Europa esprinta para no ser un mero espectador en la revolución cuántica
Mientras el mundo aún intenta asimilar el tsunami de los algoritmos, la revolución de la cuántica avanza en un discreto segundo plano, pero con un enorme potencial para resolver retos complejos en sectores como la salud, la industria, la ciberseguridad o la energía. Es una transformación a la que le queda desarrollo por delante, pero que tendrá un impacto tanto o más trascendental que la inteligencia artificial y en la que las diferentes potencias se juegan su autonomía estratégica, es decir, su capacidad de decidir su futuro tecnológico sin depender de terceros. Para Europa, dominar este ecosistema es una forma de garantizar su crecimiento en un contexto de intensa competencia con Estados Unidos y China, que han realizado ingentes inversiones para lograr el liderazgo. El Viejo Continente cuenta con fortalezas a las que aferrarse, como su talento especializado o la existencia de pujantes startups, pero arrastra debilidades que si no revierte pueden dar al traste con su meta de tomar la delantera en este campo tan prometedor. Para hacerse una idea de la magnitud del cambio que se avecina, un reciente informe de McKinsey revela que los tres pilares fundamentales de esta tecnología (computación, comunicación y detección cuánticas) podrían generar hasta 97.000 millones de dólares en ingresos a nivel mundial para 2035. La consultora, además, no aprecia signos de desaceleración, ya que estima que en 2040 el mercado total podría llegar a los 198.000 millones de dólares. Para ese año, la Comisión Europea espera que el sector cree miles de puestos de trabajo de alta cualificación en toda la UE y supere un valor global de 155.000 millones de euros. Las computadoras cuánticas serán capaces de ejecutar tareas que están más allá del alcance de incluso los sistemas de computación de alto rendimiento más potentes en la actualidad. En la vida cotidiana, permitirán un diagnóstico más temprano, acelerar la creación de medicamentos, avanzar en la criptografía para la seguridad de los datos y las comunicaciones ultraseguras… Aplicaciones en las que Europa aspira a colocarse a la vanguardia. En respuesta a este desafío, la Comisión presentó en julio su Estrategia Cuántica para que la región se sitúe a la cabeza de aquí a 2030, que irá seguida de una propuesta de Ley Cuántica , prevista para este curso, con el objetivo de impulsar la investigación, la innovación y la resiliencia industrial en este área. Irene López de Vallejo, Jefa de Desarrollo de Negocio en el Laboratorio Cuántico de Tecnalia, afirma que el diagnóstico es tan sencillo como duro: «Europa sabe investigar, pero le cuesta industrializar. Ese salto –del prototipo al producto, del laboratorio a la fábrica, del artículo científico al contrato– es el famoso 'valle de la muerte' , que en cuántica es más profundo que en otras tecnologías: ciclos largos, riesgo técnico alto y dependencia de infraestructura compleja. Si no logramos que el tren pase de maqueta a servicio, seremos un continente brillante… y dependiente». ¿Qué nos frena? «Primero, el músculo del dinero privado. Hemos creado startups y spin-offs, pero demasiadas se quedan a mitad de camino, sin inversión en las etapas maduras para escalar, abrir plantas, atraer talento y vender al mundo», indica. Otro factor que limita a Europa es la fragmentación del impulso público, con programas atomizados y compras públicas que van cada una por su lado. «Se invierte, pero a trozos, sin masa crítica. En tecnología profunda , la fragmentación no es pluralidad, es lentitud. Y la lentitud se paga con irrelevancia», advierte. En tercer lugar, pone el foco en la cadena de suministro. «La cuántica –dice–no es solo física. Es criogenia, microfabricación, electrónica de control, metrología, software de operación, verificación, ciberseguridad e integración. Es una orquesta: si falla un instrumento, no hay concierto». Por último, asegura que para liderar la revolución no bastan físicos cuánticos: «Faltan perfiles híbridos y, sobre todo, experiencia industrial». David Sanz, socio responsable de Analítica de Datos, IA y Tecnologías Emergentes de KPMG en España, coincide en que Europa dispone de un sólido liderazgo científico, pero afronta barreras estructurales que dificultan transformar esa excelencia en productos y servicios comercializables. «Uno de los principales obstáculos es la fragmentación entre Estados miembros, lo que impide generar economías de escala y ralentiza la industrialización del sector», lamenta. A ello se suma que, pese a una inversión pública significativa, más de 11.000 millones de euros en I+D en el último lustro, «el continente sigue teniendo dificultades para atraer suficiente inversión privada». Un documento de la Comisión recoge que atrae solo el 5% de la financiación cuántica privada mundial, frente a más del 50% que capta Estados Unidos. Esta brecha es muy pronunciada en las últimas fases de desarrollo, lo que presenta el riesgo de que las startups europeas sean adquiridas por inversores foráneos. «Otro desafío identificado en los informes es la brecha entre la producción científica –donde Europa destaca globalmente– y su conversión en patentes, productos industriales y aplicaciones con impacto de mercado», añade Sanz. La Estrategia Cuántica insiste en que este paso es fundamental para asegurar una soberanía tecnológica que reduzca dependencias externas en áreas críticas. «Los informes de la Comisión son bastante claros: si no aceleramos, la brecha seguirá aumentando. Europa continúa con un problema estructural a la hora de industrializar tecnología puntera; demasiados esfuerzos fragmentados y poca capacidad de llevar prototipos al mercado», lamenta. En este sentido, Alfonso Rubio-Manzanares, coordinador del grupo de trabajo de Tecnologías Cuánticas de Ametic, apunta a las patentes como un indicador relevante sobre el uso comercial de la tecnología y su acercamiento al mercado. Una asignatura en la que el continente suspende: «La UE se queda por detrás de EE.UU. y China, con la excepción de la española Multiverse Computing, líder europea en quantumAI, que cuenta con 163 patentes». ¿La consecuencia? «Europa se sitúa en el ámbito de las tecnologías cuánticas como una potencia científica, pero detrás de la maquinaria público-privada de EE.UU., que tiene un ecosistema de empresas globales como IBM, Google, Microsoft o Alphabet, además de varios 'hubs' de startups principalmente en California o Boston». Un informe del Real Instituto Elcano y Tecnalia llama la atención sobre un fenómeno «llamativo», y es que las empresas que atraen la financiación privada en Estados Unidos no son mayoritariamente startups, sino las corporaciones establecidas en el tiempo, lo que supone un claro factor diferencial respecto a la UE, donde la industria se basa en startups como IQM y Bluefors (Finlandia), Pasqal y Alice&Bob (Francia), Plancq (Alemania), Delft Circuits y QBlox (Países Bajos y Multiverse (España). En cuanto a China, Rubio-Manzanares subraya que «su planificación a medio-largo plazo y las ingentes cantidades de inversión estatal hacen que no se quede rezagada y, en algunos casos, lidere sectores como las telecomunicaciones cuánticas satelitales». El gigante asiático es el país del mundo con mayor inversión pública en cuántica, 15.300 millones de euros en el periodo 2021-2027, según McKinsey. La de la UE y el conjunto de Estados miembros es de 10.900 millones, resultando la segunda región con mayor inversión pública, por delante de EE.UU, que lidera la privada. En nuestro país un actor destacado es Qilimanjaro, inmerso en una ronda serie A con la que pretende captar alrededor de 40 millones de euros. Desde la empresa, en base a su experiencia, piensan que Europa ofrece una «combinación muy valiosa de excelencia científica, infraestructuras públicas de primer nivel y una visión estratégica creciente en torno a la soberanía tecnológica », lo que se traduce en «acceso a talento altamente especializado, colaboración con centros de referencia en supercomputación, y un ecosistema que valora el despliegue responsable y sostenible de tecnologías avanzadas». Además, señalan como positivo que Europa cuente con una red sólida de centros de supercomputación y data centers públicos que están empezando a integrar tecnologías cuánticas, «lo que abre una vía natural para el despliegue de soluciones híbridas a gran escala». La cruz de la moneda es la «dificultad para sostener la inversión privada a gran escala en fases de crecimiento avanzado» y la fragmentación del mercado europeo. En deep tech , donde los ciclos de desarrollo son largos y requieren compromiso a medio y largo plazo, esta falta de continuidad y de visión conjunta puede ser un freno, esgrimen. Pero no todo está perdido. José María Cela, director de departamento de Aplicaciones Computacionales para Ciencia e Ingeniería del BSC-CNS, explica que si Europa no refuerza su posición ahora, «corre el riesgo de depender de tecnologías desarrolladas fuera, incluso en áreas críticas como la defensa , y de perder capacidad de decisión sobre cómo y para qué se utilizan». Sin embargo, «estamos en un momento muy temprano del desarrollo cuántico a nivel global», lo que significa que «las posiciones no están cerradas y que actuar ahora puede marcar la diferencia a largo plazo». «No hacerlo –advierte– implicaría llegar tarde a una tecnología que será fundamental en el futuro, repitiendo dependencias que ya hemos visto en otros ámbitos tecnológicos». Para evitar ser un mero espectador, es imperativo que la UE acometa una reestructuración integral de sus políticas de transferencia y marcos de inversión. Cela cree que, por ejemplo, para acompañar mejor el paso desde la investigación y los prototipos hacia desarrollos tecnológicos más robustos, se requiere financiación sostenida, infraestructuras compartidas y un entorno que facilite el crecimiento de empresas tecnológicas. «No se trata solo de invertir más, sino de hacerlo de forma coordinada y con una visión de largo plazo», aclara. Asimismo, hace hincapié en que es clave reducir la fragmentación y crear masa crítica , evitando que los esfuerzos queden dispersos entre países o proyectos aislados. «Fortalecer la colaboración entre centros de investigación, industria y sector público, así como facilitar el acceso a infraestructuras avanzadas es fundamental para que el conocimiento que ya existe en Europa pueda traducirse en capacidades tecnológicas e industriales reales», sostiene. En el sector hay movimiento, con iniciativas llamadas a acelerar la revolución cuántica. Un botón de muestra, como expone Cela, es que recientemente se ha dado inicio al centro de excelencia de computación cuántica, que agrupa los principales centros de investigación europeos en supercomputación y computación cuántica, y en el que participa BSC. Se trata de un proyecto de cuatro años con el objetivo de establecer lazos entre la investigación fundamental y la industria. «A la vez que se mejoran las prestaciones de los ordenadores cuánticos actuales, en este momento la computación cuántica está investigando las áreas de aplicación práctica de esta tecnología. En particular, algunas aplicaciones que se ejecutan en superordenadores podrían ser complementadas con co-procesadores cuánticos y al revés, algoritmos cuánticos pueden mejorarse con la ayuda de la computación tradicional», detalla el experto. En este sentido, el BSC colabora en un macroproyecto europeo (EuroQHPC-Integration) cuyo propósito es conseguir esta integración cuántica-supercomputador (HPC) y el desarrollo de sus aplicaciones. David Sanz, de KPMG, incide en que el bloque tiene que progresar en varias áreas para no perder el tren. «Los análisis disponibles señalan que la UE invierte menos en I+D que otras grandes economías, lo que limita su capacidad para competir en sectores tecnológicos avanzados . Incrementar y orientar mejor esta inversión ayudaría a impulsar la productividad y el desarrollo de nuevas soluciones», defiende. Habla igualmente de una simplificación y armonización del mercado regulatorio para favorecer la aparición y crecimiento de proyectos. No hay atajos: el liderazgo en la tecnología está firmemente asociado al nivel de inversión. «Fortalecer los mecanismos de financiación y fomentar un mayor dinamismo en los mercados de capitales contribuiría a que más proyectos tecnológicos pudieran consolidarse», expone. ¿Y si no lo hacemos? Para Irene López de Vallejo, pasará lo de siempre, pero amplificado: «Dependencia tecnológica en sectores estratégicos, pérdida de valor industrial –nos quedamos con la ciencia, otros con la plataforma– y un problema de autonomía que deja de ser abstracto». Subraya que en comunicaciones seguras, sensores avanzados o criptografía poscuántica, depender de terceros no es una molestia, sino una vulnerabilidad. En la cuántica se juega Europa su autonomía estratégica. No hay plan B posible. La situación de España en el universo cuántico está marcada por luces y sombras, por esfuerzos para ser un referente europeo y viejos lastres. Un informe del Real Instituto Elcano y Tecnalia identifica como fortalezas los proyectos singulares en marcha, las startups que están adquiriendo relevancia internacional (LuxQuanta, Qilimanjaro o Quside, entre otras) y la existencia de un amplio consenso en el sistema nacional acerca de la necesidad de potenciar la cuántica como instrumento clave para la competitividad, autonomía y soberanía futura en tecnologías críticas. Nuestro país ha protagonizado hitos recientes como la presentación, en el Barcelona Supercomputing Center (BSC), del primer ordenador cuántico del país desarrollado con tecnología 100% europea gracias a la UTE integrada por las españolas Qilimanjaro y GMV. El sistema forma parte de Quantum Spain, iniciativa coordinada por el BSC en la que participan 27 instituciones españolas. «El objetivo es impulsar el ecosistema de computación cuántica en España y facilitar que esta tecnología sea accesible, de forma abierta y competitiva, a nivel nacional», afirma José María Cela, director de departamento de Aplicaciones Computacionales para Ciencia e Ingeniería del BSC-CNS, que apunta que el proyecto va mucho más allá de la máquina. «Lo importante –dice– es lo que se construye alrededor: formación de talento, apoyo al desarrollo de algoritmos, impulso a nuevas líneas de investigación y primeros contactos con la industria. Estamos aprendiendo cómo sacar partido a esta tecnología, y es clave que España pueda hacerlo participando activamente, no desde fuera». Este ecosistema se va a reforzar muy pronto con la llegada de un segundo sistema cuántico, de tipo analógico, adjudicado al BSC por la EuroHPC Joint Undertaking, que también se integrará con el supercomputador MareNostrum 5. Alfonso Rubio-Manzanares, de Ametic, resalta que nuestro país dispone de centros científicos como el CSIC, BSC o ICFO que compiten muy bien en su participación en proyectos europeos. «Además –dice–, cuenta con un talento realmente competitivo, de lo mejor en el mundo, y una base empresarial e industrial, algo básico para consolidar una demanda y, por tanto, un mercado». Otro motivo de esperanza es que «se están creando hubs cuánticos relevantes en Galicia, País Vasco, Madrid y Cataluña». La Comisión de Innovación y emprendimiento de Ametic aloja al 'Grupo de Trabajo sobre Tecnologías Cuánticas', «consolidado como el hub empresarial de referencia en España y uno de los más importantes de Europa». Consta de 50 empresas asociadas tanto de oferta como demanda «con el objetivo de ayudar a crear y consolidar el mercado español de las tecnologías cuánticas». Entre las medidas para mejorar la posición del país se incluyen la Estrategia Española de Tecnologías Cuánticas 2025-2030 , con un presupuesto de 808 millones de euros públicos que se espera que movilicen otros 700, o BasQ, impulsada por el Gobierno Vasco, que a través de su colaboración con IBM ha permitido que el Centro Computacional IBM-Euskadi, en San Sebastián, albergue el primer IBM Quantum System Two operativo en Europa y el tercero en todo el mundo. A pesar de los pasos en la buena dirección, quedan áreas que se pueden fortalecer. «Las prioridades deberían ser la compra pública, la inyección de capital público-privado y no tanto subvenciones (las empresas quieren facturar para crecer) y el aumento de la transferencia tecnológica con políticas reales para que los investigadores puedan crear spin-offs y tengan participaciones en las nuevas empresas», resume Rubio-Manzanares, que cree que nos falta foco y escala. «Menos papers y más resolución de problemas reales», reivindica. Sobre el terreno, desde Qilimanjaro creen que «España tiene potencial para retener y hacer crecer proyectos tecnológicos de alto impacto, siempre que consolide instrumentos de financiación a largo plazo y una apuesta clara por tecnologías estratégicas como la computación cuántica». Elementos en el 'debe' para que nuestro país no acabe condenado a la intrascendencia en este área.