"Para acabar con la ablación no basta con prohibirla, hay que trabajar con las comunidades"
Sonaba la misma música, vestían las mismas ropas y las protagonistas también eran ellas. El motivo de la celebración, sin embargo, esta vez era el opuesto. El día en que la aldea de Kabele, al este de Etiopía, puso fin a la mutilación genital femenina, Boko Mohamed celebraba el fin de su carrera profesional. "Mutiladora" por herencia, había circuncidado a cientos de niñas en su comunidad, igual que hicieron su madre y su abuela. Ahora, tras comprender los perjuicios de la tradición, empezaría un pequeño negocio local gracias a la ayuda de un microcrédito.