Alberto Chimal, amos y creadores
Que la inteligencia artificial fuese tema usual en la narrativa presente y por venir era cosa sabida, por prevista hasta el punto de que se ha convertido ya en un asunto manido: de las muchas narraciones que tratan el asunto solo remontan la especulación sociológica muy pocas. De las aparecidas recientemente destacaría estos cuentos de Alberto Chimal (Toluca, México, 1970) desde luego por la calidad literaria de muchos de los textos pero también por el sentido de unidad temática que ha querido dar al conjunto de estos cuentos, donde en el fondo se esconde un problema de dominación: hay que tener en cuenta que la mayoría de las amenazas habidas en este terreno, que van a interferir en nuestro trabajo, replanteándonos que pueden cambiar nuestras mentes, nuestros pensamientos, son datos que revelan los propios dueños o inventores de Gemini, Grok o ChatGPT que afirman que pueden llegar a convertirse en un salto evolutivo de la especie. Esto suena en principio a calculada y refinada mercadotecnia pero lo cierto es que los humanos proyectamos nuestra humanidad en todo lo que nos rodea y por ahí andan ya los generadores de texto, imagen o sonido, también sectas, delirios religiosos, fugas psicóticas... derivadas de la IA. De este parecer parte Chimal y, por ende, de la realidad de que estas tecnologías están en manos de un ramillete exiguo de personas que pueden convertirse, en un futuro, en ídolos devoradores, como Baal... no es la primera vez que ha ocurrido y no tiene porqué ser la última. De ahí que el primer cuento 'La madre del dragón' que por cierto tiene plena actualidad, sea en el fondo una pregunta sobre la literatura, aunque sea un concepto de literatura un tanto espurio: «De hecho todos mis compañeros eran fanáticos de Sari Tejedor, la 'influencer' humana que redacta a mano sus frases inspiradoras y muestra su proceso creativo, trazo a trazo, en las redes sociales. Era ella por quien deseaban escribir algo hermoso y hacerlo a mano. La moda actual de esos instrumentos y materiales antiguos se debía a Sari y un puñado de otras celebridades ». Incluso hay alguno, como un tal Benítez que desde su primer día de clase de cómo escribir a mano repite que las inteligencias artificiales no son inteligentes. El orden de los cuentos van desde estas clases de cómo escribir a mano a 'El sueño del héroe', el último de ellos, un mundo de replicantes en que uno de ellos, al modo del Roy Batty de 'Blade Runner', se ve como un hombre y comienza a soñarse en sus defectos... se ve viejo porque aunque cree que posee una gran claridad mental sabe que le cuesta moverse aunque provoque con dos compinches una guerra y al final esa identidad sea solo un sueño: «Encerrado indefenso ante las máquinas, el héroe comprende que su miedo es miedo de morir», pregunta entonces sobre si las nuevas tecnologías han descubierto cómo rejuvenecer y vuelve a sumirse en el sueño. Estos nueve cuentos pueden leerse además atendiendo a los círculos del 'Infierno' de Dante . ¿Quién nos lo impide? Todavía es posible hacer literatura.