Quién es Ana Alonso, medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Invierno: de dónde es, la lesión grave con la que ha competido y sus trabajos
Bendito 'skimo'. El esquí de montaña, el nombre completo de esta disciplina, está debutando como deporte olímpico en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina d'Ampezzo 2026, con pruebas de sprint masculino, sprint femenino y relevo mixto. Una prueba y una jornada, la de este jueves 19 de febrero de 2026, que se recordará en el deporte olímpico español como aquella en la que España logró por primera vez en su historia dos medallas en un mismo día en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Primero, Ana Alonso, bronce en el sprint femenino al beneficiarse del error de la francesa Ravinel en la última transición para completar el descenso en tercera posición. Poco después, Oriol Cardona, con una superioridad casi aplastante, se colgó la medalla de oro, la segunda de la historia de España en este evento, rompiendo una sequía que se prolongaba desde Sapporo 1972 (Paquito Fernández Ochoa). La presea de Cardona era una de las principales bazas de la delegación española en Milán-Cortina d'Ampezzo. El éxito de Ana Alonso ha causado mayor sorpresa, tanto por el potencial de sus competidoras como, sobre todo, por el estado físico de la granadina. Ana Alonso nació en Granada en diciembre de 1994 (31 años), aunque se crió en Monachil, un municipio que se ubica a los pies de Sierra Nevada, un terreno propicio para rutas de senderismo. La granadina se estrenaba en este año 2026 en una cita olímpica, aunque un grave accidente a las puertas de los Juegos Olímpicos comprometió su presencia en Milán-Cortina d'Ampezzo. O habría sucedido así en buena lógica, puesto que fue atropellada por un coche en octubre mientras entrenaba en Granada. Sufrió múltiples y graves lesiones, como roturas de los ligamentos anterior y cruzado de la rodilla izquierda, edema óseo, fisura del maléolo y luxación acromioclavicular. Problemas en diferentes partes del cuerpo, todas concentradas en el lado izquierdo del mismo. A muy pocos meses de la cita por excelencia para cualquier deportista, Alonso renunció a operarse para poder competir en Milán-Cortina d'Ampezzo. Un sacrificio que, sin duda, ha tenido recompensa en una disciplina en la que es casi más complicado acceder a la final que conseguir una medalla. De hecho, Ana Alonso tuvo que aguardar unos minutos para confirmar su presencia en la final, al quedar tercera en su semifinal y tan solo pasar las dos primeras de cada semi, junto con los dos mejores tiempos. Atendiendo al crono, Ana Alonso pasó a la final con el tercer mejor registro, aunque en la otra semifinal, más lenta, quedó primera una de las principales candidatas al oro, la francesa Margot Ravinel. Fue, precisamente, el error de Ravinel el que propició que Ana Alonso, que calcó prácticamente su tiempo de la semifinal, se colgase la medalla de bronce. La pasión por la nieve le viene de familia a Ana Alonso. Su padre, Gerardo, falleció en el año 2010 mientras ejercía como guía de montaña a un grupo de senderistas. Una piedra le alcanzó y acabó con su vida. «Días antes había llovido mucho y el terreno estaba suelto», contó Ana Alonso en una entrevista en El País. «Fueron los amigos de mi padre, los que habían aprendido con él, los que finalmente me introdujeron en el mundo del esquí de montaña. Se cerraba así un círculo», aseguró. Sus inicios en el 'skimo' no fueron sencillos, con una fractura de tibia y peroné en 2017 al participar en una prueba de la modalidad. El verano de 2018 lo pasó en Mallorca, trabajando como camarera, aunque disfrutaba más en la nieve, de ahí que se sacara el título de guía de media montaña cuando finalizaba el Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Ana Alonso se fue generando sus ingresos con las clases de esquí alpino y su papel de guía de montaña hasta la aparición de ayudas del CSD y del COE, que le permiten dedicarse de una manera más exclusiva al deporte y, sobre todo, descansar. «Dependiendo del momento de la temporada, entreno entre 16 y 25 horas semanales. Por la mañana hago la primera sesión de esquí tras el desayuno, normalmente un par de horas, después como, descanso y a la tarde o voy al gimnasio o vuelvo a entrenar con las tablas. Sigo entrenando las transiciones: es una parte del entreno crucial que te puede permitir ganar una medalla», confesaba en El País. Y así lo fue el jueves 19 de febrero de 2026, el día en que Ana Alonso se colgó su primera medalla olímpica.