El error que cometes con los huevos y pone en riesgo tu salud
No hay nada más punki que acudir a los clásicos. Vivimos una época en la que nos volvemos locos buscando súper alimentos exóticos y suplementos , pero si hay un producto sencillo, barato, rico y altamente nutritivo ese es el huevo. Aunque hasta hace unos años se recomendaba restringir su consumo por su contenido en colesterol (la época en la que todo el monte era carbohidrato refinado y pensábamos que lo hacíamos genial), diferentes estudios en los últimos tiempos han desmontado el mito de que altera nuestro perfil lipídico. Es decir, que el huevo tenga entre sus nutrientes colesterol no quiere decir que obligatoriamente nos lo suba. A esta conclusión han llegado diferentes estudios. El más reciente, publicado en la revista 'American Journal of Clinical Nutrition' en julio de 2025, lo llevaron a cabo investigadores de la UniSA (Universidad del Sur de Australia), quienes demostraron de forma concluyente que no es el colesterol presente en los huevos, sino las grasas saturadas de nuestra dieta, las que representan un verdadero riesgo para la salud del corazón, A finales de 2019, la Asociación Americana del Corazón ya determinó que comer un huevo al día es «razonable» dentro de una alimentación saludable para el corazón de personas sanas. «En general, la ingesta de huevos no se asocia significativamente con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular», explicaron en un estudio publicado en la revista «Scientific Advisory». En 2020 otra investigación en «The BMJ» se sumaba a la evidencia de que el consumo moderado de huevos (hasta 1 por día) no está asociado con el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV). Y si nos remontamos más atrás en el tiempo, en 2013, un meta-análisis basado en ocho estudios, publicado en la revista «British Medical Journal», concluyó que no existe relación entre el consumo de un huevo al día y el aumento del riesgo cardiovascular , en comparación con la toma de un máximo de tres huevos a la semana. Otra investigación, elaborada por la Universidad de Granada y dada a conocer en marzo de 2013, demostró, tras analizar a 380 adolescentes, que no hay asociación entre la ingesta de huevo y los niveles de lípidos en sangre , la adiposidad, la resistencia a la insulina, la tensión arterial, la capacidad aeróbica o el índice de riesgo cardiovascular. En 2018, otro trabajo, esta vez en la prestigiosa revista «Heart», fue más allá y mostró la existencia de una asociación entre el consumo moderado de huevos, hasta uno al día, y una menor tasa de episodios cardiovasculares. «Es una fuente de proteínas de alto valor biológico, ya que aporta todos los aminoácidos esenciales en proporciones óptimas para el ser humano», explica Luisa Solano, profesora de Nutrición de la Universidad Europea de Madrid. Su calidad proteica es tal que, históricamente, «se ha utilizado como patrón de referencia para evaluar la calidad proteica de otros alimentos». Además, el huevo aporta grasas saludables, vitaminas como A, D, E y grupo B, y minerales como hierro, zinc y selenio. Lo único con lo que hay que tener especial cuidado es con su manipulación en la cocina porque un manejo incorrecto abre la puerta a microorganismos como la Salmonella ssp. El error más frecuente, según la experta, es lavar los huevos antes de almacenarlos. «Existe la creencia de que lavar los huevos con agua antes de guardarlos es una buena práctica, pero es todo lo contrario», advierte. Esta acción elimina la cutícula, una capa protectora que sella los poros de la cáscara e «impide la entrada de microorganismos». Al dañarla, el huevo queda expuesto a la contaminación. Si un huevo está sucio, debe limpiarse en seco o lavarse justo antes de su uso, nunca previo a su almacenamiento. Otros errores frecuentes que señala la experta son conservarlos a temperatura ambiente en el hogar, en lugar de meterlos en el frigorífico, o romper el huevo directamente sobre otros alimentos, «que puede favorecer la contaminación cruzada ». Hay que cascar el huevo en un recipiente aparte antes de añadirlo a otras preparaciones. Recomienda también mantenerlos guardados en su envase original, ya que «facilita la absorción de olores y dificulta la trazabilidad». En la misma línea, es muy importante lavarse bien las manos y hacer lo mismo con los utensilios tras su manipulación. Hay que tener presente la fecha de consumo preferente, pero, además, Solano recomienda fijarse también en otros aspectos: «Un olor desagradable, una clara excesivamente líquida o una yema que se rompe con demasiada facilidad son señales inequívocas de que el huevo ya no es apto para el consumo y debe desecharse».