Los 20 años de “El pez que aprendió a caminar” de Claudia Ulloa Donoso
En el imaginario literario hispanoamericano hay muchos premios literarios, pero son pocos los que proyectan precisamente prestigio literario. Uno de esos galardones que buscan la calidad antes que la estridencia del nombre del autor es el Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero de España. Este es un concurso bienal en el que pueden participar todos los autores interesados con un libro de cuentos en castellano. Se fundó en 2008 y los premios corren a partir de 2009. Entre sus ganadores tenemos autores muy importantes como Javier Sáez de Ibarra (España), Marcos Giralt Torrente (España), Guadalupe Nettel (México), Samanta Schweblin (Argentina), Antonio Ortuño (México), Marcelo Luján (Argentina), Liliana Colanzi (Bolivia) y Magalí Etchebarne (Argentina). Los libros ganadores son publicados por Páginas de Espuma, la editorial más sólida en relato breve dirigida por Juan Casamayor.
El próximo jueves 19 de marzo se anunciará al autor ganador de la edición 2026. Hace unos meses se anunció la lista de autores finalistas. Veamos con qué títulos van: Personaje secundario de Sofía Balbuena (Argentina), Agua la boca de Rodrigo Fuentes (Guatemala), El fin del mundo (y otras utopías) de Aura García-Junco (México), La raíz firme de las cosas de Margarita Leoz (España) y El miedo terrible de ser un animal de Claudia Ulloa Donoso (Perú).
Escritora
En el panorama de la narrativa peruana del presente siglo, Claudia Ulloa Donoso es un nombre fundamental. No se puede hablar de narrativa peruana contemporánea sin tenerla en el radar. Entre los datos que debemos consignar, indiquemos que a los 18 años ganó el concurso El Cuento de las 1000 palabras de Caretas en 1998 con el relato “Solo quería un cigarrillo”. Ocho años después de haber obtenido dicho galardón, publicó su primer libro con Estruendomudo de Álvaro Lasso, El pez que aprendió a caminar, el cual cumple 20 años en este 2026. O para ser más preciso: 20 años de saludable vigencia.
Nuestra autora ha sido incluida en imprescindibles antologías peruanas y extranjeras. En 2017 formó parte de la lista Bogotá 39 a razón de su proyección. Si la memoria no me falla, el reconocimiento siempre la ha acompañado y, lo más importante, las luces que trae no han afectado lo esencial: la dinámica de su poética. Ulloa Donoso es una autora con pocos libros: al citado libro de relatos, sumemos Séptima madrugada (2007, basado en su exitoso blog homónimo), Pajarito (2019) y la novela Yo maté a un perro en Rumanía (2022). Todos han recibido los saludos de la crítica y el favor de los lectores.
El pez que aprendió a caminar
El primer libro de Claudia Ulloa Donoso salió el año 2006 y, literalmente, la rompió. Su lectura confirmó lo que se esperaba de ella. A razón del Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero, lo volví a leer. Pero no encontré en mi biblioteca la edición del 2006, sino la del 2013, también de Estruendomudo.
Mi intención inicial fue la de picar algunos cuentos/relatos de manera desordenada. Pero al tercer texto opté por leerlo en su integridad, que asumo como un acierto, porque constaté que el tiempo no ha sido nada duro con esta publicación que sigue manteniendo no solo frescura poética, sino igualmente un lúdico desenfado.
Hay, pues, un componente extraño en la propuesta de Claudia Ulloa Donoso, que obedece más al ánimo con el que se pergeña la escritura. Este “componente” no tiene nada que guarde relación alguna con el acervo literario, sino más bien con una actitud, la de “no creérsela”. Recuerdo cuando leí el libro por primera vez y ese factor nada forzado no solo era evidente, sino que sustentaba su dimensión emocional. Eso nos explica lo que estas páginas proyectan: un diáfano mestizaje de temperamentos, que, por ejemplo, pueden ir de lo risueño a lo trágico, sin afectar la sensibilidad poética que descansa en la fijación por el gesto y el detalle, que revela el recurso mayor de la autora: la capacidad de observación.
Esta capacidad para mirar no solo está presente en este libro, sino que es prácticamente, desde mi punto de vista, lo que sustenta toda la narrativa de Ulloa Donoso. A partir de esta cualidad, la autora ha desarrollado una escritura en donde los registros se encuentran. En su obra hay tanto de narrativa como de poesía, pero no se nota la diferencia entre ellas. De esta confluencia sin ruido se proyecta el extrañamiento de su literatura.
Pensemos en los relatos “Piscina”, “Documental”, “Pajarito”, “Yo solo quería un cigarrillo” y “Pasatiempos de escritor”. El extrañamiento de este libro no va por lo sobrenatural, menos por la conformación de un mundo paralelo (dicho pensando en quienes aún no la leen), sino más bien por una alteración de la cotidianidad y en ese ejercicio tiene que ver muchísimo la mirada del mundo y de cómo uno se acerca a él. Más que un libro de cuentos, El pez que aprendió a caminar es un artefacto de escritura auténtico que se legitima en la poesía de sus silencios. Su vigencia es tal por su autenticidad, por la empatía que tiene con el lector. Hay una universalidad presente en sus páginas, una inquietud existencial.
Este libro es testimonio del talento natural en estado de gracia. A ese talento natural la escritora le sumó su mirada y acervo cultural. El recordado Miguel Gutiérrez dijo una vez que era raro ver el talento natural que fuera descollante en una entrega inicial. Pues bien, este es el caso.