En busca de bisontes en el último bosque primitivo de Europa
El bisonte europeo , ese animal prehistórico que los españoles conocemos por las cuevas de Altamira, tiene todavía, casi milagrosamente en pleno siglo XXI, un santuario donde viven casi 1.200 ejemplares en libertad. Es el Parque Nacional de Bialowieza, en el este de Polonia , lindando con Bielorrusia, todo un 'laboratorio de vida' que los polacos conocen como bosque natural aunque los investigadores han preferido denominarlo bosque primitivo. El Parque Nacional de Bialowieza está situado en la región de Podlasie , cuya capital es Bialystok. Los polacos solían llamar 'Polonia B' a esta zona anexa a la antigua frontera con la Unión Soviética. Se trata de un área pobre, no industrializada, donde históricamente trabajan más los curanderos que los propios médicos del sistema de salud del país. Es, también, una región que se caracteriza por una biodiversidad étnica difícilmente visible en otros rincones de Polonia. Así, en Bialowieza conviven polacos, bielorrusos, lituanos, tártaros... Gente mayor, cuya edad media se sitúa en los 60 años, que se dedica generalmente a la agricultura y llena las numerosas iglesias ortodoxas que se esparcen por este territorio, mientras los jóvenes emigran a las ciudades del centro y del oeste del país en busca de oportunidades. Sin embargo, a 85 kilómetros de Bialystok, este Bialowieza que no alcanza los 2.000 habitantes recibe anualmente a 250.000 visitantes . Todos ellos, sin excepción, quieren descubrir su parque nacional, la cuna del bisonte europeo, el mayor mamífero terrestre europeo, y el más extenso bosque autóctono que permanece en el viejo continente. Muchas zonas de este bosque de casi 1.500 kilómetros cuadrados al que los polacos se refieren con la palabra 'puszcza' (selva) han conservado el ambiente natural de un bosque primigenio. Lógicamente, la intervención del hombre ha resultado inevitable en los últimos milenios, pero aún hay lugares que han permanecido inalterados durante siglos y el visitante puede comprobarlo en cuanto penetra unos metros en su interior, sobre todo en la 'zona estrictamente protegida' a la que sólo se accede en compañía de un guía oficial. Miles de especies vegetales y más de 10.000 animales , con varias reservas para la cría del bisonte, forman el ramillete de este tesoro de incalculable valor natural. Declarado Reserva de la Biosfera en 1976 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, Bialowieza no sólo constituye la mayor concentración de bosque del continente europeo. Además, aquí se ha formado un ecosistema donde miles de generaciones del mundo vegetal y animal conviven desde hace milenios conservando sus características originales. El bosque se caracteriza por su biodiversidad, y por eso en el parque, que ocupa una superficie de 10.500 hectáreas, existen, si nos ajustamos a su flora, unas 800 especies de plantas vasculares, 200 de musgos y 283 de helechos. Casi el 50% del bosque es frondoso -un 37% húmedo de hoja caduca y un 14,5 mixto- con fresnos, robles, tilos, olmos, alisos negros y carpes, y abetos y pinos entre los de hoja perenne. Árboles singulares con algunos ejemplares de 500 años y 50 metros de altura, o robles con troncos de más de dos metros de diámetro y sorprendentes formas que nos recuerdan algunas escenas fantásticas de la famosa saga cinematográfica de 'Harry Potter'. Se puede comprobar, por ejemplo, en el Camino de los Robles Reales , una pasarela de madera de casi un kilómetro que serpentea entre estos ejemplares monumentales. Nada más pisar el parque, lo primero que sorprende son sus hongos gigantescos . Cuelgan en cualquier resquicio del tronco de los árboles y su tamaño induce rápidamente a fotografiarlos. Hay aquí más de 3.000 especies , y la mitad de ellas son ejemplares muy raros de protección absoluta. Entre las más curiosas están los mohos del cieno, unas 250 especies, depredadores del micromundo con características vegetales y animales, pues pueden moverse e incluso cazar, alimentándose de bacterias y hongos microscópicos. Se distinguen por su riqueza de colores y formas. También son muy interesantes los líquenes , de los cuales se encuentran unas 400 especies asociadas a la madera muerta, porque en este parque no se toca nada. Cuando muere un árbol y cae, se queda en ese lugar para siempre, o al menos durante 150 años, que es lo que tarda en pudrirse completamente. En el capítulo de la fauna, existen en esta increíble reserva biológica docenas de especies protegidas y mamíferos relevantes. Ciervos, alces, jabalíes, lobos, castores y corzos se mueven en una selva con más de 120 tipos de aves reproductoras (cigüeña negra, búho pigmeo, pájaro carpintero de tres dedos, urogallo...) y reptiles, el grupo más reducido del bosque, con la culebra de collar y el lagarto a la cabeza, o anfibios como el sapo del vientre de fuego y el sapo verde y corredor. Mención aparte merece la presencia de los animales invertebrados , que constituyen el 95% de la fauna del parque. El conocimiento de estos seres vivos es muy escaso, de hecho todos los años se descubren nuevas especies, aún cuando ya hay más de 10.000 registradas oficialmente. Este fenómeno se asocia a la existencia de la madera muerta o en diferentes grados de descomposición, que favorece su desarrollo. El bosque de Bialowieza fue siempre uno de los lugares preferidos del bisonte europeo ('Bison bonasus'). Hacia 1860 su población rebasaba los 1.500 ejemplares, cuando la caza era una de las pasiones de reyes y zares a este lado de la Europa oriental y disponían en este lugar de un suntuoso palacio. Antes de la I Guerra Mundial, el censo de estos animales ya se había reducido a 700, pero las consecuencias del conflicto bélico fueron devastadoras para la especie. Durante diez años, en la década de los 20 del siglo XX, no se tuvo noticia de la existencia de un solo bisonte, y por este motivo, a raíz de la fundación del Parque Nacional de Bialowieza en 1921 , el primero creado en Polonia y el quinto en Europa, 42 años después de la fundación del Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, el territorio recibió varios ejemplares de zoológicos de Alemania y de Suecia, iniciándose así la recuperación de este animal en su hábitat natural. En 1923 ya se había fundado la Organización Internacional de Protección de Bisonte, cuyo principal reto era encontrar entre los ejemplares guardados en los parques zoológicos aquellos que se consideraban de 'pura sangre' . En esta época sólo había 54 ejemplares dispersos por todo el mundo, pero casi ninguno de ellos servía para la reproducción. Finalmente, se localizaron un único macho válido para tal propósito en Alemania y dos hembras en Bielorrusia. De esta manera, en 1939 se contaban 16 ejemplares nacidos en la Reserva. Los primeros animales la abandonaron en 1952 para volver a la libertad, y en 1971 ya campaban 200 ejemplares por el bosque. En la actualidad, existen unos 1.200 bisontes en el lado polaco y otros 700 en el bielorruso, si bien este último está mezclado con el bisonte del Cáucaso. Su número está controlado por los organismos responsables, ya que se trata de un animal que no tiene ningún depredador natural y puede suponer un peligro para el ecosistema, o el propio ser humano. De hecho, uno de los mayores peligros que sufre este animal, como otros de buen tamaño, es que el muro construido en el parque de unos 200 kilómetros, linde entre Polonia y Bielorrusia, impide muchas veces su libre movimiento. El bisonte, el mayor mamífero de Europa, puede alcanzar una tonelada de peso, aunque cuando nace no supera normalmente los 25 kilos, pero «lo más fascinante -apunta el guía que nos acompaña- es que en solo dos segundos puede desplazarse a 40 kilómetros por hora , incluso alcanzar los 50, y saltar con gran facilidad hasta dos metros de altura». No suelen ser peligrosos para el hombre, pero para evitar el acercamiento a las concentraciones humanas se procura reunir a los animales en las 'zonas de alimentación', especialmente en invierno, cuando la nieve suele cubrir el bosque. Los bisontes viven en pequeños grupos con una hembra que asume la jefatura de la manada. En estos grupos no hay machos adultos, pues estos viven solos y aislados, y sólo permanecen los machos jóvenes hasta que se marchan. Para la reproducción, los machos se emparejan con las hembras durante dos o tres días y después se retiran. Nunca luchan por su pareja como otras especies. «Son un poco oportunistas -remata el guía-, pero también hay que tener en cuenta que las hembras alumbran una sola cría, nunca dos, cada dos años y les dan de mamar durante diez meses». Lo más curioso, sin embargo, es que nunca se sabe si la hembra está embarazada . El único síntoma de su estado se hace visible un par de horas antes del alumbramiento. Llegan a la madurez sexual a los tres años, pero hasta los seis años las hembras mayores no les dejan procrear. Aunque su promedio de vida oscila entre los 30 y 35 años, su vida sexual se termina a los 14. Hoy es un símbolo nacional de Polonia y su dibujo en la etiqueta de la cerveza Zubr es todo un homenaje a su supervivencia.