Pasan las hojas del calendario y pasa la vida. Ocho años han transcurrido ya desde la muerte de Antonio Chenel «Antoñete», el toreo del mechón blanco, espejo del clasicismo total.
Pasa el tiempo, pero su naturalidad permanece en la memoria. Son muchas las tardes venteñas en las que se recuerda a Chenel, siempre fiel a los cauces clásicos y eternos, al cite de antaño y la torería, el torero que puso a sus faenas «sinfonías de Beethoven y Mozart», como ensalzaba el inolvidable José Luis Suárez-Guanes,
chenelista de pro. Читать дальше...