Sísifo era sevillano
Tendemos a glorificar en exceso nuestra ciudad, al mismo tiempo que la enjuiciamos sin piedad. Aquí se perdona todo menos una crítica externa: el sevillano puede vivir mal, y saberlo, pero no tolera que se lo diga nadie de fuera. Aquí romantizamos el castigo como parte de nuestra grandeza. Al menos, así se lo hemos vendido al mundo, como una suerte de mito de Sísifo que nos convierte en el hombre absurdo de Camus: vemos el sinsentido que nos rodea, no lo negamos, pero hemos decidido vivirlo con intensidad. No conozco a un sevillano que soporte los 45 grados de agosto, pero siempre salta uno presumiendo de que es cuando mejor se está en la ciudad, despoblada. Alguno le va... Ver Más