Juan Pedro Sánchez Gamero, deán: «La Catedral no es ajena al tiempo que le toca vivir, es un ente vivo»
Sobre su mesa, la carta autógrafa que el papa León XIV ha dirigido a la Iglesia toledana con motivo del VIII Centenario de la Catedral, y también la bula del Santo Padre por la que concede el primer Año Jubilar en la historia de la Seo Metropolitana. Juan Pedro Sánchez Gamero (San Pablo de los Montes, 1952) habla con la serenidad de quien custodia una herencia milenaria y, al mismo tiempo, con la responsabilidad de proyectarla hacia el futuro. Patrimonio, espiritualidad, acción social y apertura a nuevos lenguajes se entrelazan en una conmemoración que sitúa a la Catedral en el centro de la vida religiosa y cultural de Toledo. —Hablar de la Catedral de Toledo hoy es hacerlo del VIII Centenario. ¿Qué legado le gustaría que dejara esta conmemoración? —Cuando acabe el centenario, yo creo que quedará un conocimiento mucho mayor de la Catedral, de su función, de la vida que ha tenido y de la vida que tiene, y esperamos que siga teniendo. También una renovación por parte de todos, incluso de los propios toledanos, sobre todo por lo que va a suponer el Jubileo. Aquí tenemos ya la bula de concesión de la Santa Sede para celebrar el primer Jubileo en la historia de la Catedral. Eso es algo muy importante. Queremos que sirva como una renovación interior para vivir más auténticamente lo que es la razón de ser de la Catedral. La Catedral es mariana al cien por cien. Toda la vida devocional gira en torno a la Virgen. También es profundamente eucarística. Toda la Catedral es un canto a la Eucaristía, no solo en la procesión del Corpus, sino en su propia estructura, en su iconografía y en su historia. Y ese poso es el que permanece y permanecerá. —Ese legado no es solo espiritual o cultural, también será social. —Así es. La Catedral siempre ha tenido connotaciones sociales y caritativas. A lo largo de los siglos ha estado implicada en la educación, en la atención a los más vulnerables, en el cuidado de quienes no tenían nada. Eso es esencial. Por eso el Cabildo ha considerado oportuno fortalecer el proyecto de Hogar 2000, que nació hace 25 años y que está carente de muchos medios. La Catedral se compromete a ayudar y a fortalecer ese gesto caritativo para que perdure como un acto social y de caridad ligado al VIII Centenario. —La gran apuesta cultural será la exposición 'Primada'. ¿Qué puede adelantarnos? —Es una exposición única por su grandiosidad y por el recorrido que plantea desde los inicios de la Catedral, pasando por las distintas épocas y explicando el significado que cada una ha tenido. Estará dividida en etapas. Se expondrán cerca de 350 piezas de una calidad impresionante. Más de 100 piezas se están restaurando al mismo tiempo, entre orfebrería, escultura y pintura. Es una cantidad de restauraciones nunca acometida de forma conjunta. La exposición ocupará el trascoro, el claustro bajo y el claustro alto, y permitirá recorrer espacios que hasta ahora no eran visitables. La entrada será por la puerta del Niño Perdido, por Arco de Palacio, y no a interferir en la visita cultural habitual a la Catedral. —El VIII Centenario también va a posicionar a Toledo en un referente europeo en conservación del patrimonio. —Sí. Los conservadores de catedrales góticas europeas se reúnen cada año, y llevábamos tiempo diciendo que vinieran a Toledo con motivo del Centenario. Para nosotros es muy importante que vean cómo trabajamos aquí y que se produzca ese intercambio de experiencias. —Y también acogerán el encuentro de los cabildos de las catedrales de España. —Vendrán prácticamente todas las catedrales. Será del 7 al 10 de abril. Se hablará de planes generales de catedrales, de restauración, conservación y de nuevas tecnologías. Vamos a presentar el gemelo digital de la Catedral, un escaneo completo con miles de millones de puntos. Somos una de las primeras grandes catedrales de Europa en contar con un modelo digital tan completo, que permite conocer cualquier rincón con exactitud. Además, vamos a celebrar misa en rito hispanomozárabe en la Iglesia de Santa Eulalia y habrá una batalla de órganos a la que está invitado el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Piero Pioppo. —Otro gran hito será el Año Jubilar. —El Año Jubilar será de octubre de 2026 a octubre de 2027. Queremos que participen todos los pueblos de la diócesis. Se abrirá la Puerta del Perdón, o de Reyes, el 25 de octubre, día de la consagración y dedicación de la Catedral, y queremos que sea un año fundamentalmente espiritual, con una participación muy activa de la gente. Para nosotros fue una alegría recibir la bula del Año Jubilar firmada por el Santo Padre. Es un motivo de gozo y de satisfacción, porque es el primer Jubileo en la historia de la Catedral y eso tiene un valor enorme: espiritual e histórico. —¿Esperan la visita del papa León XIV? —Es difícil que el Papa venga. Hay muchas peticiones en su agenda del viaje a España y se ha limitado a tres destinos, de los que se suele hablar, como Madrid, Barcelona y Canarias, y en el caso de Canarias por circunstancias especiales, porque el papa Francisco ya tenía previsto ese viaje. Además, las fechas tampoco ayudan. Si se habla de que pudiera venir en junio, estaríamos justo al día siguiente del domingo de Corpus, y eso hace prácticamente imposible que pudiera desplazarse a Toledo. —¿Y de la Casa Real? —Con la Casa Real sí hay compromiso. Para la exposición están comprometidos los Reyes. Han dicho que vienen a la inauguración, y si no pudiera ser exactamente ese día por cuestión de agenda, vendrían pocos días después. —En el pregón del VIII Centenario llamó la atención la presencia de influencers y creadores de contenido católicos. Fue como una bocanada de aire fresco y de apertura. ¿Es un síntoma de que la Catedral avanza con la sociedad y con los tiempos? —La Catedral es un ente vivo. La Iglesia y la Catedral no se han ido adaptando como si cambiaran de identidad, sino que van tomando el tiempo en el que viven. Por eso, cuando me habla del pregón, no queríamos que fuese al uso, sino algo dinámico y novedoso. Queríamos que la gente fuera partícipe, que no fuera algo que le viene impuesto, sino que se sintiera parte de ello. Eso es lo que hace que la Catedral esté viva, no que se modernice, sino que abre sus puertas a que la gente de su tiempo pueda participar.