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El 'pueblo de los artesanos' de Granada: dónde puedes comprar la mejor cerámica del mundo en calles de cuento

Abc.es 
Granada tiene un patrimonio tan inmenso que incluso en poblaciones que en principio no llaman demasiado la atención, se pueden encontrar elementos más que interesantes. Purullena es uno de esos sitios: aparece en pocas guías turísticas, pero sería un error pasarlo de largo porque conserva tradiciones que se han ido transmitiendo entre generaciones. Una de ellas es sin duda la alfarería. En este municipio de unos 2.500 habitantes que sirve en cierto modo como puerta de entrada a la comarca de Guadix y al Altiplano, se ha trabajado el barro desde siempre, y se sigue haciendo porque es parte de su identidad y también una fuente de riqueza económica. Tanto en las afueras como en el propio pueblo, que por cierto conserva calles encantadoras que han resistido al empuje de los nuevos tiempos y de la arquitectura sin fundamento, hay tiendas de cerámica, algunas enormes, en las que se pueden encontrar auténticas joyas en el campo de la alfarería. Objetos hechos en la zona, pero también traídos de otros muchos lugares de España, se exponen en establecimientos que tienen, por supuesto, productos estelares. Por ejemplo, la llamada jarra accitana -accitano es el gentilicio de la cercana Guadix-, también conocida como jarra de la novia, que es un monumento en sí misma por su difícil confección. De color rojizo, se empleaba –y se sigue utilizando- en las bodas, no sólo con un carácter ornamental sino también con un sentido muy práctico: está coronada por una tapa que, al levantarse, desvela un interior hueco. El objetivo es que los invitados depositen allí dentro el dinero que quieren entregar a los contrayentes, de forma discreta y anónima, como para que nadie sepa cuánto pone cada cual. Hay también piezas de cerámica de Fajalauza , que por supuesto también están disponibles en Granada capital. Desde hace cinco siglos -500 años, se dice pronto- subsiste en el Albaicín una fábrica dedicada a hacer piezas muy peculiares, en las que predominan el azul, el verde y el blanco y que a menudo representan símbolos tan granadinos, como la granada o la flor. Se pueden encontrar tazas, platos, jarras, bandejas, aceiteras… Comprar cerámica es uno de los alicientes que tiene visitar Purullena, pero no el único. Allí, según se ha podido documentar, hay casas-cueva desde el siglo XVI, cuando algunos musulmanes obligados a renegar de su fe y abrazar la católica tras la Reconquista decidieron abandonar la capital por estar más vigilada. En sitios como Purullena podían seguir rezando a su dios con algo más de libertad. Y aprovecharon la facilidad que les daba un terreno arcilloso para horadar la piedra y hacerse sus viviendas. Se sabe de cierto que ha vivido gente allí desde hace cinco siglos, pero algunos historiadores sostienen que la presencia humana en esas cuevas es anterior. De hecho, en el conjunto localizado dentro del cortijo de Almagruz se han encontrado elementos que hacen al menos sospechar que allí habitó una comunidad eremítica de la Alta Edad Media, entre los siglos V y X de nuestra era. Ahora, bastantes de esas cuevas sirven como atracción turística debido a sus muchas ventajas, entre ellas la de conservar una temperatura constante los doce meses del año. Aunque donde más abundan es en Guadix, un pueblo en el que hay más de dos mil, también se pueden alquilar en Purullena. Por cierto, ambos pueblos distan poco más de cinco kilómetros , así que el traslado es fácil y rápido. Y merece mucho la pena visitar Guadix. En Purullena quedan restos de un pasado que se remonta varios siglos en el tiempo, como lo demuestra el yacimiento arqueológico de la Cuesta del Negro. Más recientemente, hay vestigios de la época musulmana en forma de torres vigía y de castillos como el de Luchena, también llamado de Guadix el Viejo. Por desgracia, su estado de conservación no es óptimo, pero verlos puede servir para hacerse una idea de la importancia defensiva que tuvo el enclave.

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