Cuesta de enero: estos son los coches más baratos

Abc.es 
La compra de un vehículo es un desembolso relevante para la economía familiar por lo que no es una decisión que se deba tomar a la ligera, por lo que no está de más emplear el tiempo suficiente que nos permita encontrar el mejor precio posible. En la actualidad, la compra de un coche supone un desembolso importante para una gran parte de la población que reside en España. Existe un rango de precios bastante amplio en el mercado que parte de los 14.000 euros, en el caso de los modelos más accesibles. Si tenemos necesidad de cambiar de coche porque el antiguo vehículo se ha estropeado y es imprescindible contar con uno nuevo, el margen para establecer plazos y buscar oportunidades es menor que si se puede escoger cómo y cuándo comprarlo. En cualquier caso, y en plena cuesta de enero, siempre es posible buscar y tener en cuenta una serie de factores para lograr el mejor precio posible. A la hora de decidir cuál es la mejor forma de adquirir su próximo vehículo, es fundamental realizar un análisis pormenorizado de diversos factores que determinarán la rentabilidad y satisfacción de su inversión. En primer lugar, debe definir con precisión el presupuesto, pues este será el punto de partida para evaluar las opciones disponibles. También se debe tener en cuenta el uso y el número de kilómetros previstos anualmente. De esta variable dependerá no sólo la elección del motor —ya sea diésel, gasolina, híbrido, eléctrico o de gas—, sino también la viabilidad de modalidades como el renting o el leasing. Si se tiene la intención de vender el coche en un futuro, debemos además prestar especial atención al valor de reventa del modelo elegido. Además de la inversión inicial, se deben contemplar los gastos impositivos asociados, como el impuesto de circulación o los costes actualizados de matriculación. Según recuerdan desde el RACE, no debemos de olvidarnos de comprobar si podemos beneficiarnos de algún tipo de deducción fiscal, una ventaja especialmente relevante en el caso de trabajadores autónomos o empresas. Esto podría suponer un ahorro significativo en el balance final. La elección del vehículo debería contemplar las restricciones normativas actuales. El tipo de etiqueta ambiental (C, B, Eco o 0) debe permitir utilizar el vehículo por las zonas por las que se circule habitualmente, teniendo en cuenta si se necesita acceder de manera recurrente a las Zonas de Bajas Emisiones, y los costes derivados de estacionar en zonas «ORA» o aparcamientos públicos. FACUA-Consumidores en Acción recomienda a quienes estén valorando comprar un automóvil que no tomen decisiones de forma impulsiva y recuerda que un mismo modelo puede variar hasta 3.600 euros en función del concesionario. Según sus estudios, tras analizar los precios de siete vehículos de otros tantos fabricantes en noventa concesionarios, se detectaron diferencias a la baja de hasta el 18,7% al comparar los precios del mismo automóvil en distintos puntos de venta. En este sentido, esta organización de consumidores aconseja reflexionar sobre si realmente se necesita jubilar un vehículo para comprar otro nuevo o de segunda mano, no dejarse cegar por la publicidad de descuentos o condiciones de financiación que pueden ser menos ventajosos de lo que parece a primera vista, y comparar precios en el máximo número de concesionarios posible. Existen diferentes formas de comprar un coche : al contado, con financiación, a través de un renting o mediante leasing. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes, por lo que elegir la mejor opción para comprar un coche depende de la situación económica y el uso que se le vaya a dar al vehículo. Los descuentos que ofrecen los concesionarios ligados a la financiación del automóvil rara vez salen a cuenta, según advierte la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Primero, porque los tipos de interés que fijan los concesionarios suelen ser muy superiores a los que ofrecen los bancos para sus préstamos personales, segundo porque suelen vincularse a la contratación de otros productos y servicios, y tercero, porque algunas de sus cláusulas podrían considerarse abusivas. Desde esta organización explican que «un coche con un precio de venta de 30.000 € puede rebajarse a 27.000 € con el descuento ligado a la financiación del concesionario a cinco años. El problema es que, si la TAE de esta financiación es alta, por ejemplo, del 13,80 %, se terminan pagando más de 34.000 €». Hace años, la mayoría de vehículos eran diésel o gasolina. Sin embargo, con la llegada de los motores híbridos esta tendencia está cambiando. El mercado actual dispone de motores moderno con bajas emisiones y distintivo «C» de la DGT que nos permiten acceder a las Zonas de Bajas Emisiones. Nos conviene un coche diésel si realizamos viajes frecuentes por carretera, aunque deberemos considerar la subida del impuesto a este tipo de combustible. El coche de gasolina es recomendable para un uso ocasional y no recorremos muchos kilómetros al año. La hibridación ha llegado con fuerza, desplazando en las listas de ventas a los tradicionales coches de gasolina y, sobre todo, a los diésel. Prácticamente todas las marcas disponen de versiones con hibridación ligera (de 15V) o convencional en sus catálogos. En el caso de los híbridos enchufables, permiten realizar más de 100 km en modo 100% eléctrico, por lo que disponen del distintivo «CERO» de la DGT, ganando atractivo para quienes quieran acceder a las zonas de cero emisiones de las ciudades, sin renunciar a la autonomía y tranquilidad de poder viajar en recorridos de larga distancia sin tener que estar pendientes de la autonomía y la ubicación de los puntos de recarga. En su contra: no son baratos. El coche eléctrico se va abriendo camino lentamente en España. Es recomendable para quienes realicen sobre todo recorridos urbanos, aunque la red de recarga pública ha alcanzado la cifra de 50.000 puntos operativos en 2025. Las matriculaciones de vehículos 100% eléctricos cerraron 2025 situándose en las 124.696 unidades matriculadas, lo que supone un 68,6% más que el año anterior. Este tipo de vehículos poco a poco van teniendo más autonomía, aunque todavía no se pueden comparar con los motores de combustión. Son la modalidad más cara y son realmente prácticos si se dispone de un cargador en el domicilio. Determinar el momento exacto en el que un coche eléctrico comienza a ser rentable depende de factores como el diferencial del coste de la energía, los gastos de mantenimiento reducidos, las subvenciones públicas como el Plan Auto+ y el kilometraje anual. A pesar de que el desembolso inicial por un vehículo eléctrico suele ser superior al de sus equivalentes de combustión, el ahorro operativo inclina la balanza a largo plazo a favor del coche enchufado. Uno de los pilares de esta rentabilidad es la diferencia en el coste por kilómetro. Según los calculos facilitados por Hyundai, tomando como referencia un precio de electricidad de 0,30 €/kWh y un consumo medio de 17,5 kWh/100 km, el coste de recorrer cien kilómetros en un eléctrico se sitúa en torno a los 5,25 euros. En contraste, un vehículo de gasolina moderno con un consumo medio de 7 litros cada 100 km y un precio estimado de combustible de 1,45 €/litro (referencia de mayo de 2025) requiere una inversión de 10,15 euros para la misma distancia. Es decir, el coste por kilómetro en gasolina es prácticamente el doble que en el modelo eléctrico. Esta brecha económica se acentúa aún más al considerar el mantenimiento. Los motores eléctricos, al poseer menos piezas móviles y un diseño más simplificado, sufren menos averías y requieren intervenciones menos costosas que los motores de combustión interna. Para los conductores que realizan un kilometraje significativo —superando los 15.000 o 20.000 kilómetros anuales—, el periodo de amortización puede reducirse a tan solo unos pocos años. Por el contrario, para usuarios esporádicos, este retorno de la inversión podría dilatarse en el tiempo. En este escenario, los vehículos híbridos se presentan como una opción intermedia. Si bien su precio de adquisición es más accesible que el de un eléctrico puro, su mantenimiento es más complejo y su ahorro de combustible , aunque notable frente a la gasolina (especialmente en entornos urbanos), no llega a los niveles de eficiencia del sistema 100% eléctrico. En última instancia, la elección dependerá de los patrones de uso específicos de cada usuario, pero la tendencia es clara: cuanto más se conduce, más rentable resulta la electricidad frente a los combustibles fósiles.

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