Los Oscars se van de Hollywood y abandonan el mítico Dolby Theater
Los Oscars se van de Hollywood . Dejan la meca del cine en 2029. La Academia ha anunciado este jueves que la gala se mudará desde el Dolby Theatre, su sede estable desde 2002, al complejo L.A. Live, en el centro de Los Ángeles, una zona hasta ahora depauperada y peligrosa que busca renacer. La ceremonia se celebrará en el teatro ahora llamado Peacock Theater, que previsiblemente cambiará de nombre antes de recibir la gala, dentro de un acuerdo que se extenderá hasta 2039. Los Oscar permanecerán en el Dolby hasta la edición de 2028, la número 100 , y estrenarán su nueva sede en la 101. El cambio no llega solo. Coincidirá con otro giro de fondo: desde 2029 la ceremonia dejará la televisión en abierto en ABC y pasará a emitirse en directo en YouTube, gratis y a nivel global, cortesía de la matriz, Google. La Academia ya había anunciado en diciembre ese acuerdo con la plataforma, de modo que la mudanza física y la audiovisual formarán parte del mismo relanzamiento. La gala abandona al mismo tiempo su casa histórica en Hollywood Boulevard y su formato tradicional de difusión. Sobre el papel, la explicación oficial es logística. El complejo L.A. Live ofrece un formato de campus, con espacios más concentrados y una capacidad mayor para reunir en un mismo perímetro la alfombra roja, la ceremonia, la prensa, las salas técnicas, los camerinos, el Baile de Gobernadores y las fiestas posteriores. El Peacock Theater está junto al Crypto.com Arena, al centro de convenciones y al hotel JW Marriott, lo que permite reducir desplazamientos y ordenar mejor un evento que hoy se reparte entre varios puntos de Hollywood. AEG, además, se ha comprometido a modernizar el recinto y adaptarlo técnicamente a las necesidades de la gala. La Academia llevaba tiempo buscando más control sobre el montaje del espectáculo, cómo se sienta el público, cómo se distribuyen los espacios de prensa, cuánto margen hay para el trabajo técnico y hasta qué punto la gala puede rediseñarse sin las estrecheces del Dolby. La capacidad también pesa. El Peacock Theater ronda las 7.000 plazas, frente a un Dolby más limitado para una Academia que ha crecido en los últimos años hasta superar los 11.000 miembros. La noche del cine necesitaba más aire y más metros, porque se ha ido quedando abigarrada. En los hechos duros, además, no se trata de una ruptura absoluta con el pasado. Antes de instalarse en Hollywood, los Oscar ya se celebraron durante años en el centro de Los Ángeles, en recintos como el Dorothy Chandler Pavilion o el Shrine Auditorium. Hay, por tanto, algo de retorno en esta decisión. La idea de que la gala «abandona Hollywood» es cierta en sentido geográfico y simbólico, pero no supone que se aleje de Los Ángeles ni que rompa con una tradición totalmente ajena al centro de la ciudad. También pesa el contexto inmediato. El Dolby Theatre ha sido durante casi un cuarto de siglo el gran decorado fijo de los Oscar: la alfombra sobre el Paseo de la Fama, el cierre de varias manzanas, el blindaje policial, la imagen de la industria ocupando por una noche el corazón más turístico y reconocible de Hollywood. Pero ese modelo se ha ido volviendo más costoso y más rígido. Este mismo año, con la guerra con Irán de fondo, la seguridad se endureció aún más alrededor del teatro. Unas horas antes de la gala el FBI alertó de posibles ataques, hubo temor. Centralizar el operativo en L.A. Live permite una huella más cerrada, más controlada y más fácil de explotar comercialmente. Durante décadas, Hollywood no era solo un barrio: era una idea, un proyecto, una meca mundial. Era el centro físico y estético de la industria, una capital de celuloide. Que los Oscar salgan de allí no implica que Hollywood desaparezca, pero sí confirma que su peso como escenario único ya no es suficiente para quienes ponen el dinero. La industria lleva años moviéndose entre plataformas, estudios dispersos, rodajes fuera de California y audiencias globales que consumen cine de otra manera, menos en las salas, mas en su sofá o móvil. La gala se adapta a ese mundo, será menos una postal clásica, más parque temático de eventos. El paso a YouTube refuerza esa lectura. La gala pierde una parte de su viejo ritual televisivo y busca una audiencia nueva, más joven y menos fiel a la televisión lineal. Aun así lo cierto es que en años recientes para quienes no tiene televisión por cable es muy complicado ver la ceremonia. Finalmente la productora ABC los ofrece en vivo por Hulu, un servicio de pago. La audiencia estadounidense de los Oscar cayó este año a 17,9 millones de espectadores, un 9% menos que en la edición anterior. La ceremonia sigue siendo un gran escaparate, pero ya no es el gran altar compartido de los noventa, donde arrasaba. Al irse a YouTube, la Academia asume que el futuro no está en preservar el hábito perdido, sino en perseguir a un espectador que ve fragmentos, clips, comentarios y retransmisiones desde el móvil o desde cualquier país, sin límites.