La carta de una médica la noche del accidente de Adamuz: «el hospital se caída de humanidad»

Abc.es 
Dos semanas después del trágico accidente de trenes en Adamuz que se llevó la vida de 46 personas , todavía sobrecogen los testimonios de los sanitarios que atendieron al centenar de víctimas. De forma anónima, se presenta como «una médica cualquiera, una de los cientos que estuvimos esa noche», la del 18 de enero en Córdoba. «Hace dos semanas de aquel domingo oscuro y esa noticia que empezamos a leer mi compañera de guardia y yo en uno de los ordenadores del hospital. Esto podría ser grave, pensé. Se me ocurrió escribir a mis compañeros sin saber aún el alcance de lo que estaba por venir, para que estuvieran atentos. Solo recibí mensajes de apoyo y de absoluta complicidad». «Avísanos para lo que sea, vamos para allá en seguida, todos pendientes con el corazón encogido». La sanitaria relata que «a nuestro compañero localizado, le faltó tiempo para venirse al hospital con nosotras. Nuestra jefa lo había llamado porque debían activarse los protocolos pertinentes. Estoy segura de que ya estaba vestido cuando recibió la llamada» Y allí estaban «los únicos tres cirujanos pediátricos de la provincia, dispuestos a asistir a todo el que viniera. A los niños, a sus padres, a sus familias en general. Mientras esperábamos la llegada de las primeras ambulancias, bajamos a las urgencias de adultos. El hospital se caía. Se caía de humanidad. Se caía de compañeros que tampoco habían dudado». Tal y como narra, «todos en la puerta de entrada, sin pestañear, para no perder un solo minuto para salvar a alguien. Es curioso cómo el ser humano aparta en esos momentos todo lo superfluo , para centrarse en lo que de verdad importa». Destaca a los «pacientes de las plantas cambiándose voluntariamente, a habitaciones compartidas para dejar espacios libres para los posibles recién llegados. Personas esperando a ser atendidas en urgencias que abandonaron la sala al comprender la magnitud del suceso y sentir que podían esperar». Además, los «jefes de todos los departamentos gestionaron el hospital entero para estar más que preparados. Nuestra secretaria, de Adamuz, asistiendo desde allí, con lo que podía, a personas que luego llegaron al hospital. Les atendimos, les exploramos, les cosimos, les operamos. Pero, sobre todo, les conocimos . Conocimos sus nombres, sus historias, a quién buscaban aún en esas horas tan horribles y que no aparecían. Algunas caras serán imposibles de olvidar. Pero, «sobre todo, será difícil de olvidar esta sensación tan horrible que siento: la sensación de que hicimos poco. De que hubiéramos querido hacer más. De que hubiéramos estado esperando ambulancias durante días. Pero hubo un momento en el que ya no llegaron más. Y nos quedamos así, con los brazos abiertos, exhaustos, destrozados por no poder seguir ayudando ». «Estamos y estaremos con estas y con todas las familias que podamos, siempre. Habrá cosas que no hagamos del todo bien, cosas que se nos escapen. Pero cuídennos. Porque amamos nuestro trabajo . Nos encanta saber que hemos contribuido a que se vayan juntos y sanos a su casa. Nos reconforta saber que están en paz gracias, en parte, a nuestras manos». «Pero cuídennos, porque también somos frágiles . Porque también tenemos que mirar a otro lado para que los pacientes no nos vean llorar. Porque también sentimos cada día el miedo de perder a alguien» «No hay palabras que alivien una pérdida tan injusta , pero quiero que sepan que no están solos. Les acompañamos e n este dolor con todo nuestro respeto, nuestro cuidado y nuestro compromiso de estar a su lado en cada paso que necesiten»

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