Los jóvenes arquitectos reinventan el 'olvidado' Quixote CREA de Toledo
Durante años ha sido un volumen inacabado, una estructura desnuda que se recortaba contra el cielo de Toledo como un recordatorio de la crisis económica y de las promesas incumplidas. El Quixote CREA, levantado en 2010 con la ambición de convertirse en Centro Regional de Expresión Artística, quedó paralizado dos años después, atrapado entre el cambio político y el colapso económico. Desde entonces, el esqueleto de hormigón ha permanecido en el barrio de San Antón, en la avenida de General Villalba, como una presencia muda, ajena al pulso cotidiano de la ciudad. Ahora, sin embargo, ha vuelto al centro del debate en la ciudad. No porque hayan, por fin, entrado las máquinas ni por un calendario oficial de obras, sino por la mirada de quienes todavía no han terminado la carrera de Arquitectura. Mientras el edificio sigue esperando una decisión definitiva —y la Empresa Gestión de Infraestructuras de Castilla-La Mancha (Gicaman) continúa estudiando la viabilidad económica de su transformación en futura sede de las Cortes regionales tal y como anunció en 2023 el presidente Emiliano García-Page—, los alumnos de la Escuela de Arquitectura de Castilla-La Mancha ya han imaginado su porvenir. Lo han hecho sin escombros ni olvidos. Dos propuestas firmadas por cuatro estudiantes han sido reconocidas en los Premios 'Toledo Por.Venir', el primer concurso de ideas convocado por el Ayuntamiento de Toledo en colaboración con la Universidad de Castilla-La Mancha para el diagnóstico y la regeneración urbana de distintos puntos estratégicos de la ciudad. En total, 51 proyectos han reflexionado sobre el futuro de espacios como el convento de Santa Clara, el antiguo hospital Virgen de la Salud, las casitas militares de Santa Bárbara y el propio Quixote CREA. Todos ellos pueden visitarse estos días en el Centro Cultural San Marcos, en una exposición comisariada por las propias alumnas de la Escuela. Pero el Quixote CREA, ese símbolo de lo que pudo ser y no fue, ha sido objeto de dos reconocimientos en este certamen. Luis Conrado García Zúñiga, de Ciudad Real, y Mario Sendín, de Torrijos, han recibido el segundo premio por una propuesta que parte de una premisa sugerente: el edificio no es una ruina, sino una «arquitectura suspendida». Es decir, un proyecto detenido en el tiempo, pero con potencial intacto para convertirse en soporte de una nueva vida urbana. Ambos están ya inmersos en la preparación de su Trabajo Fin de Grado. Este reconocimiento, aseguran, supone un impulso en un momento decisivo, cuando la ilusión profesional comienza a medirse con la realidad del mercado laboral. Pero su proyecto no se limita a un ejercicio académico; es una declaración de intenciones sobre cómo intervenir en lo existente sin borrar su memoria. La propuesta apuesta por un cambio de imagen radical que no niega la estructura original, sino que la envuelve y la activa. Una trama-soporte de telas se extiende por el ámbito con un orden isótropo, generando una nueva piel ligera que redefine el edificio y su relación con el entorno. El jurado ha valorado especialmente esa unidad formal y espacial, así como la integración con un desarrollo de vivienda colectiva que densifica el lugar sin colmatarlo, favoreciendo la relación entre el espacio doméstico y un jardín urbano. El proyecto actúa en dos direcciones claras. Hacia arriba, crea recorridos elevados que culminan en un mirador situado a 48 metros de altura. Desde allí, Toledo se contempla desde una perspectiva inédita, abriendo una nueva experiencia visual de la ciudad histórica y del Tajo. Hacia abajo, integra espacios comunes enterrados conectados con patios y vegetación, generando ámbitos de encuentro que diluyen la frontera entre lo público y lo privado. El eje protagonista es una pasarela perimetral roja. No es solo un elemento de circulación, sino el gesto arquitectónico que envuelve el edificio y lo convierte en una experiencia de recorrido. Caminar se transforma en acto central del proyecto: recorrer, mirar, encontrarse. Desde esa pasarela nace una estructura metálica modular que se expande por la parcela y se prolonga incluso hacia una parcela vecina, salvando la fractura del tráfico rodado. La conexión se plantea como un «puente habitado» en el que conviven diferentes ritmos: los vehículos en un plano inferior; los peatones, a la altura de las copas de los árboles, en un nivel superior más amable y seguro. La vivienda se incorpora mediante un sistema repetitivo de módulos de 8x8 metros, capaz de alojar aproximadamente a 380 habitantes. El conjunto combina residencias y espacios compartidos en una arquitectura flexible, ligera y de rápido crecimiento constructivo. Las viviendas se prolongan hacia las pasarelas y zonas comunes, reforzando la idea de que lo doméstico no termina en la puerta de casa, sino que se proyecta hacia la colectividad. En conjunto, la propuesta transforma el vacío urbano en paisaje habitable. Donde antes había un esqueleto aislado, ahora surge un sistema de relaciones entre arquitectura, vegetación y movilidad. El CREA deja de ser un objeto abandonado para convertirse en infraestructura de vida. El tercer premio ex aequo ha sido para el proyecto «El Foro y la Medina: Permanencia/Transparencia», desarrollado por el francés Virgile Arkan, natural de París y residente en Toledo desde hace seis años, y el madrileño Juan Ariño. También ellos se encuentran en la etapa del Trabajo Fin de Grado, aunque Virgile compagina ya su trayectoria académica con el trabajo en un estudio de Madrid. Ha recibido varios reconocimientos durante su etapa como estudiante, pero este galardón —confiesa— tiene un significado especial por su vínculo con la ciudad que lo ha acogido. Su propuesta parte de un diagnóstico claro: el entorno del CREA acusa la falta de espacios públicos de calidad, una topografía compleja y la presencia de una infraestructura paralizada desde 2011. Frente a esa situación, plantean una intervención doble que conecta monumentalidad y cotidianidad. Por un lado, redefinen el CREA como un «foro contemporáneo». El edificio se concibe como una infraestructura cívica de geometría rotunda y monumentalidad sobria. La intervención sobre el volumen original le confiere una nueva expresión mediante una envolvente cerámica de ritmo marcado y carácter contundente, que dota al conjunto de identidad reconocible. En su interior, un gran vacío central funciona como plaza cubierta, un espacio flexible capaz de acoger usos cambiantes: actividades culturales, encuentros ciudadanos, debates, exposiciones. El jurado ha destacado precisamente el valor de esta intervención sobre el volumen del CREA, capaz de otorgarle una expresión renovada sin renunciar a su escala pública. Por otro lado, en la parcela triangular situada al sur, el proyecto plantea una comunidad residencial para estudiantes inspirada en la lógica urbana de la medina árabe. Calles estrechas, plazas domésticas y espacios intermedios articulan un tejido que favorece la vida colectiva. La retícula modular de cinco metros organiza cuatro tipologías de vivienda pensadas para jóvenes, en un modelo flexible y adaptable. La propuesta no solo aborda la necesidad de alojamiento vinculada a la cercanía del campus universitario; también busca activar el barrio, generar tránsito peatonal y devolver centralidad a un espacio hoy periférico en el imaginario urbano. Lo monumental del foro dialoga con lo íntimo de la medina, tejiendo una continuidad entre edificio e infraestructura urbana. En su conjunto, el proyecto se presenta como una herramienta de reconciliación: entre pasado y futuro, entre ambición institucional y escala humana, entre abandono y oportunidad. El Quixote CREA comenzó a levantarse en 2010, durante la presidencia de José María Barreda, con un presupuesto de 35 millones de euros y la previsión de inaugurarse en 2012. La crisis económica y el cambio de gobierno —con María Dolores de Cospedal al frente de la Junta— paralizaron las obras. Desde entonces, se habló de posibles usos universitarios, culturales o administrativos, pero ninguno ha llegado a materializarse. En 2023, Emiliano García-Page anunció que el edificio será la futura sede del Parlamento de Castilla-La Mancha en la próxima legislatura, rompiendo con años de especulación. Sin embargo, el proceso sigue pendiente de estudios técnicos y valoraciones económicas. Entre tanto, la arquitectura —desde las aulas— ha demostrado que el edificio admite múltiples lecturas. Que puede ser parlamento, sí, pero también vivienda, foro, mirador, jardín elevado, puente habitado o medina contemporánea. Los 51 proyectos presentados a los Premios Toledo Por.Venir evidencian una generación que entiende la regeneración urbana no como simple operación estética, sino como estrategia social. Los trabajos se pueden contemplar estos días en el Centro Cultural San Marcos de Toledo.