Entre el delirio y la verdad: la vibrante 'Jerusalem' de Guijosa y Teatro del Noctámbulo llega a Toledo
'Jerusalem', de Jez Butterworth , es la obra que ha llevado a escena en la sala Thalía de Toledo la compañía extremeña 'Teatro del Noctámbulo' dentro del Ciclo de Teatro Contemporáneo del Teatro de Rojas, y lo ha hecho con una contundencia que confirma por qué este texto se ha convertido en uno de los terremotos escénicos más comentados del teatro británico reciente. Pocas obras han sacudido la escena con la fuerza de 'Jerusalem', ese celebrado, ambicioso y combativo artefacto teatral que desde su estreno londinense en 2009 no ha dejado de generar debate, fascinación y un aura de culto. Ambientada en la ficticia Flintock durante el Día de San Jorge, la pieza se adentra en la vida de Johnny 'Rooster' Byron -Johnny Byron el Gallo-, un gitano indoeuropeo de personalidad arrolladora, antisistema por naturaleza y dionisíaco por vocación . Su magnetismo es tan poderoso como contradictorio: rebelde, poeta salvaje, camorrista, chamán de extrarradio y mito local para una juventud sin rumbo, aunque también borracho, drogadicto y vendedor de drogas. Desde su caravana en el bosque, donde vive desde hace veinte años, el Gallo se convierte en el epicentro magnético de una comunidad que lo venera y quiere divertirse con él, donde algún matón lo apalea y las autoridades intentan expulsarlo con una orden de desahucio que simboliza un choque más profundo: el de la Inglaterra oficial contra la Inglaterra subterránea, la del folclore, la marginalidad y la resistencia. En este paisaje destaca también la figura de Fedra, la joven acosada por su padrastro que encuentra refugio en la caravana del Gallo, recordándonos que hoy hay adolescentes que no están protegidos ni siquiera en sus propios hogares. Como contrapeso, su hijo de seis años aparece para pasar el día festivo con él, aportando un matiz de ternura que no suaviza, pero sí hace más complejo, el retrato. Butterworth cartografía un mapa feroz y, por momentos, sorprendentemente poético -si es que lo feroz puede ser poético- de un país en crisis de identidad. 'Jerusalem' es a la vez comedia negra de ritmo endiablado y elegía por un mundo que desaparece. La obra explora la tensión entre mito y realidad, entre la necesidad de pertenencia y el impulso de romper con todo. En torno al Gallo orbitan jóvenes que buscan afecto, protección, drogas o simplemente un refugio simbólico frente a un futuro que no les ofrece nada; vecinos que lo consideran una amenaza para sus aspiraciones inmobiliarias; y autoridades empeñadas en borrar cualquier rastro de desorden. En esta dicotomía del bien y el mal, nadie queda indemne: Byron vende y permite consumir drogas, mientras la sociedad 'organizada' pretende arrasar el bosque donde él vive para levantar una urbanización. Todos se encuentran en el lado incorrecto. El resultado es un fresco vibrante, lleno de humor, violencia soterrada y destellos de lirismo, que cuestiona nuestros valores como sociedad y nuestra capacidad para mirar con veracidad lo que sucede a nuestro alrededor. 'Jerusalem' se ha convertido ya en obra de culto en el panorama teatral actual porque ofrece un personaje central de una potencia poco habitual y porque combina comedia, crítica social y un aliento mítico sin perder el pulso humano. Interpela tanto al espectador que busca teatro visceral como al que disfruta de las capas simbólicas y las lecturas políticas. Y, sobre todo, deja huella: por su energía, por su ambigüedad moral y por la sensación de que bajo su superficie late algo profundamente verdadero sobre la sociedad contemporánea. La versión española firmada por Isabel Montesinos y llevada a escena por 'Teatro del Noctámbulo' confirma que la obra posee una potencia universal capaz de trascender su contexto británico sin perder un ápice de su ferocidad poética. La traducción de Montesinos, precisa y orgánica, captura el lenguaje visceral, cabreante, descarnado, violento y a veces soez del mundo marginal, y permite que el texto respire con naturalidad en castellano, conservando su mezcla de humor, brutalidad y lirismo y adaptándose bien al lenguaje jergal. Antonio C. Guijosa firma una dirección que convierte el montaje en un acto teatral vibrante, lleno de matices y con una energía que arrastra al espectador desde el primer minuto. Combina rigor y libertad, consciente de que 'Jerusalem' exige un equilibrio delicado entre el caos aparente y la estructura interna del texto. Su puesta en escena evita el naturalismo plano y apuesta por una teatralidad que subraya la dimensión mítica del relato sin renunciar a su crudeza social. El ritmo está medido con inteligencia: los estallidos de humor conviven con silencios tensos, y las escenas multitudinarias fluyen sin perder foco dramático. Por momentos, la presencia del niño o de la 'desaparecida' Fedra introduce una dulzura inquietante que contrasta con la aspereza general. Guijosa realiza una excelente dirección de actores y entiende que el Gallo es un imán, pero también que la obra funciona como un coro, y por ello permite que todas las voces resuenen con el protagonismo ganado de cada individualidad. Y termina por construir una dramaturgia que se sostiene en un realismo crudo perceptible en todos los detalles: el habla, el vestuario, la gestualidad, la escenografía… Desde el arranque en forma de 'rave' hasta la construcción del espacio sonoro, la propuesta de Guijosa recuerda por momentos a la película 'Sirat'. El corazón del espectáculo es José Vicente Moirón , cuya interpretación de Johnny 'el Gallo' Byron alcanza una dimensión casi mítica. No reproduce un arquetipo: lo encarna desde dentro, con una fisicidad arrolladora y una vulnerabilidad que emerge en los momentos más inesperados. Su Gallo es un gallo de pelea, un chamán contemporáneo, un bufón trágico, un superviviente que se aferra a su territorio como si en ello le fuera la vida. El movimiento, con la cojera incluida, el gesto, la modulación y proyección de la voz, el dramatismo o la ternura, los múltiples registros hacen de la interpretación de Moirón una verdadera obra del arte escénico. La capacidad del actor para transitar del estallido cómico a la desolación más íntima sin perder coherencia emocional es uno de los grandes logros del montaje. No sorprende que su trabajo haya sido reconocido con premios y elogios unánimes: es una de esas interpretaciones que marcan una carrera. El resto del elenco no queda a la sombra. La compañía construye un microcosmos humano creíble, lleno de tensiones, lealtades frágiles y deseos contradictorios. Carmen Mayordomo borda los tres personajes que interpreta (Ginger/Dawn/Fawcett), diferenciándolos con una expresividad vocal y corporal admirable. Gabriel Moreno dota al profesor de un realismo mágico entre la comicidad y la ternura, con momentos de pura genialidad como su borrachera. Alberto Barahona (Troy/Parsons), José F. Ramos (Lee), Alberto Lucero (Davey), Lucía Fuengallego (Fedra/Tanya) y el joven David Espejo (Marky) están igualmente magníficos, contribuyendo a que Flintock cobre vida como un espacio real habitado por seres complejos. La escenografía de Mónica Tejeiro , concebida como un fragmento de bosque invadido por restos de vida marginal -la mugrienta caravana, los objetos dispersos, la sensación de territorio ocupado-, crea un espacio realista y simbólico a la vez. No es solo el hogar del Gallo: es su reino, su refugio y su condena. El vestuario de Rafael Garrigós refuerza esta lectura, diferenciando claramente a los habitantes del bosque de los representantes del orden institucional, e incluso del personaje evanescente del hada Fedra. La iluminación Carlos Cremades oscila entre lo real y lo mítico, construyendo una atmósfera que sostiene la dualidad esencial de la obra. No es una obra fácil para el espectador; toca la fibra y empuja a la reflexión, especialmente por la vigencia de los temas que plantea: la precariedad generacional , la erosión de la vida comunitaria, la tensión entre libertad individual y control institucional. La función en la sala Thalía de Toledo consiguió que el público, pese a las casi dos horas y media de duración de la obra, aplaudiera en pie un trabajo tan excelente. Título: Jerusalem . Autor: Jez Butterworth . Traducción y versión: Isabel Montesinos . Dirección: Antonio C. Guijosa . Intérpretes: José Vicente Moirón, Carmen Mayordomo, Gabriel Moreno, Alberto Barahona, José F. Ramos, Lucía Fuengallego, Alberto Lucero y David Espejo . Escenografía: Mónica Tejeiro. Vestuario: Rafael Garrigós . Iluminación: Carlos Cremades . Espacio sonoro: Álvaro Rodríguez Barroso . Coproducción: Teatro del Noctámbulo, Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura y Teatro López Ayala de Badajoz . Escenario: Sala Thalía de Toledo.