Atentos a los próximos calcetines del doctor
Comenzó el sanchismo copiando la foto de John Fitzgerald Kennedy en el avión oficial y ya vamos por Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá. Al menos eso es lo que observa este curioso batallón al comprobar el ejercicio de imitación emprendido por el presidente del Gobierno. La última copia de Pedro Sánchez ha sido la idea de Trudeau de celebrar el Día Internacional de la Niña con una imagen de su hija sentada en un sillón presidencial con el mensaje: «Hoy se trata de nuestras hijas, nietas, hermanas y sobrinas. Se trata de asegurarse de que crezcan en un mundo donde se escuchen sus voces y tengan el apoyo que necesitan para perseguir sus sueños». Sencillo y original. Cinco días después, Sánchez plagiaba la idea pero ya con despliegue videográfico al enseñar La Moncloa y su despacho a una niña. Y cargando su mensaje del tradicional forraje ideológico con el que la progresía trata de cebar su discurso, partidista naturalmente, pues a diferencia de Trudeau aprovecha los medios oficiales para hacer propaganda de su Gobierno: «Es el momento del cambio. ¡Es vuestro momento! Este Gobierno trabaja por una igualdad auténtica. Os escucha, os valora, os necesita. Queremos que nuestras niñas puedan optar a puestos de dirección y poder. Hoy Irene [la niña utilizada en el anuncio] simboliza este cambio, ¡Bienvenida, presidenta!». Una pena que ese 16 de octubre ya no se celebrara el Día Internacional de la Niña sino el Día Mundial de la Alimentación, pero plagiar lleva su tiempo y, además, en la cultura sanchista el comer y el copiar, todo es empezar.
En realidad, Trudeau es una inagotable fuente de inspiración para el doctor Sánchez, que intenta clavar su agenda política, aunque luego se líe en el discurso y termine por desfigurar esas ideas e iniciativas, pues a diferencia del premier canadiense en el socialista español casi todo suena a impostado, tan exagerado que al final termina recordando a una imitación, como esos «bolsos de marca» que venden los manteros.
Puede, por tanto, que Sánchez no tarde mucho en volver a copiar al dirigente canadiense y legalice la marihuana, como ha hecho Trudeau. Seguramente veremos al PSOE apoyando la iniciativa de Pablo Iglesias, que ya viene oficiando de «primer ministro» de facto del sanchismo, para modificar la ley sobre estupefacientes que tipifica aquí como ilegal la venta y el cultivo de la marihuana y restringe el consumo y posesión a espacios privados. Como siga la racha, el estadista de Tetuán en nada le pone un caballo a la Guardia Civil y nos trae a la Policía Montada de Canadá, pero con tricornio.
Es una lástima que en este festival de copias, el doctor no imite a Trudeau en una cosa fundamental en cualquier democracia que se tenga por tal: llegar al poder tras haber ganado unas elecciones y teniendo mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes, con 180 de los 338 escaños de ese parlamento, aventajando en 81 al Partido Conservador. Eso no lo copia Sánchez, que gobierna con 84 de 350, 53 menos que el PP.
Así que, por el momento, nos tendremos que conformar con que el próximo plagio sea el de los llamativos calcetines que lleva Trudeau. Atentos.
En realidad, Trudeau es una inagotable fuente de inspiración para el doctor Sánchez, que intenta clavar su agenda política, aunque luego se líe en el discurso y termine por desfigurar esas ideas e iniciativas, pues a diferencia del premier canadiense en el socialista español casi todo suena a impostado, tan exagerado que al final termina recordando a una imitación, como esos «bolsos de marca» que venden los manteros.
Puede, por tanto, que Sánchez no tarde mucho en volver a copiar al dirigente canadiense y legalice la marihuana, como ha hecho Trudeau. Seguramente veremos al PSOE apoyando la iniciativa de Pablo Iglesias, que ya viene oficiando de «primer ministro» de facto del sanchismo, para modificar la ley sobre estupefacientes que tipifica aquí como ilegal la venta y el cultivo de la marihuana y restringe el consumo y posesión a espacios privados. Como siga la racha, el estadista de Tetuán en nada le pone un caballo a la Guardia Civil y nos trae a la Policía Montada de Canadá, pero con tricornio.
Es una lástima que en este festival de copias, el doctor no imite a Trudeau en una cosa fundamental en cualquier democracia que se tenga por tal: llegar al poder tras haber ganado unas elecciones y teniendo mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes, con 180 de los 338 escaños de ese parlamento, aventajando en 81 al Partido Conservador. Eso no lo copia Sánchez, que gobierna con 84 de 350, 53 menos que el PP.
Así que, por el momento, nos tendremos que conformar con que el próximo plagio sea el de los llamativos calcetines que lleva Trudeau. Atentos.