabeza, hombre. Que a mí no me insulta más este hijo de puta, que es un chorizo y yo no. Este vive del Compostela y yo no. A mí me da igual, yo he venido aquí exclusivamente a ver si le rompo la cabeza». Se oye de fondo un «¡Cálmate Jesús, por favor!». - Gil y Gil responde : «¡Cómo me voy a calmar si ha insultado a mi gente de Marbella!» La trifulca, cómo no, marcó la agenda de los presidentes de Primera y Segunda que acudieron aquel viernes de hace tres décadas al edificio de la LFP. Y lo ocurrido fue tan fuerte y tan grave, que no hubo forma de que los contendientes reflexionaran e hicieran las paces. "Lo peor de todo fue cuando al presidente de la Liga de Fútbol Profesional, Antonio Baró, se le ocurrió posteriormente que Gil y Gil y José María Caneda debían levantarse durante la reunión y darse la mano para sellar así un paz imposible. Por supuesto que ambos dirigentes no aceptaron la sugerencia expuesta por Antonio Baró. Esto sucedía después de que la reunión se suspendiera durante treinta minutos -a instancias del Tenerife- hasta que desaparecieron de la sede los guardaespaldas del presidente del Atlético de Madrid». Los dos dirigente gallegos confirmaron esa reconciliación imposible en sus manifestaciones posteriores a la reunión. «Qué voy a hacer yo si me espera en la puerta protegido por sus guardaespaldas. Yo no esperaba a nadie ni he provocado esto. Si vengo con guardaespaldas y metralletas se monta la de Dios. Lo que atañe al presidente del Atlético de Madrid y a mí es una cuestión particular y cuando quiera lo arreglamos por las buenas o por las malas», dijo Caneda. Y Fidalgo, gerente del Compostela, tiró de ironía: «Aunque está muy obeso, tiene una pegada muy corta». Menos gracia, ninguna, les hizo el incidente al resto de presidentes del fútbol español. Para el del Deportivo, Augusto Lendoiro, «no se puede hablar de incidente cuando uno es el que agrede al otro. Pongamos la culpa a quien la tiene, porque cuando uno es el que agrede al otro, no cabe hablar de incidente, es algo muy distinto. Además, Gil nos ha abochornado a todos en la propia Liga y, de algún modo, nos ha insultado a todos porque ha dicho que a él lo único que le preocupa de la Liga es el dinero». «Yo no puedo estar dándole las gracias a Dios todos los días porque Gil no nos fusile al amanecer, porque todos estamos de alguna manera debiéndole la vida a él, al señor Parera y a algunos clubes más. Pero nosotros volveremos a ganar las votaciones», añadió el entonces máximo dirigente del club coruñés . «Me parece algo deprimente —dijo la presidenta del Rayo, María Teresa Rivero—. Esto no puede repetirse porque estamos haciendo un flaco favor al mundo del deporte». Juan José Hidalgo, presidente del Salamanca, opinó que «debían haberse dado un abrazo públicamente y haber zanjado así el incidente». El presidente del Albacete, José Ramón Remiro, reconoció que «la reunión se desarrolló en un clima poco apropiado. Lo que más lamento es que estos hechos tan bochornosos se conviertan en la gran noticia y queden los resultados de estas jornadas en un segundo plano. Creo que Gil actuó también con modales bruscos en la misma sala de reunión, porque se vio que a él no le importa nada en absoluto el colectivo de los clubes, sino que va a su propio interés». Casi dos meses más tarde, el 25 de abril, el Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol inhabilitó durante diez meses a Jesús Gil, y a Caneda y Fidalgo durante cuatro meses. El organismo federativo entendió que la pelea fue «un acto notorio y público que atenta al decoro deportivo». Los castigados, lejos de arrepentirse, insistieron en su bochornoso comportamiento . «El palco es mío y nadie me puede prohibir ir», declaró Jesús Gil. Y añadió: «Cualquier profano sabe que se trata de una campaña para perseguirme que comenzó con la política cuando me convertí en alcalde de Marbella». Más duro aún fue José María Caneda: «Los del Comité son unos capullos, unos corruptos y tienen que dimitir, me dan pena. No sabía que los que son agredidos, encima son castigados. En la justicia deportiva hay auténticos energúmenos». Ambos recurrieron sus respectivas sanciones ante el Comité de Apelación de la Federación, y ambos perdieron. Apelación desestimó sus alegaciones.