Nada
Llevamos ya algunas semanas elucubrando con la reunión entre Pedro Sánchez y Joaquim Torra. Que si habrá o no reunión, que si se reunirán dos, o tres, o los gobiernos. Que si se hablará o no de la autodeterminación. Una pérdida de tiempo. Reunirse con el presidente de la Generalitat, ¿para qué? Nadie puede esperar nada de dicha reunión. Y ello, porque el independentismo catalán no entiende que el diálogo se tiene en el marco y los límites de la legalidad y no hay condiciones sine qua non a excepción de lo establecido por el Estado de derecho.
El independentismo catalán se vale del diálogo para obtener una foto bilateral Estado versus Generalitat, para lucir una generosidad y una apertura de miras que no tiene, para hacer propuestas inasumibles que al ser rechazadas utiliza para victimizarse y desacreditar al interlocutor, para disimular la parálisis de un Govern que ni gobierna ni rinde cuentas en el parlamento, para ganar tiempo y mostrar firmeza ante los suyos con la vista puesta en las elecciones que están por venir. Cosa que no impide que los segundos niveles del Gobierno y el Govern negocien asuntos como, por ejemplo, la financiación de Cataluña, las competencias o la retirada de determinados recursos de inconstitucionalidad presentados por el anterior ejecutivo del Partido Popular.
Más allá de todo ello, está un gobierno independentista -dividido y fracturado- con serias dificultades para aprobar los Presupuestos y cualquier ley que pueda -vale decir que no es el caso- presentar. ¿Alguien sabe cuál es el programa de acción de dicho gobierno? ¿Alguien sabe cuáles son los planes de futuro para Cataluña que tiene in mente Joaquim Torra y los suyos? Antes, el independentismo practicaba el género de parole, parole, parole. Pero, ahora, ni siquiera eso. En el Palau de la Generalitat no hay nada ni nadie. Aunque -eso sí-, se hagan notar, como no podía ser de de otra manera, dando la nota una y otra vez. Ese afán de destacar para hacer el ridículo sin solución de continuidad.
El independentismo catalán se vale del diálogo para obtener una foto bilateral Estado versus Generalitat, para lucir una generosidad y una apertura de miras que no tiene, para hacer propuestas inasumibles que al ser rechazadas utiliza para victimizarse y desacreditar al interlocutor, para disimular la parálisis de un Govern que ni gobierna ni rinde cuentas en el parlamento, para ganar tiempo y mostrar firmeza ante los suyos con la vista puesta en las elecciones que están por venir. Cosa que no impide que los segundos niveles del Gobierno y el Govern negocien asuntos como, por ejemplo, la financiación de Cataluña, las competencias o la retirada de determinados recursos de inconstitucionalidad presentados por el anterior ejecutivo del Partido Popular.
Más allá de todo ello, está un gobierno independentista -dividido y fracturado- con serias dificultades para aprobar los Presupuestos y cualquier ley que pueda -vale decir que no es el caso- presentar. ¿Alguien sabe cuál es el programa de acción de dicho gobierno? ¿Alguien sabe cuáles son los planes de futuro para Cataluña que tiene in mente Joaquim Torra y los suyos? Antes, el independentismo practicaba el género de parole, parole, parole. Pero, ahora, ni siquiera eso. En el Palau de la Generalitat no hay nada ni nadie. Aunque -eso sí-, se hagan notar, como no podía ser de de otra manera, dando la nota una y otra vez. Ese afán de destacar para hacer el ridículo sin solución de continuidad.