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El silencio retumba en el Jarama para devolver el motor a Madrid

Abc.es 
Suenan los monoplazas como bombas que caen y no estallan mientras corren a 300 km/h por las rectas del Jarama. Aquí todo es eléctrico, silente, sin el olor a gasolina que tanto valoran los amantes del motor clásico. La Fórmula E es otra cosa, una carrera distinta con unos objetivos particulares, especial a su manera, con una historia ya robusta a sus espaldas. Hay mucha excitación en el circuito, porque por primera vez la categoría llega a Madrid. Salvo una carrera en Valencia en 2001, que ni siquiera estaba prevista en el calendario -se celebró porque no pudo disputarse el e-prix de México-, el campeonato eléctrico ha evitado España hasta ahora. Lo cual no deja de ser curioso cuando se tiene en cuenta que los organizadores son en buena parte de aquí. Quizá por eso se les nota algo nerviosos, porque no es lo mismo triunfar a secas que triunfar en tu tierra. Repiten ante los micrófonos las bondades del evento, que son muchas: gradas llenas, organización notable, pocos sobresaltos… Es importante para la Fórmula E, pero también para Madrid. La ciudad llevaba décadas dándole la espalda al motor, pero eso está cambiando radicalmente. De lo que más se habla es, por supuesto, del Gran Premio de Fórmula 1 de septiembre , pero recuperar al Jarama para una competición de élite como esta no es poca cosa. Como recuerdan en la previa, es importante para Madrid, pero también para los fabricantes, que identifican a la capital de España como una ciudad moderna, pujante y atractiva para la automoción. Aquí, quizá más que en la F1, hay una vocación general por unir la competición con las utilidades para los coches de calle. En ese intento de hacer de esto un evento de nivel, se ven las zonas vip llenas de personalidades relevantes. Por ahí andan Courtois o Ceballos, Carlos Sainz y, por supuesto, el Rey Felipe VI . Su presencia es un refuerzo al evento, un recordatorio al mundo de que esta ciudad quiere echar toda la carne en el asador y agradar a los visitantes. Porque, que nadie se equivoque, hay muchos visitantes. Esta competición se sitúa en Madrid, pero es un evento absolutamente internacional. Se han recibido más de 600 peticiones de acreditación en prensa, en los pasillos se escucha hablar inglés más que cualquier otro idioma, adornado por acentos de todas las partes del mundo. España es solo el escenario, el corazón de la Fórmula E va mucho más allá. Entre todos esos fuegos de artificio del deporte moderno, de los vips, los sonidos de altos decibelios y los foodtrucks, el cielo encapotado marca la jornada. Un paseo por el paddock a primera hora muestra caras de preocupación y sonrisas congeladas. Siempre es difícil la alta competición, pero unas pocas gotas caídas del cielo hace mucho más complicada la tarea de todos. También es una puerta abierta a las oportunidades, a las sorpresas, aunque en la Fórmula E es complicado saber qué es exactamente una sorpresa, pues en cada e-prix gana un piloto distinto. El circuito es divertido, largo para lo que acostumbran entre los eléctricos, lleno de curvas sinuosas e importantes toboganes de esos que la televisión no es capaz de captar en toda su grandeza. Cassidy empieza primero gracias a la clasificación, cuando salen todo huele a goma quemada y a incertidumbre. Aquí, repiten quienes más saben, los adelantamientos no son escasos, salir el primero no asegura nada . Quien sobresale desde muy pronto es Antonio da Costa , uno de los pocos que lleva entre los eléctricos desde el principio. Él también se siente en casa, 80 amigos suyos han venido desde Portugal, una cifra que deja asombrado incluso a Martí, como si el portugués le hubiese quitado la localía. El experto luso abraza a Carlos Sainz antes de arrancar y recuerda que en su juventud compartió vida con su hijo cuando ambos estaban en la estructura de Red Bull. El mundo del motor comprende una élite de unos pocos jóvenes que aspiran al cielo y todos ellos se conocen de una manera u otra. Pelean junto a él por lo más alto otros nombres que suenan a Fórmula 1, Wehrlain y Buemi. Hay algo de lotería en quién consigue qué coche, no solo cuentan las manos, aunque son imprescindibles, sino también una combinación de confianza, dinero y suerte para estar en el lugar correcto. En todo caso, quienes se dedican a exprimir los motores eléctricos sin pasarse, porque esa gestión es la clave en todo esto, son unos afortunados, compiten en una de las categorías más golosas del automovilismo mundial. Da Costa se pone primero en la segunda mitad de la carrera, como impulsado por su gente. La carrera se convierte en un gran reto para él, tratando de cerrar todas las puertas a Evans o Ticktum, que le siguen desde cerca. «Ha sido difícil, ha sido maravilloso», dice por línea interna después de ganar y antes de soltar un berrido con un muy ibérico «vamos». «Una victoria aquí no viene a menudo», dice convencido, aunque esta es la segunda consecutiva y le convierte por lo tanto en el primero de la parrilla en repetir el premio. Él ya ha sido campeón de la Fórmula E y no puede ser otro su reto este año. Evans, su compañero de equipo, sale contrariado. Quería otro resultado, así lo afirma recién salido del monoplaza. Jaguar ha logrado el doblete, y él lo valora, pero considera en serio que había salvaguardado mejor la batería y que ha perdido él casi más que ganado Da Costa. Pepe Martí, la esperanza local , un piloto novato y joven con buena pinta, no tiene la mejor clasificación. No lleva un buen día, a un cámara de su equipo le han robado sus herramientas, con un valor de 35.000 €. Un enfado inadecuado cuando tanto te juegas. En la carrera no es capaz de demostrar todo aquello que dice de él, termina noveno sin lograr meterse en la pomada en ningún momento. Mejor le va al otro componente español de la parrilla, Cupra . La marca lleva bandera estadounidense en la documentación, pero hay algo muy de aquí en ella, y no solo porque en la carrocería se haga un homenaje al barrio del Raval que da nombre al último modelo de la marca. Ticktum, el compañero de Martí en la marca hispanoamericana, queda cuarto y sueña durante la carrera con ser primero. Solo se baja del podio en los giros finales. No pudo ser. La carrera es corta pero intensa y en la grada se puede ver la emoción. Hay muchos amantes del motor que llevaban años esperando esto. Madrid ha estado mucho tiempo de espaldas a un mundo que mueve mucho dinero y mucha pasión. Pero suena con fuerza, aunque la competición tenga a gala que sus coches no hacen ruido.

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