No nos lo merecemos
Necesitamos culpar. Señalar a alguien. Es una forma de consuelo ante lo que no tiene explicación: la tragedia, la mala fortuna, la incertidumbre de una muerte emboscada que no avisa, para la que nada ni nadie te prepara. Cuando la sinrazón irrumpe así, buscamos un nombre propio al que aferrarnos, una causa que nos devuelva, aunque sea de manera ilusoria, cierto orden. Necesitamos que alguien asuma responsabilidades. Que alguien nos mire a los ojos y nos diga que esto no volverá a ocurrir. Que España no es África ni una Asia subdesarrollada. Que aquí las infraestructuras son seguras, modernas, fiables. O deberían serlo. Ahora toca arropar a los deudos. Acompañarlos en un dolor que no admite explicaciones fáciles. Decirles que... Ver Más