El miedo que habla
Durante mucho tiempo, el miedo en Venezuela no tuvo voz. No la necesitaba. Operaba como esas leyes no escritas que gobiernan las sociedades cerradas: se sabía que estaba allí, se sentía en el cuerpo, pero no se discutía. No hacía falta nombrarlo porque su eficacia residía precisamente en el silencio. Como ocurre con las supersticiones […]
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